a lo mejor éstos se han enterado ahora que hay crisis.. aunque se entiende porque en su mayoría son analfabetos que se creen a pies juntillas lo que cuentan los "medios de información", ya saben: "que haya crisis es opinable" (Zapatero) y "hispanistán ya está en la senda de la recuperación" (Rajoy).. y en base a eso hacen sus inversiones: "el pisito nunca baja" y "la licencia de taxi nunca baja".. han pagado la jubilación a los que se sacaron la licencia por unas pocas miles de pesetas.. es lo que se llama "hacer el primo", pero ellos, claro.. ven el culpable en otra parte, porque la licencia "es una inversión" y "un puesto de trabajo fijo" (sic),
como servicio público, incluso se permitían elegir al cliente (sic),
y ahora que han descubierto que hay crisis, les sale la vena "patriótica", porque claro: "sin los 15.000 taxistas se cae el estado del Bienestar" (sic).. han cerrado miles de empresas, más de 6 millones de desempleados, centenares de miles de familias han perdido la vivienda.. y ahora resulta que por 15.000 taxistas "se cae el estado del Bienestar".. ¿se puede ser más ignorante?
"Marca España", sin duda..
El negocio del taxi se agota
El sector del taxi en Madrid se desangra por todas sus costuras. Tanto
que la aparición del consumo compartido con la tecnología de Uber es
solo la puntilla que le faltaba. Si con la crisis el metro o los
autobuses han perdido el 15,8% de sus viajeros, ¿cómo no iban a verse
afectado el mundo del taxi? Para ganar 140 euros brutos tienen que
conducir 15 horas, frente a las 10 de antes. El 50% se les van en gastos
de explotación y amortización.
Un recorte de ganancias tan brutal que resulta una ruina para quienes no
han terminado de abonar el traspaso de la licencia, por la que, en los
años locos del ladrillo, llegó a pagarse 200.000 euros. Aunque
propiamente la licencia no se vende, sino que se “transfiere” el
negocio, porque el dueño último es el Ayuntamiento de Madrid, que es
quien la otorga.
La Ordenanza del Taxi de Madrid afirma que las licencias son
“transmisibles” si lo autoriza el Ayuntamiento y el adquiriente se pone a
trabajar en dos meses. “El arriendo, cesión o traspaso de la
explotación de las licencias al margen del procedimiento regulado en la
Ordenanza Reguladora del Taxi está prohibido, constituyendo una
infracción muy grave”, explican por escrito fuentes del Ayuntamiento que
prefieren no hacer declaraciones. Y la vía para hacerse con ella es el
derecho de tanteo que tiene el conductor asalariado de esa licencia,
siempre que en la solicitud se “refleje el precio pactado para la
transmisión”.
El Ministerio de Hacienda también permite negociar con la licencia, algo
que no ocurre cuando ese papel habilita para llevar, por ejemplo, la
piscina municipal. Quien compra la licencia lo hace con IVA y se
desgrava, y el vendedor —en casi todos los casos— paga IRPF. En tiempos
de sequía crediticia, el grifo de los bancos también se ha cerrado para
los taxistas, que buscan refugio en las entidades de crédito a las que
abonan altísimos intereses.
El rembolso de la licencia es un lastre a veces inasumible para quienes
pasan apuros, aunque en la patronal todos cierran filas y defienden que
se pague 165.000 euros por el papel municipal y un Seat Altea (14.000
euros de primera mano) con 150.000 kilómetros.
“Estás comprando un puesto de trabajo fijo”, contesta cualquiera del
gremio a quien se pregunte. “Los taxistas lo ven como un seguro de vida,
saben que se van a quedar con una pensión pequeña cuando se jubilen.
Les interesa que se mantenga su valor”, cuenta una fuente del sector. En
la Red, la oferta es variada y sorprendente. Hay quien vende licencias
de toda la semana (el día de libranza obligatoria condiciona el precio,
el lunes y el martes son los más demandados); quien pagaría al contado y
está dispuesto a dejar dinero al vendedor anónimo; una empresa financia
a los poseedores para evitar embargos, o un osado propone abonar
200.000 euros a plazos en cuatro años.
“El taxi ya no es un negocio rentable. Si pides un préstamo, al revés,
será la ruina”, cuenta un taxista que se empeñó en un crédito de 167.000
euros más intereses. Trabaja 16 horas y apenas le da para cubrir
gastos. No hay pagas extras y si cae enfermo la aseguradora le entrega
40 euros diarios. La situación de José Manuel Menéndez es más
desahogada. Amplió su hipoteca para obtener los 147.000 euros que le
pedían y ahora él trabaja el taxi ocho horas y las otras ocho, otro
conductor asalariado. Su retahíla de gastos por ambos es interminable:
700 euros mensuales de gasolina, 600 de seguros sociales, 120 de radio
taxi, ITV cada año, cambio de coche cada lustro, seguro anual de más de
1.000 euros… “Te la juegas pidiendo el crédito, si el ayuntamiento
decide quitar licencias y te toca, te quedas sin nada”. Un futurible
poco probable.
