el último párrafo resume muy bien lo que ha pasado en todas éstas décadas de "democracia".. y lo peor es que la casta tiene millones de borregos cómplices satisfechos que han aplaudido con las orejas,
disfruten lo votado..
El Rey se va y deja un país dividido y arruinado - Blogs de El Disparate Económico
Roberto Centeno
La abdicación del Rey, sin dar explicaciones sobre su verdadera causa,
sólo ha añadido más incertidumbre e inestabilidad a la ya provocada por
el resultado de las elecciones europeas y por la inaudita dejación y
cobardía de Rajoy ante el golpe contra el Estado que preparan con total
impunidad los secesionistas catalanes. Es la guinda del pastel de un
reinado catastrófico, que deja una España más dividida que nunca,
empobrecida y endeudada para varias generaciones y que ha originado
privilegios insultantes e indefendibles para los oligarcas políticos,
financieros y empresariales. Según The New York Times, el Rey que llegó
al trono sin nada ha acumulado una fortuna personal de 2.300 millones de
dólares.
Aunque un monarca de partidos –no constitucional ni parlamentario como
dicen por ignorancia supina todos los medios de comunicación, lo primero
porque no existe separación de poderes y lo segundo porque el
Parlamento no tiene supremacía sobre el ejecutivo, sino a la inversa– no
tenga capacidad de gobierno, nunca debió permitir decisiones que
afectan de lleno a la unidad de la nación de la que era árbitro y
moderador. Me refiero, en concreto, al modelo de Estado de las
autonomías puesto en marcha por el mediocre de Suárez, un jefe de la
Falange que apenas pudo terminar la carrera de Derecho con su
disparatado “café para todos”, con el que intentó dar satisfacción a sus
barones y a los del PSOE para que se repartieran España como si fuera
un solar.
El Rey, que además ha intervenido en todo lo que le ha dado la gana,
nunca lo ha hecho en los temas trascendentales para la nación. Y de la
misma manera que ha debido pararle los pies a los separatistas vascos y
catalanes y no decirles la solemne estupidez de que “hablando se
entiende la gente”, debió detener la irresponsabilidad de Suárez y sus
barones, que, sin el menor sentido de España, pusieron en marcha un
mecanismo diabólico que ha terminado por destruir la conciencia de su
unidad. Antes se decía que los pueblos tienen la religión de sus reyes, y
ahora se puede decir que los pueblos padecen la corrupción generada por
los oligarcas imitando a la de su rey, tan amigo de cacerías donde se
gestaban grandes comisiones, negocios y favores, e íntimo de reyes del
pelotazo; a algunos de los cuales ha salvado de la cárcel.
¿Pero de qué República habla el izquierdismo radical?
Don Antonio García Trevijano, que redactó la carta que D. Juan de Borbón
envió a su hijo Juan Carlos y a Franco, no admitió que Franco tuviera
el poder de alterar el orden sucesorio en la Monarquía. Prohibió a su
hijo que aceptara lo que le ofrecía Franco, el nombramiento de sucesor a
título de Rey, pues esa monarquía carecería de honor, la virtud que
tradicionalmente legitima a las monarquías, a diferencia de las
repúblicas, cuya fuerza legitimadora tiene su raíz en la virtud. El
sábado pasado, preguntándole yo qué consejos daría a Felipe VI, me dijo:
“D. Juan Carlos no le ha hecho rey por amor, sino por temor; es decir,
que le han hecho rey a la fuerza, así que se las apañe como pueda. Yo
pediré siempre la abolición de la Monarquía, pero me encantaría que los
reyes abolidos siguieran viviendo en España”.
Mientras tanto, en estos momentos hay una doble exaltación popular. Por
un lado, la del heredero ya elevado a los altares por una campaña
mediática sin precedentes que se volverá contra él si no es capaz de
plantar cara ni al separatismo, ni a la corrupción, ni hacer cumplir la
ley en toda la nación, y no parece que vaya por ahí. Y de otro, la de
los nostálgicos de la sangrienta Segunda República a través de un
referéndum para que el pueblo decida entre monarquía (la que hay) y
república (la que no se sabe qué). Un referéndum que está produciendo
una cierta movilización y serios enfrentamientos en el partido
socialista que lo dividirán aún más de lo que está.
