La reforma fiscal o el nuevo expolio de Rajoy
Decía mi maestro Enrique Fuentes Quintana: “En este fraude de
democracia que nos han impuesto, cuando un ministro de Hacienda quiere
ingresar más, lo más cómodo técnica y políticamente, y también lo más
injusto, aunque eso les da igual, es exprimir el limón más aún”.
Enrique Fuentes se refería a cómo manteniendo los tipos impositivos
inalterados (o bajándolos marginalmente en renta y sociedades, como
piensa hacer Rajoy), se podían incrementar los ingresos
considerablemente sin más que eliminar deducciones y, además, pagando
los de siempre: los que cobramos una nómina.
A este inmenso colectivo que constituimos la clase media y la clase
trabajadora que trabajamos para terceros, Hacienda nos tiene bien
cogidos por el cuello. Nada más sencillo, pues, que apretarnos las
tuercas, hasta que se nos salga la lengua. Era lo que el profesor
Fuentes denominaba “exprimir más el limón” y Mariano, en su lenguaje
mendaz y perverso, habla de “hacer más eficiente la recaudación”. En una
reciente encuesta realizada por PricewaterhouseCoopers (PwC) entre casi
400 fiscalistas, responsables de impuestos de empresas, profesores,
etc., sobre los efectos de la reforma fiscal, un 70% opinaba que los
ciudadanos verían incrementada su ya insoportable presión fiscal, ya que
el régimen tributario español combina las tasas más altas de Europa con
las recaudaciones más bajas.
Este panel de expertos concluye lo obvio, lo que algunos llevamos años
defendiendo: la “urgencia de reducir el número de ayuntamientos y de
funcionarios para consolidar las cuentas públicas y alcanzar los
objetivos de déficit comprometidos con Bruselas”. También cuestiona el
papel de las diputaciones, aunque los consultados son pesimistas
respecto a que esto ocurra. Claro, Citi o Goldman, a las que el FROB
encarga privatizar Bankia, si tienen que decir que la economía mejora,
pues faltaría más, lo dicen. Todo lo contrario que el gran fondo ruso
Renaissance, que se pregunta "¿hasta cuándo los españoles van a poder
aguantar un expolio y un grado de dolor como nunca antes en una sociedad
moderna?”.
De cómo Rajoy piensa expoliar más aún a los españoles
Rajoy, cuya principal especialidad después de la cobardía y la alergia
al trabajo es la mentira, no cesa de predicar que va a bajar los
impuestos, aunque, cuando hace unos días le preguntaron cuándo será y
cuánto bajarán, contestó con su estilo habitual: “No adelantemos
acontecimientos”. Pero vamos a ver, ¡pedazo de tramposo!, ¡cómo que no
adelantemos acontecimientos!, si juraste que las brutales subidas de
2012 durarían sólo dos años hasta 2013 y ahora resulta que son otros dos
más o los que os dé la gana, y, además, nunca volverán a los niveles de
2011. Como afirmaba el insigne D. Miguel de Unamuno: “Los españoles
somos un pueblo enseñado a huir de la verdad, a transigir con la
injusticia y a soportar la opresión”. Es nuestra situación hoy,
prefieren la mentira ilusa a la verdad amarga.
A este inmenso colectivo que constituimos la clase media y la clase
trabajadora que trabajamos para terceros, Hacienda nos tiene bien
cogidos por el cuello. Nada más sencillo pues, que apretarnos las
tuercasDe todas maneras, quien lo ha dejado claro ha sido Montoro, que,
por una vez y sin que sirva de precedente, enloquecido como está en
hacer todas las trampas del mundo para sacar una cifra de déficit
“decente”, se le ha escapado la verdad ante la Comisión designada para
vestir el muñeco. Lo vendéis como queráis, racionalizar, simplificar,
modernizar o pintarla de colores, pero “la reforma tiene que dar como
resultado el recaudar más”. Y es que no tienen otra; en medio de las
falsas esperanzas de recuperación, hasta el BdE acaba de rebajar la
previsión de crecimiento del Gobierno para 2014 al 0,8%. Muy malas
tienen que ser las perspectivas para que estos mentirosos profesionales,
que vienen hinchando todas las cifras desde 2008, rebajen las
perspectivas de crecimiento, y es que están cada vez peor.
