Carpetazo judicial a las tropelías de Blesa
Los dos temas que han conmocionado a la sociedad española esta semana son la subida de la luz y las golferías de Blesa.
Sobre el primer asunto, el incremento del precio de la electricidad del
11 por ciento de una sola vez, muestra por sí solo que el sistema de
fijación de precios no funciona. El ciudadano paga la electricidad más
cara de Europa porque el primer Gobierno de Aznar metió en la tarifa
desde el coste de la moratoria nuclear hasta las subvenciones al carbón.
Su sucesor, Zapatero, aprendió rápido y aplicó al recibo el sobrecoste
de las renovables. La broma nos cuesta cerca de 30.000 millones de
déficit, que pagamos entre todos, y una luz cada vez más cara.
El ministro de Industria, José Manuel Soria, habló ayer de manipulación
de la subasta. Los documentos que aporta hoy elEconomista muestran cómo
los brokers (bancos de inversión) que compran y venden en la bolsa
eléctrica para determinar el precio futuro de la luz especularon todo lo
posible para lograr el máximo beneficio. Una actuación que está en la
naturaleza de su negocio y es completamente legal.
Aquí comienzan los problemas. Especular forma parte de la actividad
diaria de millones de ciudadanos. Sin ir más lejos, todos los inversores
en bolsa. Competencia suspendió ayer la subasta del jueves. Pero ahora
tendrá que hacer frente a la reclamación de las entidades que se jugaron
legítimamente su dinero en la bolsa eléctrica.
La cuestión no es si hubo o no manipulación, sino que el modelo para fijar el precio de la luz es especulativo y no siempre refleja la realidad. Los
informes que maneja el Ejecutivo es que la electricidad debería haber
bajado alrededor del 5 por ciento. Pero calcularlo por decreto es un
riesgo aún mayor que dejarlo al libre albedrío del mercado. El Gobierno
cerró por decreto el mercado de forma temporal. Pero no puede
suprimirlo. Por eso, además, de cambiar el llamado pool eléctrico, que
sirve para determinar el coste día a día, habrá que introducir
mecanismos que impidan que la especulación se desborde. Se baraja la
celebración de subastas mensuales en lugar de trimestrales y con fechas
movibles, para aprovechar las condiciones climatológicas favorables. Una
opción ya existente, que Industria pasó por alto.
No afecta tanto al bolsillo, pero el affaire de Miguel Blesa es un
autentico escándalo. Javier Romera, nuestro jefe de investigación,
desvela hoy en elEconomista que el juez Juan Antonio Toro ordenó
paralizar las pesquisas sobre la venta del City Bank de Florida. Blesa
pagó por este banco, que intentó utilizar para hacer negocios con Aznar
en América, 1.117 millones de dólares. Un coste disparatado, según el
Banco de España. La pregunta es donde fue a parar el supuesto sobreprecio abonado.
Buena cuestión. Es evidente, que no sería tan torpe de enviar una
transferencia a un paraíso fiscal a su nombre o el de sus colaboradores.
Los pagos se realizaron probablemente por servicios ficticios, como
informes de asesoramiento, etc. Por la existencia de estos indicios, el
juez Elpidio Silva encarceló a Blesa y solicitó información al FBI sobre
varias operaciones y algunas personas que aparecen en los correos de
Blesa, como Carlos Agag, hermano de Alejandro, yerno del matrimonio
Aznar, que aparece en operaciones en Cuba y Venezuela.
La Audiencia Nacional jamás dio trámite a la solicitud de Elpidio Silva,
lo que obligó a excarcelar al exbanquero, y el magistrado sustituto,
que acaba de tomar las riendas del caso, lo primero que hace es parar la
investigación. Las sospechas provienen porque quien manda en la
Audiencia Nacional es el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón,
uno de los grandes amigos de Blesa, como muestran los correos. Gallardón
fue su colaborador necesario en varias aventuras empresariales. El
exalcalde ofreció, por ejemplo, a Blesa desde el Ayuntamiento, un
palacete para albergar la colección de arte del pintor Gerardo Rueda,
que Aznar estaba empeñado en que adquiriera la caja.
Curiosamente, el fiscal de Madrid, Manuel Moix, bajo las órdenes
directas de Gallardón, acudió a los medios a denunciar a Elpidio Silva
por presunta prevaricación y posteriormente logró apartarlo de la causa.
Todo parece obedecer a una cuidada estrategia consistente primero en
fabricarle una fama de loco peligroso, después apartarlo del caso y por
último paralizar la investigación para que el asunto sea enterrado.
También
habría que preguntar a Gallardón por qué la Fiscalía se niega a abrir
diligencias sobre el presunto tráfico de influencias que se trasluce de
los correos de Blesa. O por qué el exbanquero se dedica a
descalificar al magistrado que lo iba a juzgar sin ningún tipo de pudor.
Un comportamiento temerario por parte de cualquier imputado frente a su
juez. Se ve que Blesa se siente protegido por Gallardón y por eso es
capaz de desafíar a la misma Justicia. El inconveniente es que con ello
se encubre a un presunto delincuente.
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