habría que saber lo que entienden los analfabetos de la meseta por "capitalismo", no hay que olvidar el último gran éxito de hispanistán: la inversión en vivienda.
"la vivienda nunca baja", "al principio cuesta pero luego ni te enteras", "si no lo vendes lo alquilas", "si lo alquilas se paga la hipoteca y aún le sacas algo".. y sabiendo que hay millones de inversores en vivienda, digo, habría que saber lo que entienden por "capitalismo", porque aquí se nos ha presentado una contradicción.
tampoco hay que olvidar la clase de "capitalismo", de "libremercado", y de "democracia" que hay en hispanistán, y su clase política.. eso también explica muchas cosas..
eso, dicho en el país de rentistas acaparadores de pisitos,
en el país donde se venden más Audis por habitante de toda Europa,
de la corrupción institucionalizada del PPSOE con el apoyo del 80% de los electores,
lo mismo opinan de fútbol, que de política, que de física cuántica.. un analfabeto es difícil que sea consciente de su propia ignorancia.. disfruten lo votado..
España, el país más anticapitalista de Europa
Un 74% de los ciudadanos rechaza el capitalismo,
mientras que sólo un 11% se siente representado por esta posición, de
acuerdo con el estudio Values and Wordlviews de la Fundación BBVA que
compila 15.000 encuestas realizadas en los diez principales países de
Europa.
Este dato palidece respecto a Europa (un 18% respalda el capitalismo) y
frente a la aceptación de la ideología socialista, con la que simpatiza
el 31% de los españoles encuestados.
España es, después de Italia, el país donde un mayor porcentaje de la
población cree que el Estado debe ser el responsable de asegurar “un
nivel de vida digno” (el 74,1%), mientras que el resto de Europa apuesta
por que cada persona sea la propia responsable de su vida.
Llama la atención que, aunque el Estado del Bienestar esté mucho más
desarrollado en la mayor parte de los países analizados, el porcentaje
de gente que cree que el Estado se tiene que ocupar directamente de
temas como la sanidad o las pensiones sea significativamente más alto en
España (un 85%, más de 20 puntos por encima de la media europea).
La principal diferencia es que, mientras que el Estado del Bienestar
goza de un apoyo más o menos homogéneo en Europa, los españoles son
también partidarios de que el Estado se encargue de controlar los beneficios de las empresas, los precios, los salarios…
Para Europa, la economía de libre mercado es “el sistema más
conveniente”, para los españoles es, sin embargo, “la causa de las
desigualdades sociales”.
España es, además, el único país donde los ciudadanos reclaman que los
ingresos sean igualitarios “aunque eso perjudique a quienes trabajan
más”, mientras que todos los demás propugnan que las diferencias
salariales son “necesarias para incentivar el esfuerzo”.
Más impuestos… para los demás
Cuando hablamos de gasto público, surgen las mayores diferencias entre
los ciudadanos españoles y los del resto de Europa. En la UE, la opinión
pública está muy dividida entre los ciudadanos que creen que la salida
de la crisis pasa por los ajustes presupuestarios y los que piensan que
hay que aplicar estímulos de gasto. En España sólo uno de cada cinco
ciudadanos aboga por los recortes y cuatro de cada cinco prefiere
mantener el actual Estado del Bienestar, aunque sea a costa de subir
impuestos.
Ahora bien, ¿quién debe pagar esos impuestos que una amplia mayoría
quiere subir? Las medidas más aceptadas pasan por gravar más “a los que
más ganan por sus inversiones” (con una puntuación media del 7,7),
aumentar los impuestos “a quienes más ganan por su trabajo” (una nota
del 7,1), mientras que la subida del IVA es la medida más criticada (1,2
puntos).
Los españoles quieren un Estado del Bienestar, pero que lo paguen otros,
algo que contrasta con la visión mayoritaria en Europa de que la
tributación tiene que ser más homogénea.
Los españoles también reclaman limitar los ingresos de los ejecutivos de
los bancos, regular a la banca, subvencionar contratos para jóvenes,
reducir los tipos de interés y aumentar la inversión pública. Los puntos
de desavenencia con Europa son que los ciudadanos del resto del
continente son mucho más proclives a reducir el número de funcionarios,
flexibilizar el mercado de trabajo, reducir el gasto público, inyectar
capital a los bancos en problemas y, también, restringir la entrada de
productos extranjeros.
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