La financiación al sector privado ha intensificado su caída en los
últimos meses. La aportación del sector exterior al crecimiento ha
pasado a ser nula. Los indicadores más recientes de actividad se están
desacelerando; el consumo de electricidad corregido de temperatura y
calendario descendió en enero un 1%, frente a un aumento del 1,5% en
diciembre; el de gasolinas cayó un 4,1% en diciembre frente a un -1,8%
en noviembre; el índice de producción industrial (IPI) se debilitó en
diciembre al -0,3%, 1,2 puntos menos que noviembre.
Los indicadores del sector de la construcción siguen desplomándose, como
la obra pública o la compraventa de viviendas. Las ventas de grandes
empresas cayeron un 0,1% en diciembre frente a una subida del 0,3% en
noviembre, y el índice de comercio al por menor deflactado cayó el -1,0
%, a pesar de la paga extra, frente a una subida del 2,8% en noviembre.
¿De dónde sacan, no ya este Gobierno de trileros y sus palmeros, sino
los analistas independientes que la situación económica está mejorando?
El resultado es que las bases imponibles –la cantidad de dinero sujeta a
impuestos– se han derrumbado un 24% desde 2007, pero es que sólo en
2013 han caído un 3,9%, lo que es incompatible con una caída oficial del
PIB de únicamente el 1,2%. Los españoles somos mucho más pobres de lo
que se dice oficialmente, ya que el PIB no son los 1,02 billones
oficiales, ni de lejos, sino del orden de 800.000 millones. Es el
resultado de la sobrevaloración sistemática de las cifras de PIB en los
últimos seis años. Igual que ocurre con los datos de la Central de
Balances del BdE, que recoge una muestra del 12,6% del valor añadido
bruto (VAB) de las empresas no financieras, o sea del PIB. ¿Y qué
tenemos?: que la caída del VAB en los tres primeros trimestres de 2013
ha sido del 4,5%, cifra coherente con el derrumbe de las bases
imponibles, tres veces más que la caída oficial del PIB.
¿De dónde sacan, no ya este Gobierno de trileros y sus palmeros, sino
los analistas independientes, que la situación económica está mejorando?
El incremento de las bases imponibles en ausencia de crecimiento –y sin
que el Gobierno tenga el coraje o la vergüenza para imponer algo tan
sencillo como que todos los españoles somos iguales ante la ley– es
imposible. La gran idea de Rajoy es engañar de nuevo a los españoles
jugando al trile con la bolita y los cubitos. El presidente dice que la
bolita está bajo el cubito que pone “menos impuestos”, pero en realidad
está debajo del que pone “la recaudación tiene que subir”. Esta es la
idea:
1.- De una manera general, subirán los impuestos indirectos y bajarán
los directos, pero sólo en apariencia, porque descenderán los tipos pero
se suprimirán deducciones. El resultado final será una subida de ambos,
“quod erat demonstrandum”, que diría Montoro.
2.- El IRPF es el impuesto que más castiga a las clases medias. No sólo
es el tipo máximo, que se encuentra entre los más altos del mundo con el
52%, lo más grave es el nivel de renta en el que se empieza a pagar el
tipo máximo. Así, en Alemania se alcanza con 230.000 euros y en España
con 52.000. Además, cuando el grueso de las rentas procede de ganancias
de capital, una persona con 500.000 euros de ingresos paga menos que
otra con 100.000 si proceden del trabajo. Y luego la clave de la
“reforma”, las deducciones, que en España a fuerza de exprimir el limón
son ya las más bajas de Europa, y ahora, a cambio de unas reducciones
marginales de tipos, van prácticamente a desaparecer, con lo que el
efecto útil para la familia media española es que pagará más por IRPF y
no menos.
3.- Sociedades. La idea es la misma que en el IRPF, bajar tipos
marginalmente, eliminar deducciones e ingresar más. ¿Qué se apuestan
ustedes a que a las grandes apenas las tocan y las que acaban pagando el
pato son las medianas y pequeñas?
4.- IVA. De momento el tipo general no se toca, aunque pueden apostar su
cabeza que, en cuanto se den cuenta que los ingresos siguen siendo
insuficientes, saldrá Mariano diciendo: “Han cambiado las circunstancias
y no tengo más remedio que adaptarme”. Pero lo que sí hacen es una
canallada: suben brutalmente el IVA de los más pobres, el superreducido y
el reducido. No tienen ni vergüenza ni piedad.
