(fuente: A mí esto me da un poco de miedo)
A mí esto me da un poco de miedo, miedo a que en dos o tres años acabemos en una ensaladilla yugoslava, a tiro limpio todos contra todos, a lo Arkan y Ceca.
A mi modo de ver, el principal problema es que aquí todo el mundo embiste, y nadie piensa. Machado dejó escrito que de diez cabezas, nueve embisten y una piensa. Nunca extrañeis que un necio se descuerne luchando por la idea. Se ve que con los años la cosa ha ido a peor, porque entre presidentes, opositores, delegadas de gobierno, coordinadores de indignados y líderes regionales con aspiraciones suman más de diez y todavía no he encontrado una cabeza que no embista.
España sufre cuatro crisis superpuestas. Todas necesitan solución, y para cualquiera de las cuatro hace falta mesura, inteligencia, y voluntad de trabajar por el bien común y el largo plazo, por encima del beneficio personal a corto plazo.
La primera crisis, la más obvia, y la que ha llevado a las otras tres al punto de ebullición es la económica.
Mucho se puede escribir de las causas y del camino que nos ha llevado hasta aquí, y muchos lo vieron venir en su momento y alertaron de lo que se avecinaba. Pero eso no es lo importante ahora, estamos donde estamos y lo importante es arreglarlo. Esta crisis económica tiene tres salidas, y ninguna es fácil.
La primera salida es la de la austeridad, la elegida por Zapatero primero y Rajoy después. Quedarse en el euro, pagar la deuda en euros y contener la inflación como quieren los alemanes. Además de ser lo que más les conviene, la clase dirigente alemana tiene un profundísimo terror a la inflación. Piensan que la hiperinflación en la República de Weimar les llevó al nazismo y a la segunda guerra mundial. Merece la pena ver el billete de cien billones de marcos e imaginarse a uno mismo en el 2015 bajando a comprar el pan con quinientos billones de euros en el bolsillo para entender porqué le tienen tanto miedo. Esta solución es muy dura, y lo pasamos todos mal, pero unos más que otros. En este escenario, los que peor lo pasan son los jóvenes y las clases baja y media baja. En este escenario se tardan muchos años en arreglar las cosas, como poco otros cinco años de crisis. Una década perdida, a la japonesa, y luego ya veremos lo que pasa. El coste, y el riesgo social es altísimo.
La segunda solución es salirse del euro, pagar la deuda en nuevas pesetas y sufrir una inflación altísima controlada por el gobierno. Ojo que sería bastante fácil que al gobierno de turno se le escapase de las manos y acabásemos un una espiral hiperinflacionista completamente descontrolada. Esta solución es más rápida, unos dos años, y también muy dura para todos, pero para unos más que otros. Los que más sufrirían serían los jubilados o cercanos a jubilarse, los que tienen dinero negro y la clase alta en general. El coste, y el riesgo social es altísimo. Esta es la solución que recomiendan desde el Reino Unido y, en mucha menor medida, desde Estados Unidos, porque le tienen miedo y envidia al ascenso de Alemania como potencia regional en Europa en un mundo donde el hegemón lo es cada vez menos y las potencias regionales se hacen cada vez más importantes, una especie de retorno al mapa político del siglo XIX. En este escenario sufriríamos la ira y las represalias de Alemania. ¿Cuánto dinero gastan los turistas alemanes en España cada verano, por poner sólo un ejemplo?
La tercera salida es declararse en quiebra y no pagar la deuda, como La Argentina en 2001. ¿Nos expulsarían del euro? ¿Nos convertiríamos en una nación paria? La experiencia de otras naciones, y de las anteriores quiebras de España en un pasado no tan remoto es que antes de hacerlo, las naciones y otras entidades acreedoras amenazan con desatar los siete infiernos. Pero una vez que ha pasado, a lo hecho pecho. Aun así, el riesgo de hacer esto es altísimo. Esta solución también es rápida, casi inmediata, y también muy dura para todos, pero para unos más que otros. Los que más sufrirían serían los acreedores de España, que se quedan si cobrar, y dependiendo de las represalias, los españoles, probablemente más los empresarios.
