20161104

Winston Churchill: "El río de la guerra"

Sir Winston Churchill; "El río de la guerra", primera edición, Vol II, páginas 248-250, London

¡Qué terribles son las maldiciones que el Mahometismo establece en sus devotos! Además del frenesí fanático, que es tan peligroso en un hombre como la hidrofobia en un perro, hay esa apatía fatalista que es temerosa. Los efectos son evidentes en muchos países, los hábitos imprevistos, desaliñados, sin sistemas para la agricultura, métodos lentos de comercio y la inseguridad de la propiedad existe dondequiera que los seguidores del Profeta se instalen o vivan. Un degradado sensualismo priva a sus vidas de la gracia y el refinamiento, los aleja de su dignidad y santidad. El hecho que en la ley mahometana cada mujer debe pertenecer a un hombre como de su absoluta propiedad, ya sea como un niño, una esposa o una concubina, retrasa la extinción definitiva de la esclavitud y hasta la fe del Islam ha dejado de ser una gran potencia entre los hombres. Los musulmanes individuales pueden mostrar cualidades espléndidas, pero la influencia de la religión paraliza el desarrollo social de aquéllos que lo siguen.

No existe ninguna fuerza retrógrada más fuerte en el mundo. Lejos de ser moribundo, el Mahometismo es un militante y proselitismo de su fe. Ya se ha extendido a lo largo de África Central, crian a guerreros sin miedo a cada paso y si fuera que el cristianismo no está protegido en los fuertes brazos de la ciencia, la ciencia contra la cual han luchado en vano, la civilización de la Europa moderna podría caer, como cayó la civilización de la antigua Roma.

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