20161216

Epitafios

“Cuando naciste reían todos y sólo tú gemías, procura que al morir sean todos los que lloren y sólo tú el que rías”. Epitafio de una tumba en el cementerio de la Almudena de Madrid.

“Aquí descansa Pancrazio Juvenales (1969 - 1993). Buen esposo, buen padre, mal electricista casero”.

“Gustava Gumersinda Gutiérrez Guzmán (1934 – 1989). Recuerdo de todos tus hijos (menos Ricardo que no dio nada)”.

“Aquí descansa mi querida esposa Brujilda Jalamonte (1973 – 1997). Señor recíbela con la misma alegría con que yo te la mando”.

“Aquí yace mi mujer, fría como siempre”.

“Hoy se me acabó el mañana”.

“Para no decir como siempre "Aquí yace", está de pie y duerme en paz” (según la historia, este difunto pidió que su ataúd se enterrara horizontal).

“Perdí una apuesta con la muerte y yo siempre pago”.

“Aquí yace un estudiante de pluma, letra y labio, que vivió para ser sabio y al final murió ignorante”. Epitafio en una tumba del cementerio de Granada, España.

“Aquí yace uno en contra de su voluntad”.

“Familia de Francisco Pujol y Mercé. Aquí descansa el cadáver de su madre María Pujol y Mercé, viuda, natural de Olot; falleció el 3 de abril de 1830, de edad 82 años, 7 meses y 19 días. Habiendo dejado de su único matrimonio: VIVOS: 5 hijos; 42 nietos y 46 biznietos. Total: 93. MUERTOS: 8 hijos; 32 nietos; 43 biznietos. Total: 83. TOTAL: 176”.

“Aquí yace Ezekial Aikle, muerto a la edad de 102 años. Los buenos mueren jóvenes”. Epitafio en una tumba del cementerio de East Dalhousie, Nueva Escocia.

“Estoy muerto. Enseguida vuelvo”. Epitafio en el cementerio de León, España.

“Mami, llegaremos muy tarde. Espéranos despierta”. Epitafio escrito por los hijos a su madre fallecida en el cementerio de Alcobendas, Madrid.

“Mi esposo me olvidó al mes de fallecida”. Epitafio de franca queja al viudo en el cementerio de Osuna, Sevilla.

“Fallecido por la voluntad de Dios y mediante la ayuda de un médico imbécil”.

“Estos días se me están haciendo eternos”.

“No llores hombre... que no tardas en alcanzarme”.

“Game over”.

“Al fin polvo”. Epitafio en la tumba de una solterona.

“Ya sabía yo que esto acabaría así”.

“Aquí yaces y yaces bien, tú descansas y yo también”. Epitafio que puso un yerno en la tumba de su suegra.

“Aunque cambiado, resurgiré”.

“Necesité toda una vida para llegar hasta aquí”.

“A mi marido, fallecido después de un año de matrimonio. Su esposa con profundo agradecimiento”. Epitafio en una tumba del cementerio de Guadalajara.

“Aquí se acaba el gozo de los injustos”.

“El alma del creyente fallecido permanecerá encadenada hasta que sus deudas económicas sean saldadas”. Epitafio del profeta Muhammad según el Imán Ahmad.

“En realidad preferiría estar en Filadelfia”.

“Vivió mientras estuvo vivo”. Epitafio de una tumba del Cementerio de Ágreda, Soria.

“Aquí yace el más odiado, que fue enterrado en un cajón esférico para poder llevarlo a patadas al cementerio”.

“Perdone que no asista a su entierro”. Epitafio de José, un señor que tenía por costumbre no perderse los sepelios de sus conocidos, en el cementerio de Águilas, Murcia.

“Que conste que yo no quería”.

“Aquí yaces y haces bien, tú descansas, yo también”. Epitafio en el cementerio general de Valencia.

“Esta postura me está matando”.

“Al fin lo sacaron de la banca”. Epitafio en la tumba de un futbolista.

“Por fin me quedé en los huesos”. (El difunto pesaba 140 kilos e hizo infinitas curas de adelgazamiento).

“Aquí yace boca arriba uno que cayó de bruces muchas veces en la vida”.

“Sin comentarios”.

“Por fin dejé de fumar”.

“Dejadme en paz”.

“Por favor, no molestar”.

“No grite, estoy muerto no sordo”.

“Aquí yace mi marido, al fin rígido”.

“Aquí yaces y haces bien. Tú descansas y yo también”.

“A ver, ¿qué tenía Lázaro que yo no tenga?”.

“Dios, nunca creí en ti ¡pero te juro que me arrepiento!”.

“Lo siento, también usted morirá”

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