La segunda crisis es la de las instituciones. Desde los 90 hasta ahora se ha perdido una oportunidad tras otra de rematar la transición en dos aspectos. Uno, el de las autonomías, que se han convertido en el cuento de nunca acabar, y así vamos todos ganando elecciones, unos tirando de la cuerda hacia la periferia y otros hacia el centro, pero sin ninguna voluntad de cerrar el tema y alcanzar una solución estable, no vaya a ser que se nos acabe el chollo y tengamos que inventarnos otra polémica absurda para que les tengan miedo, a ellos, a los otros, y me sigan votando ciegamente. El segundo, el de la ley electoral y el funcionamiento interno de los partidos políticos, que nadie se ha molestado en reformar por miedo a tener que bajarse del coche oficial. Así hemos llegado a una situación en la que las instituciones son cuestionadas día sí y día también sin que nadie pestañee. ¿Cómo puede ser que miles griten en la calle que un parlamento elegido por millones de votantes no nos representa, y que millones los vean en el telediario y se pregunten si no tendrán razón? ¿Será que no nos representa muy bien al fin y al cabo? ¿No hemos tenido tiempo en los últimos veinte años, una vez enterrado el fantasma del golpe de estado y la vuelta a la dictadura de rematar la Constitución?
Una vez más, estamos donde estamos, y de nada sirve pensar o escribir sobre lo que se podía haber hecho. Ambos aspectos necesitan solución, que sólo se puede alcanzar desde la serenidad y la amplitud de miras, anteponiendo el bien común a las aspiraciones personales, partidistas y regionales y mirando al largo plazo. No hay que embestir, hay que pensar.
La tercera crisis, más profunda que las anteriores, es de liderazgo. ¿Dónde están los líderes de la sociedad española? ¿Quiénes son? Rajoy está desprestigiado, pero no parece tener relevo dentro de su partido. Rubalcaba heredó el PSOE de Zapatero por muy estrecho margen, y es incapaz de aprovechar la caída del PP. ¿Lo estaría haciendo mejor Carme Chacón? ¿Dónde están Izquierda Unida y UPyD, que son los partidos que están recogiendo más intención de voto? IU, por su naturaleza y herencia comunista lo tiene dificilísimo para erigirse en catalizador de una nueva España, ya que proviene de la vieja. UPyD parece comodísimo con la estrategia de estarse quieto y callado y esperar a que le caigan los votos de los descontentos. Los indignados están siguiendo el libro de Gene Sharp punto por punto, pero ¿y después, qué? El sábado se vio la furgoneta con los altavoces, pero me da la impresión de que ahí no hay nadie que haya gestionado un presupuesto de más de doscientos millones de euros, o que haya tenido que equilibrar la balanza entre cuatro o cinco facciones dentro de una gran organización, ni que, en definitiva, tenga ninguna experiencia relevante a la hora de liderar un país.
La solución a esta crisis pasa por la regeneración de los partidos. La inacción llevará al ascenso de demagogos o peor, como los del amanecer dorado en Grecia.
La cuarta crisis, la más importante y la más profunda de todas es la crisis moral de los españoles. Ahora todos nos quejamos de los políticos, de lo malos que son, de cómo se han convertido en una casta que se sólo se interesa en enriquecerse a costa del resto pero, ¿quién les votó? ¿Cuándo hemos visto un 80% de abstención? ¿Qué político ha perdido su poltrona cuando se han descubierto sus corruptelas? Basta una mirada a la recién publicada lista negra de los alcaldes imputados para comprobar que a los españoles la corrupción les importa un pito, y se puede tirar de hemeroteca para comprobar que antes tampoco les importaba. Los políticos no existen en el vacío, son parte de la sociedad. Cuando se lleva el coche al garaje y preguntan ¿con IVA o sin IVA? ¿qué contesta la gente? Cuando alguien cuenta que se empadronó en casa de su cuñado para que admitieran a los niños en un colegio que no les tocaba, ¿aplaudimos o afeamos la conducta? Si te encuentras un iPhone 5 en la playa, ¿intentas llamar al dueño para devolverlo o te lo quedas?
Para arreglar esta crisis moral, madre de todos los demás problemas, lo único que se me ocurre es hackear la sociedad, durante años, en un esfuerzo concertado de muchas personas individuales y medios de comunicación, nuevos y viejos para ir cambiando la actitud de la gente poco a poco. Afeando las malas conductas y aplaudiendo las buenas. A ver si conseguimos que éste sea un país serio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario