20121103

El borreguismo y la tragedia del Madrid Arena


El borreguismo y la tragedia del Madrid Arena

Ayer fallecieron cuatro chicas de 18 años en el recinto Madrid Arena por aplastamiento y asfixia, al parecer, tras una estampida. DEP.

Las críticas se centran sobre todo en la empresa organizadora y en los descerebrados que lanzaban bengalas, como si eso explicase todo, pero para mi no explica nada. Quiero decir, por supuesto habrá que exigir responsabilidades si se superó el aforo, pero yo sigo sin entender un fenómeno sociológico, y es que cuantos más individuos tiene un grupo, menor es su inteligencia colectiva. Es decir, me pregunto por qué 20.000 personas no pueden comportarse como personas sino que tienen que comportarse como borregos.

Hay una verdad fisico-matemática innegable, y es que si en un extremo de un pasillo hay decenas de personas que están siendo aplastadas, necesariamente hay decenas o cientos en el otro extremo que están empujando. Y la causa directa del aplastamiento no fue ni el exceso de aforo, ni la bengala. La causa directa es que había gente empujando. Lo demás son condiciones circunstanciales. Repito: la causa directa de la muerte de estas chicas es que había gente empujando.

La gente es borrega. Ve que un pasillo está atascado, y empuja. No importa que desde dentro les griten que la salida está cerrada, o que hay personas que están siendo aplastadas. Ellos empujan. Para mi es un fenómeno sociológico digno de estudio.

Y no hacen falta situaciones de pánico ni condiciones extremas. El borreguismo, la falta de educación y la falta de civismo se pueden observar todos los días, en el mismo momento que sales de casa para ir al trabajo o a la universidad. No importa si en coche o en metro.

Si vas en coche lo primero que te encuentras es la gente que conduce por el carril izquierdo, obligando al resto a adelantar por la derecha. No hablamos de casos aislados. En la A6 son un 90% de los conductores. Falta de civicismo, ignorancia, falta de educación, obstinación, no lo se, la verdad que no lo entiendo. Si alguno de vosotros, taponadores profesionales, podéis explicarme por qué circuláis por la izquierda teniendo dos carriles vacíos a la derecha, os lo agradeceré eternamente. Eso sí, por supuesto, los chuluputas que se pegan detrás y echan luces cuando estás adelantando o cuando no puedes dejarles paso, son subnormales de una profundidad suprema, de eso que no quede duda.

Otro ejemplo de civismo son los conductores que refrenan cuando ha habido un accidente en el carril contrario, por aquello de ver lo arrugado que ha quedado el coche, y si hay suerte, algún fiambre. Por el morbo de ver la sangre y el muerto. Una vez pasas el punto del accidente, ancha es Castilla, ningún atasco. Eran simplemente los borregos que se paran a mirar. La "curiosidad de los conductores" que suelen decir los medios, como si frenar haciendo tapón para ver el muerto fuese una actitud tolerable y comprensible.
Otro caso de borreguismo que creo que ya he contado alguna vez es el que viví en una visita guiada a una cueva de Lanzarote, donde el grupo tenía que pasar en fila india por una gruta medio agachado para no darte contra las estalactitas del techo. No recuerdo qué longitud tenía la gruta, pero sí recuerdo que a mitad de camino la espalda ya empieza a doler, y casi como acto reflejo te intentas poner recto, solo que si lo haces te das en todo el cogote contra el techo, de forma que veías a todo el mundo en fila india, pegándose coscorrones.

Lo curioso de dicho episodio es que nada más salir de la gruta la gente se quedaba en la salida estirando la espalda, taponando la salida del resto. Gran parte de la gente eran personas mayores que no pueden ir agachadas tanto tiempo. Yo tenía delante un viejete que no paraba de darse golpes contra el techo y de gritar a los de delante que no se quedasen parados. Cuando por fin salimos hubo que atenderle porque tenía una brecha de consideración en la frente y toda la cara ensangrentada. Definitivamente, los borregos tienen poca consideración con los que vienen detrás. Creo que todo el mundo debería pasar por esta experiencia para aprender que no hay que taponar la salida de los recintos, más que nada por los coscorrones, a ver si es verdad que la letra con sangre entra.

Otro caso que recuerdo, más similar al del Madrid Arena, aunque no comparable, es el de una noche vieja en no se qué local, allá por el año 95. La fiesta terminó y la gente empezó a hacer colas para recoger los abrigos en un mostrador. Era una habitación relativamente pequeña para toda la gente que había, y en algún momento los de atrás empezaron a empujar. Cada vez más y más, de forma que ya no se podía ni salir ni entrar. Y aquí ni había bengalas, ni situación de pánico ni nada. La gente empujaba sencillamente porque era subnormal. Por supuesto hubo gritos, ¡parar de empujar!, pero caso omiso. Lo curioso es que tras varios minutos el asunto se solucionó rápido. Uno de los gorilas saltó del mostrador, atravesó la habitación casi pisando las cabezas de la gente, fue hasta la puerta donde estaba la gente empujando, cogió al primero que vio empujando y le metió dos puñetazos. Oye, la gente dejó de empujar en el acto. Los cuatrocientos borregos ya no eran borregos sino personas que simplemente querían recoger civilizadamente su abrigo, y muchos estaban borrachísimos, pero en cuanto el gorila se puso a dar tortas no hubo el menor problema.

En definitiva. Ni los organizadores, que tendrán que responder por el exceso de aforo, ni el que tiró la bengala, si es que fue eso. Para mi los verdaderos responsables de la tragedia del Madrid Arena son en primer lugar los borregos que empujaron. Se les debería tratar de identificar, y se les debería juzgar por homicidio.

En segundo lugar, los responsables indirectos son todos aquellos que justifican esta clase de comportamientos incívicos, incluyendo a ese 95% de las personas que conduce por la izquierda, que tapona la salida de los cines porque se queda en la puerta comentando la película, que no se echa a la derecha cuando sube las escaleras del metro, que no deja salir antes de entrar cuando se abren las puertas, y una infinidad de ejemplos que podéis observar sin más que salir a la calle.





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