20130127

La gallegofobia existe pero es más simpática



La gallegofobia existe pero es más simpática

La catalanofobia existe. Solo hay que echar un ojo a algunos periódicos editados en Madrid, algunas cadenas de televisión o los comentarios que surgen en redes sociales y blogs cuando se trata el tema catalán. Hay una especie de odio enconado hacia lo catalán que da un poquito de miedo. Pero nadie habla sobre la gallegofobia, no sé si porque no se percibe o bien porque no interesa hablar, pero aunque más sutil y muchos menos agresiva, la gallegofobia existe. No en forma de ese odio enconado, sino más bien en forma de desprecio sutil, infravaloración y conmiseración.


“Zapatero es gallego, en el sentido peyorativo de la palabra”, esto dijo Rosa Díez en una entrevista con Iñaki Gabilondo. Desde UPyD, el partido que lidera la política, se afirmó que quien se sentía ofendido por las declaraciones de esta señora tenía un grave problema de complejo de inferioridad y victimismo. Pero por un momento pensemos que Díez hubiera dicho “Zapatero es judío, en el sentido peyorativo de la palabra”, o “Zapatero es catalán, en el sentido peyorativo de la palabra”, la ofensa es clara. Peor lo tenemos ahora, con un presidente del Gobierno gallego que protagoniza titulares como “Una bruma gallega envuelve a Rajoy”, “Rajoy, muy gallego al hablar del rescate”, “Rajoy, gallego desde el primer día”, “Rajoy se hace el gallego”, “Mariano Rajoy, como buen gallego, contestó lo que le dio la gana” o un “Rajoy más gallego que nunca”

Parece ser que el término gallego sirve para todo menos para describir asépticamente al pontevedrés Mariano Rajoy. Siempre que se usa el término gallego en estos casos connota una cualidad del presidente, normalmente negativa, que se cree generalizada entre los gallegos (y prometo que no es así). Es más, ni siquiera su mujer, Elvira, también gallega, se libra de esto y protagonizó una portada en Yo Dona. Directa, pasional y nada gallega, la definía la revista de El Mundo. ¿Nada gallega qué significa exactamente? Y cambiando al PSOE, todos conocemos a José Blanco, pero a veces en los medios se olvidan de su verdadero nombre y lo llaman Pepiño. ¿Si fuera de Valladolid dirían Pepito?


Pero no es solo en los medios donde se percibe cierta gallegofobia. Ayer mismo desde la cuenta de Twitter @15M (que a saber qué tiene que ver realmente con el movimiento 15M) se publicaba este tuit:
Se han perdido 850.400 empleos en el primer año de la reforma laboral del gallego

Del gallego. Cuando Zapatero gobernaba nadie decía “del leonés” (sí que decían el nieto del fusilado, por ejemplo), pero entonces, ¿por qué “del gallego” sí? Es como cuando en las elecciones al Parlamento de Galicia de este otoño Feijóo revalidó su mayoría absoluta, Twitter hervía con improperios de españoles que atacaban a los gallegos por haber dado alas al PP en sus recortes sociales. Como si a Rajoy solo lo hubieran votado los gallegos y no el 50,84% de los madrileños que acudieron a votar, el 64,27% de los murcianos o el 53,32% de los valencianos.

Otro tema es ya el de los grandes tópicos sobre los gallegos, empezando por el acento. “Ay, eres gallego, dime algo con acento”. Así siguen muchas conversaciones cuando tu interlocutor averigua que eres gallego. Luego ya está el momento más bochornoso en el que alguien intenta imitarlo y parece más siciliano que del Barbanza y tienes que fingir que te parece divertido cuando acabas de conocer a esa persona. Aún más extraño es lo que afirma Artur Mas, que según él hay coruñeses (y sevillanos y malagueños) a los que no se les entiende al hablar. Y luego está el tópico de las vacas. Aún hay gente por ahí fuera que piensa que yo habitualmente veo vacas y me lo comenta entre risitas, cuando siendo de ciudad y de costa veo más otras cosas igual de loables, como barcos de pesca, cajas de la lonja o mariscadores. Y aunque viera vacas, ¿qué?¿De dónde se piensa esta gente que sale la leche?



En definitiva, la gallegofobia existe muchas veces disfrazada de simpatía y condescendencia. “Ay, qué riquiño eres, gallego” o “Es que tenéis un acento tan bonitiño”, forman parte de la vida de un gallego que ha emigrado. Cierto es que donde yo viví, Barcelona, no existe esta sensación como en otros sitios, básicamente porque los catalanes nos ven como el hermano pequeño en esto del nacionalismo y porque su verdadera fobia es realmente contra los andaluces, pero a veces sí que se percibe. Eso sí, nadie le quitará ese puesto de denigrador absoluto de todo lo que es distinto (vasco, catalán, gallego, asturiano o lo que sea) a ese nacionalismo que no existe, el español.