La economía de Rajoy: liquidar empresas, salvar banqueros
Los gobernantes de la derecha suelen
presentarse siempre como grandes defensores de las empresas y del
funcionamiento más eficaz posible de la economía pero hay muchas pruebas
que demuestran lo contrario. Son las políticas económicas que aplican
las que destruyen el tejido empresarial orientado a crear riqueza y
empleo, y lo hacen, casi siempre, en aras de defender a los bancos y al
capital financiero en general.
En estos momentos tenemos una prueba más de ello con el Decreto Ley
de Medidas Urgentes de Refinanciación y Reestructuración de deuda
comercial que previsiblemente será aprobado por el Consejo de Ministros
de hoy viernes.
Dicho Decreto se presenta, como suele hacer casi siempre este
gobierno, como el instrumento necesario para conseguir un objetivo
loable, en este caso ayudar a que gran número de empresas puedan
“retomar la senda de la rentabilidad” facilitando acuerdos de
refinanciación. Pero se oculta que en realidad tiene otras verdaderas
pretensiones. Ahora, y una vez más, hacer un traje a medida a la banca
española a costa, de nuevo, de toda la economía española y del tejido
empresarial más en concreto.
Aunque el Decreto es farragoso y entra en detalles que serían
difíciles de explicar claramente en un artículo resumido como éste, lo
que se propone realmente y sus razones se pueden exponer breve y lo más
claramente posible de la siguiente manera.
El negocio de los bancos es prestar y en los años anteriores a la
crisis hicieron todo lo que estuvo en su mano para establecer un modelo
económico basado en el crédito precisamente para aumentar como fuese su
negocio. La consecuencia fue, como todo el mundo sabe ya, que prestaron
por encima de sus posibilidades y que ahora se encuentran, como hemos
dicho, con una cartera de activos muy deteriorada.
Cuando eso sucede, el equilibrio patrimonial de los bancos se
resiente y si se quiere que la contabilidad lo refleje fielmente se
debería corregir el valor contable de esos activos, disminuyéndolo en la
misma medida de la pérdida que esté suponiendo el fallido que se
produzca. O, como procedimiento alternativo, generar “provisiones” (es
decir, algo así como unos fondos que se “guardan” en previsión de que
ocurra algo, como en este caso que no se llegue a cobrar el crédito) a
medida que se vaya percibiendo la morosidad o la mayor probabilidad de
no cobro.
Sin embargo, los bancos son muy reacios a actuar de ese modo, es
decir, a minusvalorar sus activos o a establecer provisiones realistas
puesto que eso disminuye su rentabilidad, dado que, en el primer caso,
los hace menos solventes, o porque inmoviliza fondos cuantiosos, cuando
se dotan provisiones.
La banca ha presionado desde que estalló la crisis para que no se le
obligase a provisionar todos los fondos que hubieran sido necesarios
ante el descalabro patrimonial que sufrió. Y también para que la Unión
Europea cambiase la normativa contable y le permitiera valorar sus
activos a precio de adquisición en lugar de mercado (es decir, para que
no tuviera que reflejar la pérdida de valor que han ido sufriendo), lo
que claramente supone una falsedad flagrante, gracias a la cual los
bancos pueden presentar balances más saneados cuando en realidad están
todos quebrados.
Pues bien, lo que se busca verdaderamente con el Decreto que hoy
aprueba el gobierno, que como he dicho se justifica como una medida para
ayudar a las empresas, es dar una vuelta de tuerca más y proporcionar a
la banca un nuevo colchón permitiéndole que haga desaparecer de sus
balances la basura que representan miles de créditos de dudoso o
imposible cobro resultado de su irresponsabilidad y mala gestión en los
últimos años.
Así, el Decreto establece que las empresas en dificultades por tener
créditos con los bancos estarán obligas a llegar a acuerdos de
financiación con sus acreedores (los bancos) en virtud de los cuales las
deudas que tengan con ellos pasarán a ser inversiones de éstos en el
capital de las empresas.
La operación es perfecta. Al transformar los activos podridos en
inversión en el capital de las empresas deudoras, pasan de ser sus
acreedores con pocas expectativas de cobrar a ser sus dueños. Y así
matan varios pájaros de un tiro.
Por un lado, en lugar de la posibilidad de perderlo todo si la
empresa deudora entra en concurso de acreedores, se convierten en sus
propietarios. Y además lo consiguen sin demasiado riesgo, porque el
Decreto establece que si la empresa entrase más adelante en concurso, el
banco dejaría de nuevo de ser inversor para pasar a ser otra vez
acreedor y así poder ponerse en la cola para cobrar.
Por otro lado, al hacer eso, los créditos morosos que los bancos
tenían antes en su balance (y por los que tenían que establecer costosas
provisiones) o aumentar su capital, desparecen, porque ahora ya no son
deudas de improbable o imposible cobro sino inversiones. Así podrán
aparecer como entidades saneadas en las pruebas de stress y seguir dando
beneficios a pesar de que materialmente están igual de quebrados que
antes.
Se podría decir que con este procedimiento se ayuda a las empresas
porque se les permite que lo que antes eran deudas que tenían contraídas
con los bancos se conviertan ahora en su propio capital. Pero eso es
solo una mejora aparente por varias razones.
En primer lugar, porque la existencia futura y la rentabilidad de la
empresa no van a depender solo de tener más capital (y menos cuando éste
es en cierta medida ficticio, como ocurre con la operación que el
gobierno contempla el Decreto a propuesta de los bancos) sino mejores
expectativas y posición en el mercado, algo que no depende solo de que
la empresa sea ahora controlada por un banco o por un fondo
especulativo. La historia reciente demuestra que la lógica de
rentabilización del capital financiero es muy diferente de la del
capital productivo. Por eso es fácil deducir que lo que producirá esta
medida, en el mejor de los casos, es una dependencia mucho mayor de las
empresas participadas de la estrategia global de los bancos y, en el
peor, su liquidación o gestión para aumentar su valor. ¿Alguien cree que
los fondos buitre que con toda seguridad van a estar detrás de este
tipo de operaciones van a ser los que de verdad estarán interesados en
recuperar seriamente a las empresas españolas en dificultades para que
de nuevo se dispongan a crear riqueza y empleo? ¿No es más razonable y
realista pensar que su estrategia será aumentar simplemente su valor de
mercado para liquidarlas más adelante, que es lo que generalmente suelen
hacer en su práctica diaria?
La realidad es que hay tantas empresas españolas con dificultades, en
primer lugar, porque los bancos llevaron a cabo muy mal su política de
financiación. Y, en segundo lugar, porque la crisis creada por los
bancos las ha dejado sin demanda y sin mercado. Por eso, lo que
necesitan las empresas no es que bancos o fondos especulativos pasen
ahora a ser sus dueños, porque eso con toda seguridad no se traducirá
mejor actividad productiva. Lo que requieren es financiación más barata y
sin condiciones que impliquen dejar que sus gestores dejen de serlo y
más ingresos en la economía para que tengan demanda. Y lo que hace el
gobierno es justamente lo contrario de lo que habría que hacer pues se
limita a poner en marcha un mecanismo para que los bancos (que las han
llevado a la ruina) sean ahora las que las gestionen para rentabilizar
la deuda que tenían con ellos.
La banca, como siempre, va a ganar de nuevo a costa de toda la
economía y de las empresas en particular pero no por casualidad sino
gracias a la ayuda de un gobierno que, para colmo, se llena
permanentemente la boca con palabras de apoyo a las empresas.
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