A buenas horas.. un pueblo que olvida la historia está condenado a repetir los mismos errores.. aunque al texto le fanta una referencia a Francia y las guillotinas..
¿Cuándo se torcieron las cosas?: Tres hipótesis
Por Luis Garicano el 04/04/2013
Sin duda, la imputación por la justicia ayer de un miembro de la familia real http://elpais.com/politica/2013/04/03/actualidad/1364988109_049327.html
es un hito histórico, un símbolo insuperable de un sistema que está
roto. Los que nacimos en los últimos estertores del franquismo y nos
hicimos mayores de edad en democracia pensábamos que España se había
convertido en un país normal. Una democracia capitalista y liberal, con
un estado imperfecto pero capaz de cumplir sus funciones básicas de
garantizar la seguridad interna y externa así como la igualdad de
oportunidades entre sus ciudadanos. Desgraciadamente, ahora nos
encontramos en lo que antes hubiéramos considerado una pesadilla, en una
situación similar a la de los años posteriores al 1898. No eleboraré la
retaila de problemas que aquejan a nuestra democracia (monarquía,
estado autonomico, partidos) ni a nuestro capitalismo (desempleo,
endeudamiento público y privado insostenible), que hemos discutido ya,
sobre todo en su vertiente económica, con dedicación y en profundidad.
En su lugar, me gustaría plantear una pregunta diferente. ¿Cuándo se
torcieron las cosas? Creo que hay tres respuestas, tres hipótesis, que
encajan con tres lecturas de la realidad y suponen tres “tratamientos”
para los problemas de España, cada uno más agresivo que el anterior.
La primera hipótesis es la burbuja. Lo que nos ha pasado es que las
instituciones económicas y políticas sufrieron un enorme deterioro
durante los años de la burbuja. La corrupción era inevitable en un
entorno legal del “todo vale” en el que, por ejemplo, el “agente
urbanizador” puede elaborar planes de desarrollo individuales, o el
“convenio urbanístico” permite a un grupo de propietarios presentar
planes de desarrollo de la zona que controlaban, todo ello fuera de los
planes urbanísticos a largo plazo y bajo control de las municipalidades.
Estas leyes autonómicas del suelo, junto con el dinero fácil, hacían
que la corrupción fuera sencilla y atractiva. Además, la burbuja hacía
difícil de detectar la mala gestión: la diferencia entre buena y mala
gestión era simplemente inobservable desde fuera, tanto en Cajas, como
en política. Por ejemplo, muchos no éramos conscientes, desde fuera, de
que Valencia funcionaba como una auténtica república bananera, a pesar
de que las regatas y Fórmulas 1 deberían haber sido pistas. Este es el
argumento que desarrollamos, para toda la periferia del Euro, Jesús
Fernández Villaverde, Tano Santos y yo en un reciente trabajo que acaba
de salir como documento de trabajo en el National Bureau of Economic
Research http://www.nber.org/papers/w18899, y es la que hemos defendido en nuestros artículos aquí y en El País y El Mundo.
Las consecuencias prácticas de esta primera hipótesis son relativamente
optimistas. No hay nada malo en España o inusual. Tuvimos los mismos
problemas que otros hubieran podido tener si hubieran tenido un dinero
tan fácil y una estructura institucional tan débil. Resolvamos estos
problemas, hagamos las reformas, difíciles, sí, pero reconocidas por
casi todos como necesarias, que hay que hacer, y se terminó.
La segunda hipótesis echa la vista un poco más atrás y culpa a la mal
hecha y mal terminada transición. En esta hipótesis, las instituciones
están mal porque fueron creadas adrede para estar mal. La transición fue
un paso en falso, llevada a cabo por los azules,” demócratas de última
hora, para preservar sus cuotas de poder. Las autonomías se hicieron
desde arriba y lo demás siguió un sistema de cuotas políticas en todo,
desde la justicia, hasta las Cajas, pasando por todo lo demás. El
“sistema” es uno en el que la “casta” se sirve a sí misma—las elites
extractivas, como ha argumentado César Molinas convincentemente, se
dedican, como no puede ser de otra forma, a extraer, vía Noos, Bárcenas,
Gurtel, Blanco, Moltó, y todo lo demás.
