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Los avales dejan al PP en fuera de juego
El
pasado mes de abril, una interpelación parlamentaria puso en alerta a
la mismísima Comisión Europea, que se vio obligada a iniciar unas
investigaciones por la política de ayudas del gobierno de la Comunitat
Valenciana a sus clubes de fútbol de elite. Un apoyo público a empresas
privadas deportivas sin precedentes documentados y que, paradójicamente,
ha supuesto finalmente la puerta a la autodestrucción de algunos de
ellos gracias a los paralelos proyectos urbanísticos fracasados que
nacieron con aquellas alianzas. Una política que fue denunciada
ininterrupidamente por Levante-EMV, que advirtió de los graves riesgos
en la firma indiscriminada de aquellos avales como de las operaciones
inmobiliarias que iban emparejadas.
Los números están ahí. Son terroríficos. Insultantes para los ciudadanos
de una autonomía a la que aquella actitud complaciente se le ha vuelto
en contra. El efecto boomerang es evidente. El Consell tiene graves
asuntos pendientes con los bancos, con la millonaria deuda del
propietario del Valencia „la Fundación VCF„ a Bankia (85,2 millones de
euros) como foco principal de atención. Como epicentro de un terremoto
económico acompañado de diferentes demandas que han situado al club más
representativo de la C. Valenciana al borde del precipicio. Y al Consell
como autor de otra gran irresponsabilidad.
La apuesta de Francisco Camps, fiel centinela de la estrategia de
Eduardo Zaplana, de apostar por los grandes eventos deportivos también
llegó al fútbol. En plena hegemonía y euforia del PP en la Comunitat,
no hubo reparo en parchear los agujeros financieros de los grandes
equipos sin ningún rubor. Mientras su órgano propagandístico (RTVV)
publicitaba la apuesta de aquel gobierno por el progreso y la imagen de
la Comunitat, el dinero se escapaba a espuertas por los desagües. El
fútbol es, hoy, otro de los culpables de la ruinosa situación del pueblo
valenciano.
Con aquella pregunta parlamentaria, realizada por el eurodiputado socialista Andrés Perelló, se
denunciaba por qué la Generalitat Valenciana había avalado préstamos
por valor de 118 millones de euros al Valencia CF, Elche CF y Hércules
CF, todos ellos sociedades anónimas de titularidad privada. ¡118
millones! A este dinero hay que sumar otros 6 millones garantizados por
el mismo régimen, en este caso el Ayuntamiento de Valencia, a un crédito
a favor del Levante UD, el único de todos ellos que se declaró en
concurso de acreedores. El resto no se atrevió. Pero, en realidad,
todos evitaron la disolución gracias a la intervención del partido del
gobierno, con firmas de avales a diestro y siniestro, sin pensar en las
consecuencias, que hoy son desastrosas.
El pacto entre el PP
y los clubes de fútbol para evitar la liquidación, y tratar de
aprovecharse después de operaciones urbanísticas que en ningún caso han
llegado a fructificar, fue clonado en todos los casos. Una «fórmula
modelo» se puso en práctica. Ante la necesidad de dinero, el club
proponía una ampliación de capital. La mayoría accionarial era entonces
suscrita por la Fundación del club „cuyo espíritu original cambió
radicalmente„, gracias, en todos los casos, a la petición de un préstamo
millonario. Todos los créditos eran avalados entonces por el Instituto
Valenciano de Finanzas (IVF), el órgano financiero de la Generalitat,
convertido de repente en la «casa de la caridad» del fútbol autonómico.
Lo que pasó después ya lo sabe todo el mundo. Las fundaciones,
instituciones con unos limitados ingresos económicos, nunca estuvieron
preparadas para responder a sus obligaciones con los bancos. «No pasa nada, la Generalitat lo pagará todo», llegó a decir el presidente de uno de estos clubes en una conversación privada.
Efectivamente, el avalista comenzó a responder ante los primeros
impagos con el dinero de todos los valencianos, sean o no aficionados al
fútbol. El Hércules fue el primero en caer. Amplió capital por valor de
18 millones y las acciones fueron suscritas por su Fundación. En 2010
no pudo hacer frente a su primera cuota, de 500.000 euros. El IVF tuvo
que responder a los 18 millones ante el Banco Sabadell-CAM, que enero de
2012 ejecutó el aval. Valentín Botella y Enrique Ortíz quedaron como
principales acreedores.
El Valencia fue el que había ideado la fórmula, ante su asfixia
económica, con una ampliación de 92 millones de euros 2009. Tras una
suscripción de títulos por los accionistas, la Fundación se quedó el
club en propiedad con 70,4 por ciento de la masa accionarial. Francisco
Camps aprobó una arriesga operación. La extinta Bancaja, con José Luis
Olivas a la cabeza, prestó los 75 millones. Hoy, su banco matriz,
Bankia, apenas ha cobrado 1,2 millones de euros de intereses de la
Fundación. El Consell tuvo que desembolsar el primer plazo, de 4,8
millones. Una demanda del abogado valenciano Andrés Sanchis ha imputado a
los responsables de aquella ampliación, y está por ver como terminará.
Otra demanda anuló el aval del IVF, un problema grave para que la
Fundación y el Valencia refinancien sus préstamos. La situación es
dramática, porque Bankia quiere cobrar y nadie le puede pagar. Todo iba
emparejado a la venta de las parcelas de Mestalla, que iban a permitir,
al mismo tiempo, construir un nuevo estadio. Hoy el Valencia sobrevive
con la venta de sus estrellas y el recinto nuevo lleva cuatro años
paralizado. La economía del club está bloqueada. Igual que la polémica
«operación Porxinos». El expresidente Juan Soler reconoció en su día
haber dado un «pelotazo» urbanístico por los terrenos que el Valencia
compró en Ribarroja para construir su futura ciudad deportiva. Aquel
terreno continúa virgen. Entre las denuncias de los vecinos y la falta
de financiación del club, aquel proyecto está totalmente estancado.
El Elche fue el último en subirse al tren de los avales. En febrero de
2011 recibió dos préstamos por valor de 14 millones „9 de la CAM y 5 del
Banco de Valencia„ para cubrir una ampliación de capital. El Consell,
como garante, tuvo que responder al primero.
El Villarreal es el único que no ha recibido un préstamo avalado. Pero
en sus arcas ha entrado dinero público: por patrocinar el Aeroport de
Castelló „que nunca ha llegado a funcionar„ y por los derechos de su
mascota, propiedad de la extinta Radio Televisión Valenciana.
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