No se detiene la minoría vociferante que está a favor de la desastrosa
Segunda República. A ella hay que decirle que lo prioritario es
abandonar las abstracciones y precisar las instituciones que deben
definir a la monarquía o a la república. Nunca se debe volver a un
pasado que ha fracasado. Ni a la Primera República Federal, ni a la
sangrienta Segunda República Parlamentaria, ni a la continuidad de la
Monarquía de Partidos que ha presidido el rey Juan Carlos.
García Trevijano es, hasta hoy, el único político y el único pensador
que ha definido y defendido la república moderna, es decir, la república
presidencialista con separación de poderes, con Justicia independiente y
expulsando del Estado a todos los partidos políticos. Esto y sólo esto
es lo que podría someterse a referéndum. La supresión radical de todos
los partidos estatales es la condición sine qua non de la autonomía de
la sociedad civil. Los partidos políticos nunca pueden ser por su propia
naturaleza voluntaria órganos del Estado. Eso fue la característica del
nazismo, del fascismo y de la democracia orgánica de Franco.
Esta autoridad reconocida en el mundo entero menos en España –sus libros
son los únicos de un pensador político español en la biblioteca del
Congreso de los EEUU–, como era de esperar, fue contraria siempre al
Estado de las autonomías, salvo la restauración de las autonomías que
tuvieron durante la república Cataluña y el País Vasco. Sin embargo,
estos estatutos no deben conllevar privilegio económico alguno, porque
para ello tendrían que ser aprobados por la totalidad de la sociedad
española.
De momento, y gracias a 'Super Mario', el reinado de Felipe VI va a
empezar con buen pie porque los procesos de expansión monetaria siempre
empiezan bien y terminan en desastre, o sea que el reinado comenzará en
un marco de euforia. El Banco Central Europeo ha decidido inyectar
400.000 millones de euros a la economía con la intención expresa de que
los bancos incrementen los créditos a la economía productiva. Este es un
tipo de medidas que ha fracasado siempre y en todo lugar, pero en el
caso de la España, ya les cuento. España tiene un exceso de capacidad
productiva, de sistema financiero, y lo peor, un tamaño de Estado
monstruoso y una deuda pública imposible de pagar y creciendo sin pausa.
La expansión monetaria que da más droga a los drogadictos no es, desde
luego, lo que necesita nuestra economía.
Y van a suceder varias cosas. La primera, perpetuar el exceso de
capacidad productiva. Los bancos obligados a prestar a la economía real
empezarán por los grandes del Ibex y, muy particularmente, las grandes
constructoras, mientras que a las pymes y a los autónomos, que son los
verdaderos creadores de empleo, ni agua. La segunda, perpetuar el
sobredimensionamiento del sistema financiero que seguirá siendo el más
caro de Europa y cuya avaricia e incompetencia le han llevado a una
quiebra histórica, que Zapatero y Rajoy han hecho recaer sobre los
ciudadanos. Y, lo peor de todo, inflará más aún la insostenible burbuja
de deuda suministrando más dinero a los despilfarradores y corruptos,
asegurando más aún la ruina de varias generaciones de españoles. El
efecto positivo, más por el crecimiento de la economía norteamericana
que se espera en el segundo semestre, es que el euro puede estar a 1,25 a
fin de año.
Viniendo Draghi de donde viene, esto resulta incomprensible. Como alto
ejecutivo del Goldman Sachs ayudó al Gobierno griego a engañar a
Bruselas durante años sobre la realidad de su deuda y su capacidad para
repagarla, hasta que estalló la bomba. Me consta, a través de amigos
comunes, que Draghi conoce mejor que nadie todas las trampas de Montoro y
Rajoy, unos pardillos a su lado y, sin embargo, sigue alimentando una
gigantesca burbuja de deuda. Hace que se cree las cifras falsas de la
contabilidad nacional respecto a déficit público y a crecimiento, en
lugar de haber exigido la auditoría de la Contabilidad Nacional por el
BCE, y un déficit público asumible para tener derecho a participar.
