la exmujer ya está con otro, y pretende desahuciar a sus propias hijas, a las que ya ha cortado agua y luz,
lo único que se deduce es que las chicas y los vecinos van a acabar bien informados sobre las consecuencias de las leyes de la "violencia de género",
Sufre un infarto cuando su exmujer intentaba echar de la casa a sus hijas
Un cable eléctrico conectado a la vivienda de su abuela les permite
obtener luz y de una acequia sacan el agua necesaria para limpiar la
vivienda. Ésas son las condiciones en las que están malviviendo Ainhoa y
Adriana desde que su madre intentó desahuciarlas, como a su exmarido,
José López, el pasado junio. El intento de alzamiento se saldó con la
salida voluntaria del inmueble del padre -que era contra el que iba la
orden judicial- y con una denuncia de las hijas contra su madre por
haberles cortado el agua y la luz.
La querella se iba a resolver en los juzgados el próximo marzo, pero los
acontecimientos se precipitaron ayer cuando la exmujer se personó en el
chalé, situado en el número 39 de la avenida Rincón de Seca, en la
pedanía murciana de La Raya, con la antigua orden de desahucio y
acompañada por un cerrajero. La visita terminó con un despliegue
policial de película. Cuatro coches patrulla, cuatro motos, con doce
agentes de la Policía Nacional, tuvieron que lidiar con vecinos y
familiares de Ainhoa y Adriana, que se arremolinaron en torno a la
puerta para impedir a la madre que accediese al inmueble, que fue
escriturado a su nombre.
«Estaba dentro de casa cuando empecé a escuchar golpes en la reja y a mi
madre gritar: '¡Voy a entrar por las buenas o por las malas!'. Me
asomé, y la vi acompañada de un cerrajero y de una pareja de policías
nacionales», relataba muy afectada Adriana. «Un policía entró en mi casa
para explicarme que mi madre iba a entrar, pero me enseñó la orden de
desahucio de junio de 2013. Al final no entró porque su compañero le
dijo que con esa orden no era suficiente, y le dijeron a mi madre que
tenía que ir al juzgado», explicó la joven de 27 años.
Desde la Jefatura de la Policía Nacional de Murcia negaron que algún
agente acompañase hasta la vivienda a la madre. Las mismas fuentes
precisaron que los policías solo acudieron «a restablecer el orden
público, no fueron a un alzamiento».
Lo que está claro es que la visita de la exmujer volvió a caldear los
ánimos de los vecinos, que ya el pasado junio impidieron al cerrajero de
la comisión judicial que cambiase las cerraduras del chalé. Tal escena
se volvió a repetir ayer, cuando medio centenar de amigos y familiares
formaron una barrera humana delante de la puerta, intercambiando
impresiones con los agentes y llegando a insultar a la madre de las dos
jóvenes. De hecho, ésta tuvo que refugiarse dentro del coche, junto a su
pareja, de nacionalidad boliviana, porque sus dos hijas se abalanzaron
contra el turismo. La mujer respondió a las amenazas y gritos mostrando
al respetable, desde el vehículo, el dedo corazón.
«Esta historia tiene muy mal final», murmuraba Santi Mirete, una de las
vecinas de La Raya, después de que la Policía y la mujer abandonasen la
pedanía. No andaba equivocada porque el padre de las dos jóvenes, José
López, de 50 años, acabó sufriendo un infarto y tuvo que ser atendido
por familiares mientras que llegaban los servicios médicos. Ni las
lágrimas de sus hijas, ni el paño mojado que le pasaban por la cara para
rebajar su tensión evitaron que repitiese una y otra vez: «Mi exmujer es el diablo; mis hijas están en peligro».
El corazón de este encofrador, que está en paro desde hace cuatro años y
que vive de prestado en un piso de Alcantarilla, desde que fue
desahuciado, no aguantó más penas y ayer dijo basta. Por suerte, fue
operado con éxito en el hospital Virgen de La Arrixaca, donde quedó
ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Tras la
intervención, sus hijas acudieron a la Comisaría del barrio del Carmen
para denunciar las supuestas amenazas que recibieron de su madre;
algunas tales como «sois una gentuza, vamos a rajar a toda la familia».
Allí coincidieron con su madre y su novio, que también
denunciaron lo ocurrido. Este diario llamó a la mujer para recabar su
versión, pero ésta se limitó a colgar el teléfono. Al cierre de esta
edición José permanecía en observación en la UCI. Mientras, sus hijas
regresaron al chalé que se ha convertido en el caballo de batalla de una
familia que antaño fue feliz.
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