un inútil que en pleno 2008 (cuando los pisos habían subido más del doble) con informes y los datos en la mano aún negaba la "burbuja inmobiliaria", que aseguró que hispanistán tenía el "mucho más mejor sistema bancario de la galaxia", y que la crisis era una "leve desaceleración de la economía, con un leve crecimiento negativo"..
que no dudó en seguir sus "ideales" para gastar ingentes cantidades de "dinero público" (que encima no tenía.. todo se hacía vía deuda.. y el siguiente ya pagará..) en nombre de la "Alianza de Civilizaciones", que tan buenos frutos ha dado..
un inepto que en nombre de la "igualdad", acabó, precisamente, con la igualdad, estableciendo el "delito de género" (para los mismos delitos, si el agresor es de sexo masculino, supone automáticamente una condena mayor)..
un ignorante que se rodeó de más ignorantes, que fue incapaz de hacer nada contra la corrupción, el nepotismo y el despilfarro.. todos recordarán por ejemplo los famosos "Plan E" de levantar y volver a poner aceras..
disfruten lo votado,
Zapatero exculpa a Zapatero
El expresidente está convencido de su particular papel en la historia
La última pandemia que trae la crisis viene en forma de autobiografías exculpatorias.
En
Estados Unidos acaba de hacerlo Alan Greenspan, el que fuera presidente
de la Reserva Federal y quien dio alas a las trampas financieras que
provocaron la crisis; por supuesto, diciendo que él no tuvo culpa de
nada. Aquí en España ya ha publicado la suya Aznar, el gobernante que en
mayor medida alimentó la burbuja inmobiliaria, aunque no habla nunca de
ello; y también Pedro Solbes, un genuino defensor de las políticas que
han desarmado a los estados para favorecer a los intereses privados, impidiendo así que pudieran hacer frente a la hecatombe que se les vino encima, aunque él culpa de todo a Zapatero. Pero es este último quien a mi juicio bate el récord de memorables despropósitos.
Alguna de las cuestiones concretas que menciona me han producido tanta sorpresa como indignación.
La que más, la escandalosa publicidad que a buena hora le da a la carta
que en agosto de 2011 recibió del Banco Central Europeo indicándole las
medidas que debían tomarse en nuestro país, y que él primero y luego
Rajoy han puesto diligentemente en marcha. Es increíble la desfachatez
de Zapatero al publicar ahora para vender libros la carta “estrictamente
confidencial” cuya existencia descartó en su día y sobre la que se negó
a informar a representantes del pueblo cuando le preguntaron sobre
ella. Otra, que Zapatero afirme que la reforma a traición de la
Constitución para incorporarle la llamada “regla de oro” fue idea suya
(¡valiente orgullo!), cuando es obvio que antes la habían reclamado
Merkel y Sarkozy.
Pero con independencia de esas cuestiones hay otras dos que me parece terrible que las exponga alguien que ha tenido y tiene tanta responsabilidad política.
La
primera, su empeño en hacer creer que las decisiones que tuvo que tomar
cuando la crisis estallaba eran su dilema personal, lo que justamente
da pie al título del libro El dilema. No voy a entrar en si lleva
razón o no con el argumento del mal menor que utiliza para exculparse y
afirmar que obró bien porque hacer lo contrario hubiera sido peor. Eso
es lo de menos. La cuestión fundamental es que todavía no se haya
dado cuenta de que ese dilema no era el suyo personal sino el que, en
todo caso, tenía derecho a resolver libre y democráticamente el pueblo
español. Lo que hizo Zapatero al asumirlo como propio fue hurtarle ese
derecho a la ciudadanía. Y tan convencido está de su particular papel ante la historia que no
le da vergüenza recordar por escrito que recriminó al expresidente
griego Papandreu por tratar de consultar a su pueblo sobre lo que se
debía hacer frente a la crisis.
La segunda deriva
precisamente de todo lo anterior. Es realmente expresivo de lo que nos
está pasando que un ex presidente del Gobierno reconozca por escrito que
no vivimos en democracia sino en dictadura, porque son poderes ajenos
al pueblo y a sus representantes los que toman las decisiones que a
estos les correspondería tomar si viviéramos en una auténtica
democracia. No se puede mostrar más claramente que nuestras instituciones no son lo que nos dicen sino una farsa y, sin embargo, ni pasa nada, ni a nadie se le ocurre actuar contra quienes la han hecho posible.
Dice el Premio Nobel de Economía Paul Krugman que Greenspan no solo
actúa como un mal economista sino también como una mala persona cuando
intenta eludir sus responsabilidades por las medidas que tomó, y me temo
que algo parecido cabe pensar que le ocurre a ex gobernantes como
Zapatero que miran a otro lado después de haber impedido que sus pueblos
hayan sido libres y soberanos.
Aunque aquí no solo hay responsabilidades personales. También la tienen los socialistas españoles. Quienes sinceramente desean regenerar su partido para ponerlo al servicio de los más débiles no
creo que puedan tener mucha credibilidad si en lugar de criticar y
rechazar esa etapa siguen dando homenajes y riéndole la gracia a ZP y a
quienes con él traicionaron sus ideales.
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