¿Cuándo se infla la burbuja de precios? Ya es historia. En 1975 el
presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, anunció que se concedía
licencia de taxi a todo el que pudiese certificar que había trabajado en
él como asalariado y pagado los seguros sociales durante al menos cinco
años. En Madrid puso 5.000 nuevas autorizaciones. La noticia no gustó
nada a los titulares de los coches, surgieron tensiones entre ambos
colectivos y a punto estuvieron de no dejarles asegurar sus turismos.
Desde 1975 la cifra se mantiene estable: 15.700 licencias en Madrid
capital y el área de prestación conjunta (los 39 municipios que se han
ido adscribiendo por un acuerdo de 1977), más otro millar que van por
libre en Aranjuez, Alcalá de Henares y Torrejón. No hay nuevas licencias
desde que en 1980 se otorgaron 118.
Para la patronal sobran 5.000 licencias. Además, hay otras 8.000
personas con permiso para conducir taxis. Antes pasaron un examen
psicotécnico y de conocimientos y demostraron tener el título de
secundaria y ninguna enfermedad infecciosa (un tema polémico pues veta a
los portadores de Sida). El número de asalariados ha proliferado
porque, a menos manos alzadas pidiendo un taxi, muchos titulares de
licencia comparten el taxi con un asalariado. Desde 2011 solo pueden
circular 16 de las 24 horas del día. “Se han sacado así de la calle
3.000 coches. Había que regular. En un supermercado, si no hay gente, no
están todas las cajas abiertas”, compara Julio Moreno, presidente de la
Asociación Gremial del Taxi de Madrid, la mayoritaria con 9.000
afiliados
“Cuando no había la red de metro que hay hoy, ni llegaban a tantos
sitios los autobuses sí que tenía sentido las 15.700 licencias, pero no
hoy. Lo estamos pasando mal, pero somos el único sector que no está
generando paro”, opina Moreno. “Eso lo dicen ahora, pero no es verdad
que sobrasen. Antes de la crisis costaba encontrar un taxi con la luz
verde y ahora no caben en las paradas”, opina una fuente del sector.
Jesús Fernández, vicepresidente de la Federación Profesional del Taxi,
lo reconoce: “Antes yo llegaba a la parada y podía elegir al cliente”.
En 2007, con el derrumbe bursátil pisando los talones, el presidente de
la Comisión Nacional de la Competencia, Luis Berenguer, tuvo una idea
que cayó en saco roto: "Sería deseable que se concediesen nuevas
licencias en Madrid, porque todos empezamos a tener problemas en algunos
momentos para encontrarlos".
“En los años sesenta o setenta los taxis cubrían unas necesidades que
hoy ya no existen", relata Pedro Mostaza, secretario general de
UGT-Uniatramc. “El coche era un bien de lujo y el taxi era para muchos
su herramienta de trabajo. Por eso, los coches debían llevar baca para
transportar, por ejemplo, la escalera de un pintor. El médico pasaba
consulta a domicilio con el taxi esperándole; si faltaban coches en
comisaría, los policías iban en uno si había pasado algo importante; los
niños nacían en los taxis, porque a las embarazadas no las llevaban a
parir en ambulancias… Todo esto hoy es impensable”, cuenta el ugetista,
niño entonces.
Los taxistas se sienten muy regulados, pero abandonados por la
Administración. “Las ayudas para los eurotaxis (adaptados para
discapacitados) son un insulto, cuando el coche cuesta el doble. Y en
2020, según la ordenanza, ningún vehículo podrá ser contaminante y las
ayudas no llegan al 1%", prosigue Moreno.
Si a Uber, que enlaza conductores con clientes mediante una aplicación
electrónica, se le abren las puertas abiertas en Madrid —ya las tiene en
Barcelona— las asociaciones anuncian al Ministerio de Fomento que desde
el 1 de julio habrá huelga indefinida y bloqueo de la capital con
marchas lentas. “Si los 15.000 taxistas fuésemos uberistas y no nos
ajustásemos a la ley ni pagásemos nuestros impuestos, ¿qué pasaría con
el Estado de Bienestar? Que se caería”, argumenta Mostaza que pronostica
que, además, Uber utilizará los coches para el servicio de mensajería.
¿Y qué harán entonces los transportistas?
Fernández quiere que los ciudadanos lo tengan claro: “El sector del taxi
no está en contra de las nuevas tecnologías. Al revés, son un beneficio
para todos. Si entras en playstore, hay 300 aplicaciones para buscar un
taxi”. Pero otra cosa es Uber, que se lucra siendo el enlace. “Siempre
ha habido pirateo. Pero no es lo mismo un papelito que lees en una
farola que oferta llevarte al aeropuerto, a una aplicación que te pone
en contacto con 50 personas desde tu tableta en casa”.
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