para ir de flor en flor a lo mejor no habría que comprometerse, ¿no?
parece otra etapa de la "liberación" de la mujer, aunque también se podría definir con otras palabras, claro..
Parejas abiertas, ¿funcionan?
En la cultura de los indios mohave de Norteamérica, las mujeres casadas
no tienen impedimento en mantener relaciones con otras. Los kuikuru,
habitantes de la selva brasileña, asumen la libertad sexual como parte
fundamental de la convivencia. Entre algunos pueblos esquimales existe
la llamada hospitalidad femenina, por la que las esposas pueden
acostarse con terceros para estrechar vínculos de amistad. En Magaia,
una isla ubicada en el Pacífico, los jóvenes se inician en el sexo
siempre con mujeres casadas, con el consentimiento de sus parejas. Una
costumbre secular en otra tribu americana es que la esposa encinta elija
entre sus amigas quién la sustituye en el lecho conyugal hasta que dé a
luz.
¿Qué entienden todos ellos por fidelidad? Es evidente que en su
definición no se contempla la exclusividad como pilar de una relación
amorosa. Tampoco lo es para quienes en esta sociedad de parejas cerradas
a cal y canto han decidido romper códigos y vivir sus afectos con
reglas propias. "Más del 50% de los matrimonios acaban en divorcio. Algo
no funciona en el tipo de relaciones que establecemos y yo creo que el
sexo tiene mucho que ver en ello", afirma Noelia, casada desde hace 23
años y decidida desde siempre a vivir el amor en libertad. "Nosotros nos
lo planteamos en un principio. Nada de sentirnos atados, esclavos
sexuales del otro y de los convencionalismos que nos imponen. Los dos
necesitamos sentir que tenemos una convivencia feliz, que no concebimos
la vida el uno sin el otro, y que cuando estamos juntos es porque
queremos, no porque debemos. Lo que hagamos fuera de casa importa poco."
El doctor José Díaz Morfa, psiquiatra y presidente de la Asociación
Española de Sexología Clínica, maneja estudios que afirman que entre el
5% y el 8% de las relaciones estables podrían considerarse como parejas
abiertas, en las que el sexo con terceros se consiente. "Ese tipo de
unión solo es viable si la forman personas seguras de sí mismas, con un
criterio propio poco influenciable y menos dependientes del otro. Y si
funcionan es precisamente porque hay un amor profundo y sano que
demuestra ante todo respeto", afirma el especialista. Sin embargo, al
igual que en las parejas convencionales, a menudo los vínculos se
establecen sobre acuerdos viciados: "Uno de los dos puede admitir que la
relación sea libre como una forma de canalizar su inseguridad: 'No
quiero perderte, por eso te permito que estés con otros'. En ese caso el
conflicto es inevitable y las posibilidades de fracaso se disparan",
añade el doctor.
"En un mundo sin ideas preconcebidas, la libertad dentro de las
relaciones sería un elemento enriquecedor." Marta Ibáñez Sainz-Pardo,
psicóloga especialista en terapia sexual
El filósofo y pedagogo José Antonio Marina afirma que «somos un híbrido
entre biología y cultura», lo que resultaría una respuesta diplomática
al debate abierto desde siempre entre los que buscan argumentos para
explicar las conductas humanas en los genes o en las costumbres, en la
moral o en lo instintivo. El amor y el sexo son campos de batalla para
ambos bandos: ¿qué nos impulsa a permanecer fieles, o al menos a
intentarlo? ¿Acaso una relación resulta mejor si es exclusiva? Marta
Ibáñez Sainz-Pardo, psicóloga especialista en terapia sexual, tiene una
respuesta a partir de su experiencia profesional: "Es muy posible que
las parejas abiertas sean una opción más natural. La monogamia es solo
parte de una convención cultural, que te dice cuál es el amor correcto.
En un mundo sin ideas preconcebidas, la libertad dentro de las
relaciones sería un elemento enriquecedor. Pero claro, eso es pura
teoría, porque la carga de nuestra educación es demasiado pesada".
"Yo lo intenté, pero no podía evitar los celos y la culpa." Luisa es
divorciada, aunque ella no ha dejado de estar enamorada de su pareja. Lo
primero que aclara al relatar su experiencia es que no se sintió
obligada por él a establecer una relación abierta. "No, yo también
estaba convencida de que era lo más racional y equilibrado. Pero luego
la realidad y los sentimientos me desbordaron. Durante mucho tiempo no
hubo terceras personas. Fui la primera que probó. Se lo conté, claro, y
él lo aceptó perfectamente. Me sentía mal. Luego supe que de vez en
cuando se acostaba con una chica del trabajo... Fue muy duro. Le dije
que no podía seguir con ese tipo de relación y todo empezó a ir mal. Fue
él quien decidió divorciarse."