5.- IBI o impuesto de bienes inmuebles. Financia la mitad del gasto
(despilfarro) de los ayuntamientos, otra canallada de primer nivel que
destroza a los más débiles. Las viviendas han bajado de precio entre un
30 y un 50% en seis años, una caída que ha sido más fuerte en las
viviendas humildes. El IBI lo han subido ya más de un 30% y ahora lo
aumentan de nuevo. Colocarán a millones de familias al borde del hambre,
porque si no pagan les quitan la casa y la subastan. Son unos
auténticos desalmados.
6.- Impuestos especiales, carburantes, alcohol y tabaco y
medioambientales. Van a poner las gasolinas y los gasóleos por las
nubes.
7.- Barra libre a ayuntamientos y CC.AA. para subir los impuestos y
tasas locales como se les pase por la mente, o a inventar otras nuevas:
ya van 50 desde 2008.
Aparte, el expolio es la auténtica maldad que subyace en este nuevo
proyecto, que reducirá más aún la renta disponible de las familias y
dejará intactos a los más ricos.
Las dos grandes falacias sobre la presión fiscal
Existen dos grandes falacias sobre la presión fiscal en España, que,
aparte de la ignorancia supina que demuestran sus defensores, llevan
añadido un fuerte componente de miseria moral y perversidad por las
consecuencias que estos indocumentados derivan de ellas. La primera, que
la presión fiscal (ingresos impositivos/PIB) en España es baja
comparada con la del resto de países desarrollados: un 32,9%, frente al
34,6% de media de la OCDE. Como consecuencia, nada más sencillo que
elevarla para resolver todos nuestros problemas de déficit. Claro que,
si en 2007 esta cifra era del 37,3% y después de haber elevado los
impuestos al mayor nivel de nuestra Historia y de la caída del PIB por
la crisis, es matemáticamente imposible que haya bajado.
Los ricos en España no pagan impuestos. La grandes empresas tributan en
la práctica sólo el 8% y las grandes fortunas, gracias a las sicavs
inventadas por el PSOE y mantenidas por el PP, están exentas de la
mayoría de impuestos¿Y qué es lo que no encaja? Pues el PIB, que, como
ya se ha explicado, es del orden de 800.000 millones, muy por debajo de
los 1,02 billones oficiales. Si ponemos la cifra de PIB real, la presión
fiscal es del 41,9%, cifra perfectamente coherente con el 37,3% de
2007, momento en que dicho índice todavía no había empezado a falsearse.
Y con la brutal subida de impuestos experimentada desde entonces.
La segunda, que las bases imponibles son muy reducidas, algo cierto,
pero no sólo por porque el PIB real es más bajo; aquí se añaden temas
más graves porque existen enormes colectivos que escapan al pago de
impuestos. Y eso no es una ficción, es una realidad derivada de la
cobardía política, la connivencia con las élites empresariales y las
grandes fortunas y la incompetencia o falta de medios.
Respecto al primero, son las dos regiones más ricas de España, País
Vasco y Navarra, que mantienen un concierto medieval, ingresan 10.000
millones anuales menos al fisco de lo que les correspondería si
estuvieran sometidos al régimen general. Además, los impuestos del IVA y
Sociedades de las empresas radicadas en estas regiones por productos
vendidos o beneficios obtenidos fuera de ellos no se ingresan en el
Tesoro, sino en las diputaciones forales. Mientras, con las grandes
empresas, como Iberdrola o el BBVA, se aplica el principio de que se
paga donde se produce. El hecho imponible con las medianas y pequeñas es
que las diputaciones se quedan la parte del león o con todo. Como
venden el 80% de lo que producen fuera de sus territorios, son otros
6.000 millones los que Hacienda deja de ingresar.
Luego tenemos lo demás, los ricos en España no pagan impuestos. La
grandes empresas con una fiscalidad teórica en Sociedades del 30% pagan
sólo el 8%; las grandes fortunas, gracias a las sicavs inventadas por el
PSOE y mantenidas por el PP, están exentas de la mayoría de impuestos;
las profesiones liberales, desde médicos a fontaneros, escapan en su
mayor parte al IVA y al IRPF y hay actividades que tributan a base de
módulos o similares que escapan a la mayor parte de impuestos. En
España sólo pagamos impuestos la clase trabajadora y la clase media que
cobra una nómina, además de las pequeñas y medianas empresas. Somos el
limón que ahora volverán a exprimir.
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