Estaba escrito desde 1996, solo era cuestión de tiempo.
El bienestar del estado (propagandísticamente vendido como estado del bienestar) tiene ya los dos motores que lo financiaban dañados:
- El motor de la financiación con cargo a deuda pública ya no tiene fuelle más que para refinanciar la deuda acumulada.
- El motor del contribuyente ha sido llevado al submileurismo después de impuestos, o al paro cuando el valor añadido que es capaz de producir el trabajador es menor al coste de sus retenciones+SS+sueldo mínimo.
Rajadín ha sido tajante: los cargos de todos los miniestados donde está mi gente instalada no se tocan. Bien sabe Rajadín que si elimina cargos políticos, perdería rápidamente sus apoyos en el partido.
Es previsible que para mantener la marabunta de cargos, paniaguados, televisiones de partido y administraciones paralelas sigan aumentando el impuesto al derecho a trabajar a la vez que más productivos dejan de ser rentable para nada, y simplemente son expulsados del mercado de trabajo.
Los que vayan quedando serán llevados a condiciones más precarias y submileuristas después de impuestos (o sea, más explotados) para intentar compensar la pérdida continua de contribuyentes. A largo plazo el sistema es inestable porque al final los pocos que queden no van a poder pagar suficiente, ni aunque paguen un IRPF del 100%.
Nos dicen desde sus medios de desinformación masiva que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, cuando en realidad ellos han, y siguen viviendo, por encima de nuestras posibilidades.
Los que nunca han producido riqueza y se han limitado a vivir de las subvenciones del estado dicen que hay que keynessianizarse para reavivar la inversión. O sea, para que ellos sigan viviendo de aplicar a concursos públicos. ¿Hay alguna inversión más rentable que no pagar un 6-7% por la cada vez más creciente deuda pública?
También es previsible que aumente el esfuerzo de los medios de comunicación masivos de partido para justificar por qué hay que seguir sirviendo a los políticos y mantener la fe en su engaño masivo. Los políticos catalanes ya están primando sus televisiones sobre los geriátricos, y es previsible que los demás políticos también acaben primando los medios de información de partido sobre los hospitales.
¿Y entonces qué? Es previsible que un globo que se hincha y se hincha al final explota, pero nadie puede prever por dónde va a explotar.
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