Una pareja abierta no significa que no se establezcan normas. "Al
contrario, todo hay que tenerlo muy bien atado", apunta Marta Ibáñez.
"El acuerdo entre ambos ha de ser claro y debe recoger los aspectos en
los que se van a basar tanto la relación propia como las ajenas." En el
caso de Luisa, ella rompió el acuerdo y eso generó un conflicto. "En
última instancia todos tendemos a controlar lo que ocurre a través de un
código compartido. 'Sé lo que está pasando y estoy conforme mientras se
cumplan las reglas'. No las sociales, sino las que ellos establecen.
Cuando no es así, el sentimiento de traición es el mismo que el que
produce la infidelidad en una pareja convencional", subraya Díaz Morfa.
Por la consulta de Stephen J. Betchen, especialista en terapia de
familia en la Universidad Thomas Jefferson (EEUU), han pasado varios
casos que demuestran cómo las conductas más liberales fijan sus propias
líneas rojas. Jan y Tim llevaban ocho años casados y seis de relaciones
abiertas, bajo una condición: no podían tener más de cuatro encuentros
sexuales con el mismo amante. La crisis llegó cuando Jan no supo
renunciar a la intensa experiencia física de una de sus aventuras.
Finalmente lo hizo, pero Tim fue incapaz de superar el desconcierto y la
inseguridad que le provocó la situación. También les fue bien durante
mucho tiempo a Pat y Sean, hasta que ella tuvo sexo con un desconocido
en la cama del matrimonio. Sean entendía que su casa y su dormitorio
eran espacios íntimos que solo ellos podían compartir. Cambió el
mobiliario de la habitación, pero esto no le ayudó a dejar de sentirse
traicionado. Fue el mismo sentimiento que Jake experimentó cuando
Allison, su mujer, le planteó que además de sexo deseaba compartir
sentimientos con otros hombres. Él se negó y ella le dejó.
"Se siente la pareja estable como algo que nos aísla del entorno y nos
hace menos atractivos." Rosario Castaño, directora de Psicología y
Sexualidad del Instituto Palacios
La fidelidad, como sinónimo de exclusividad, hace aguas. Aunque quizá
siempre las ha hecho. Un estudio de la empresa Sondea realizado hace un
par de años establecía que algo más de la tercera parte de la población
adulta en España había sido infiel en algún momento. El porcentaje era
similar en hombres y mujeres. Esa cifra se elevaría hasta el 50% en
ellos y el 40% en ellas en el caso de tener la total seguridad de que
sus parejas nunca lo iban a saber. No parece por tanto tan extraño que
algunas relaciones intenten convertir una realidad innegable en una
normalidad que no perturbe su vida en común, eliminando obligaciones,
engaños e hipocresías que condicionan el amor.
"Se vive con la obsesión de seducir y de mostrar lo mejor de cada uno,
por eso con frecuencia se mira hacia fuera de la pareja con la sensación
de estar perdiéndose algo interesante", afirma Rosario Castaño,
directora de Psicología y Sexualidad del Instituto Palacios. "Se siente
la pareja estable como algo que nos aísla del entorno y nos hace menos
atractivos." Cambiar esa percepción requeriría reformular de alguna
manera las relaciones: "Observo en mi consulta que las personas con
capacidad para tolerar la frustración; para confiar en sí mismos y, por
lo tanto, en la pareja; de ser empáticos y de explorar emociones propias
a través de la intimidad tienen más posibilidades de crear vínculos
afectivos y una relación sólida. Así funciona también en una pareja
abierta, que tiene tantos riesgos de fracaso como cualquier otra. Lo
importante son las reglas entre ellos, sobre todo las inconscientes, que
son las que más influyen".
Noelia comparte esa visión: intimidad, complicidad, respeto al código
acordado. "Esa manera de entender nuestro amor nos llevó a no poner
límites donde no era necesario, o a volverlos a establecer cuando lo
consideramos oportuno. Nuestra pareja se convirtió en exclusiva al tener
a los niños. Pensamos que nada nos podía distraer de la tarea de ser
padres. Cuando ellos han crecido, la hemos vuelto a abrir. Eso no quiere
decir que nos hayamos lanzado a buscar sexo fuera, solo que si surge no
lo rechazamos. De hecho, hace dos años que ni busco ni surge ni lo
necesito."
Como suele decirse, cada pareja es un mundo con leyes propias en el que
no existen fórmulas de éxito ni seguros contra el fracaso. En efecto,
así lo demuestra el incremento casi continuo de separaciones. Quizá el
mayor problema radique en ofrecer una sola horma en la que todos
encajen. "Poseemos unas ideas sobre la pareja que no se corresponden con
lo que necesitamos en realidad", concluye la psicóloga Marta Ibáñez.
"Es lógico que se busquen nuevos caminos, que se llegue a otros
acuerdos. Alcanzarlos solo tiene una senda: hablar para entender y
complementarse de verdad."
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