Las consecuencias de esta hipótesis son más preocupantes. Si realmente
pensamos que la transición se cerró en falso, si pensamos que tenemos
que rehacer el trabajo de 40 años, nos enfrentamos a un reto mayúsculo.
Se trataría de refundar el país, como en Francia con la V República, con
unas nuevas instituciones, probablemente sin monarquía. En una
situación de gravísima crisis económica, un paso así puede llevar a una
alta inestabilidad del país y sólo habría que darlo si no hay más
remedio.
La tercera hipótesis mira aún más atras y busca algo en la naturaleza de
la organización de nuestro país que lo haga mas difícilmente
gestionable, como hizo en su momento Ortega. Por ejemplo, la
organización de España que sale del Tratado de Utretch (hace, dentro de
una semana, exactamente 300 años) puede haber empozonado las relaciones
entre españoles mas allá de los resoluble. Y no se trata tanto de la
entronización de los malhadados borbones reconocida por el Tratado, que
sin duda no han sido buenos para España(varios de ellos podrían ser
finalistas en el concurso al peor gobernante universal de la historia,
poniendo en apuros incluso a gente tan cualificado en esto del
malgobierno como Mugabe), sino de la resolución en falso del problema
regional/nacional de España. El problema, de acuerdo con esta hipótesis,
fueron los decretos de Nueva Planta firmados por el Rey Felipe V entre
1707 y 1715, que acabaron con la estructura federal de las Españas e
impusieron un estado centralizado.Esta lectura argumenta que tras esa
mal concluida guerra de sucesión, guerra civil, y europea, hubo una
sucesión de guerras civiles, de carácter en gran parte fuerista
empezando por las causadas por la invasión napoleónica, continuando por
los 100,000 hijos de San Luis, las guerras carlistas, la primera del
1833 a 1840 (más de 100000 muertos), la segunda de 1846 a 1849 y la
tercera (de 1872 al 76), el fracaso de la Primera República en la
desintegración territorial, el fracaso de la Segunda República, también
en la desintegración territorial, y la Guerra Civil. En esta visión,
las Cajas y Noos, el (supuesto) fracaso del Estado autonómico, son un
síntoma más del fracaso de los esfuerzos durante tres siglos por
encontrar una forma de convivir razonable entre todos los españoles.
Esta hipótesis es la más preocupante. Supone que los españoles no hemos
hecho, durante 300 años, más que dar tumbos, sin encontrar una forma de
compartir nuestro destino que no suponga exportar a nuestro jóvenes y
destruirnos periódicamente.
Del diagnóstico que haga uno se sigue la cura propuesta para el
paciente, nuestra querida España. ¿Qué hacer? Proceder por el principio
Socrático de “no hacer daño” supone ir de la más sencilla hipótesis a la
más compleja. Es decir, operamos bajo la hipótesis de que no pasa nada
con la estructura básica del Estado tras la transición, y tratamos de
resolver los problemas “aparentes,” que no son pocos ni sencillos-
corrupción, mercado de trabajo, educación, endeudamiento. Pero tenemos
que ser conscientes de que si este tratamiento no funciona, caminamos
hacia el segundo escenario, la refundación del Estado, con la
desaparición de los partidos existentes, o incluso hacia la
desintegración del país. Dejar que las cosas, en esta tesitura, se
pudran, es extremadamente arriesgado
En cualquier, con sentido común (que falta, por todas partes, véase la
iniciativa fascistoide de los “escraches”) los grandes parámetros del
camino a seguir son obvios y deben ser independientes de la forma que
adopten estas soluciones institucionales: España, o las Españas, debe
ser un país normal, y esto no requiere inventar nada. El capitalismo
funciona, ha funcionado para Corea, Singapur, ls China nominalmente
comunista y Taiwan el mismo sistema que para Chile y EEUU. Y la
democracia también funciona, el sistema de partidos, con unos mecanismos
de control adecuados, es el menos malo que se ha inventado. Con esos
dos pies en el suelo, firmemente, podemos tratar de empezar a avanzar
fuera de este marasmo.
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