Es el mismo escenario de Grecia antes de la suspensión de pagos que él
contribuyó tan activamente a mantener durante años. En cuanto a la
bajada de tipos al 0,25%, sólo tendrá un efecto útil: bajar la
rentabilidad de los depósitos de las familias y reducir así más aún su
renta disponible. Si Felipe VI estuviera tan preparado como dice la
propaganda oficial, se daría cuenta de que lo que tendría que hacer es
desengancharse de los herederos de los oligarcas que rodeaban a su
padre, exigir una reducción drástica e inmediata del tamaño del Estado,
plantar cara de una vez por todas a los separatistas, exigir a la banca
que tome el riesgo de prestar a familias y pymes, que corte la
financiación al Estado, y su voluntad de someter a referéndum el sistema
político y el modelo autonómico. No lo hará.
Balance de 40 años de reinado
El balance de estos casi 40 años de reinado de Don Juan Carlos puede
definirse sin la menor sombre de duda como un desastre sin paliativos.
El gran “mérito” que muchos, atados o no al pesebre, atribuyen al Rey es
el haber conseguido una Transición no traumática y el haber restaurado
eso que la propaganda llama democracia. Nada más lejos. La Transición no
fue traumática no porque el rey Juan Carlos y el mediocre de Suárez
hicieran nada especial, sino porque los españoles no estaban por ello,
exactamente igual que no han sido traumáticas ninguna de las
transiciones de los países del Este desde el comunismo a la democracia.
Es ridículo atribuirle a esto dos personajes un mérito que ni les
corresponde ni le corresponde a nadie, sólo a la sensatez y el miedo de
un pueblo con una poderosa clase media creada por el general Franco y
que no estaba para aventuras revanchistas de tipo alguno, como no lo han
estado tampoco en ningún otro país europeo que han transitado también
pacíficamente desde la dictadura más férrea a la democracia. Y en cuanto
a traer la libertad política colectiva, ha sido justamente lo
contrario: se la han hurtado vilmente al pueblo español imponiéndonos
una oligarquía de partidos sin separación de poderes, sin elección
directa de los representantes del pueblo, al que sólo se le permite
elegir una lista cerrada de nombres que ni conoce ni le representa. Unos
paniaguados que no se preocupan lo más mínimo por el interés de los
ciudadanos, sino por el de quienes les pusieron en esa lista. Y es a eso
lo que la propaganda llama democracia.
Y en cuanto a la
mejora del nivel de vida, la única manera de saberlo es comparar nuestra
renta per cápita con la del resto de los países de nuestro entorno y
saber cómo era entonces. Es decir, cómo se ha comportado nuestra renta
relativa, nunca nuestra renta absoluta porque en un mundo que ha crecido
espectacularmente desde entonces cualquier tonto hace relojes, y el que
hayamos crecido no sirve para valorar 40 años. Al
contrario de lo que proclaman la mayoría de medios y cree la mayoría de
la población, la renta relativa per cápita comparada a la de los países
centrales de UE –los 9 países que en 1975 formaban parte la CEE (1)– se
ha desplomado ¡diez puntos!, de un 81,4% en 1975 al 71,6% casi 40 años
después.
Dos hechos más, también
inapelables. En 1975 la renta per cápita de Irlanda y de España era la
misma, 10.000 $; 40 años después, la renta de Irlanda es un 37% superior
(42.417 $ vs. 30.740 $). En 1975, Corea del Sur tenía el mismo
potencial industrial que España; 40 años después, Corea del Sur tiene
una industria pujante del mayor nivel mundial, en automóviles, en imagen
y sonido, en tecnología de vanguardia –Samsung le moja la oreja a Apple
en su propio territorio–, en construcción naval y en todo lo demás.
España, cuyo sector industrial representaba el 36 % del PIB,
desmantelado por Felipe González y siguientes, es hoy sólo el 14% del
PIB, y a base no de tecnologías propias sino de ser taller de montaje de
tecnología de los demás.
La distribución de la renta no sólo es mucho peor que en 1975, cuando el
sueldo de una persona era suficiente para mantener una familia y hoy
con dos es insuficiente, sino que es la peor de toda Europa. Un 50% de
la población ocupada es mileurista o menos. La enseñanza pública,
entonces a la cabeza de Europa, se encuentra hoy, gracias al sectarismo
del PSOE, que cambio el conocimiento por el carnet de izquierdas para
seleccionar el profesorado, por debajo del número 40 y bajando. Todo
ello bajo el techo de un modelo de Estado cuyo coste –100.000 millones
anuales de despilfarro– y corrupción masivas están desangrando al país
para varias generaciones y son causa principal del desastre.
(1) Alemania, Bélgica, Dinamarca, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Reino Unido.
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