20130504

La provincia acumula ya 51.400 desempleados menores de 35 años

Hay 51.400 ciudadanos menores de 35 años que están sin ocupación, desglosados así: 23.400 de entre 16 y 24 años y 28.000 de 25 a 34. Es decir, el 42,2% del desempleo en Tarragona es de jóvenes. 

«Estas cifras son un drama», explica José Antonio Herce, socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI), «sobre todo el de los menores de 24 años, que están estudiando y se desaniman a buscar trabajo».



Los datos de la última EPA fueron demoledores, ilustradores del drama. La tasa juvenil en España escaló hasta el 57,22% al término del primer trimestre, lo que supone 2,1 puntos más que en el trimestre anterior. El desempleo supera el 44% entre los menores de 30 años. En la provincia de Tarragona, la EPA no es menos desoladora en términos absolutos.


Y la coyuntura lleva incluso a arrojar la toalla: 850.000 jóvenes menores de 25 años han dejado de buscar empleo por falta de confianza.


La sociedad genera una cantidad de jóvenes muy cualificados que es incapaz de asumir.

La titulación sigue siendo la mejor manera de encontrar un sueldo, como aclara Jordi Tous, doctor, profesor en la URV y experto en psicología del trabajo: «Los titulados tienen un abanico más amplio, lo que pasa es que difícilmente el primer trabajo encaja con lo que se ha estudiado».

Se produce, entonces, un ‘efecto tapón’: «En el momento en el que no hay trabajo, los mejor formados desplazan a los jóvenes menos calificación, y acaba siendo perjudicado el que no tiene prácticamente ninguna formación». Es decir, no hay más secreto que la formación: «La gente más formada es la que más trabaja. Hay que seguir dando valor a la formación».

Camareros licenciados

Así lo reflejan los datos en la provincia del último Butlletí del perfil de l’atur de la Generalitat. En el Camp de Tarragona hay 35.345 desempleados con sólo educación general (el 60% del total), mientras que hay 3.453 parados con título universitario. En el Ebre, datos parecidos: 11.240 parados con educación general (un 66%) y 876 con algún grado en la universidad. Estadísticas así derriban el mito de que la formación no valga, aunque Xavier Puig, profesor de Sociología en la URV, ponga un ejemplo tan claro como doloroso: «Aprovechan para pedirte el título universitario para trabajar de camarero».

Otro debate es el de la titulitis. «Podemos discutir si el modelo educativo está desconectado de la sociedad. En los ciclos formativos, en la formación profesional, hay unos nexos muy claro: se vincula aquella formación a las prácticas», apunta David Romero. No parece, sin embargo, que la universidad deba cumplir ese papel. «Podemos haber tenido titulaciones con cierta saturación, pero la universidad tiene otro cometido: busca unos niveles de calidad, adaptados a diferentes especializaciones. Tampoco podemos hacer una formación a medida. La estructura de la universidad está enfocada en investigación, formación generalista y luego especialización».

Xavier Puig incide: «En algunos casos ha habido una inflación espectacular de títulos universitarios. Aunque habría que diferencia. Ha pasado, por ejemplo, con disciplinas humanísticas, y no con ingenierías. Antes, una licenciatura te podía servir para encontrar trabajo. Ahora eso equivale a acumular másters, postgrados… Trabajamos en cosas por debajo de nuestra preparación». Según el Observatorio de las Ocupaciones en Tarragona, hay 13.600 jóvenes parados menores de 30, el 17,88% del total.

En Tarragona capital hay 2.310 y en Reus 1.943. A marzo de 2013, el sector servicios es el que acumula más paro, al menos en números absolutos (8.966), por delante de la construcción (1.432), la industria (1.089) y la agricultura y la pesca (638). Por formación, también los más damnificados son los que carecen de ella: los que tienen sólo ESO (4.528 parados) no pueden competir con la FP (855) y los universitarios (431).

La ministra y los eufemismos

Como vasos comunicantes, o como reverso tenebroso de ese paro juvenil, aparece la obligada emigración al extranjero en busca de un contrato. El goteo de jóvenes tarraconenses que emigran fuera incrementa a cada año que pasa y la crisis persiste. «Quizás a nivel cuantitativo no sean cifras muy contundentes, pero sí son representativos en el plano cualitativo», desgrana el sociólogo de la URV Àngel Belzunegui.

Es decir, no se puede hablar de éxodo juvenil, pero sí de fuga de cerebros que, por puntual que sea, no es menos grave. «Para cuadrar sus cuentas, muchas veces los países se ven abocados a hacer cosas inmediatas. El paro juveniles minar las capacidades de un país a largo plazo. En nuestro caso, invertimos en formación y quienes lo disfrutran son países como Francia o Alemania. Es un problema grave», explica Xavier Puig. Y, por si el drama fuera poco, vino el ‘incendio’ provocado por la Ministra de Trabajo, Fátima Báñez, que llamó «movilidad exterior» a la fuga de jóvenes. «La política es el arte del eufemismo. Cuando la Ministra dice eso intenta desdramatizar la idea de irse fuera, que difícilmente tenga una vertiente positiva. En el mundo de las migraciones, el retorno es la eterna promesa, así que pasen 20 años. El discurso de la ministra es eufemístico y algo frívolo». «Hemos entendido que el mercado de trabajo es global, lo que ocurre es que ahora se van fuera por necesidad», apunta Tous.

¿Una generación perdida?

Todo ello, además, en el caso de los jóvenes formados y con idiomas, porque con el resto, irse fuera sería una aventura sin sentido. «No hablamos del Vente a Alemania, Pepe, y la emigración de los años 70, cuando Alemania necesitaba mano de obra poco cualificada», explica Tous.

Una chica tarraconense que trabaja de aupair en Irlanda y un chaval instalado en Alemania y que sirve copas en un bar son ejemplos de la cara más árida de la emigración. En ambos casos son licenciados, así que si a ellos les espera un futuro incierto, aún más a esos miles de jóvenes de Tarragona que aguardan en la cola del paro y que no tienen formación, y en algunos pasos expulsados con furia por el estallido de la burbuja de la construcción.

La batalla contra ese paro juvenil que quema y duele va a ser más concienzuda. Europa destinará cerca de 1.000 millones de euros, como un intento desesperado de corregir lo que se ha hecho mal, entre otras cosas el abandono escolar, tras el que subyace el problema. «Muchos salían del colegio y se ponían a trabajar. Habría sido conveniente que hubiern estado obligados a seguir formándose. Ahora no hay ni los recursos ni la disponibilidad de hacerles volver al instituto. Ahora, sería adecuado priorizar las jubilaciones o las prejubiliaciones a cambio de contratos juveniles», sugiere Jordi Tous.

El drama es tan agudo que se reclama rapidez de actuación, urgencia y, sobre todo, inversión –nada de políticas de austeridad– para evitar que desempleo y emigración juvenil acaben produciendo una generación perdida.

La provincia acumula ya 51.400 desempleados menores de 35 años

Anexo:

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