la "clase media" (los que están a una nómina de la bancarrota, y con más deudas que activos) sigue aborregada, creyendo en una supuesta "igualdad de oportunidades" que, en realidad, no existe..
disfruten lo votado..
La manera como los establishments políticos y mediáticos responden al crecimiento de las desigualdades
Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 29 de mayo de 2014
Este artículo critica las explicaciones que se están dando en los
mayores medios de información sobre las causas del crecimiento de las
desigualdades y las medidas propuestas para solucionarlo.
El
nivel de desigualdades ha alcanzado tal magnitud que es imposible
ignorarlo. Y de ahí que los principales fórums políticos y mediáticos
hayan comenzado a hablar de ello. El incremento de las desigualdades, por fin, es un tema visible mediáticamente a los dos lados del Atlántico Norte. Santificado
por las declaraciones del Presidente Obama, que indicó que este tema es
“el más importante del tiempo que vivimos”, ya es posible hablar de
desigualdades e incluso de la manera de cómo reducirlas. Hasta ahora era
un tema muy impopular en los centros de poder. Los pocos que denunciábamos el crecimiento de tales desigualdades éramos marginados, cuando no silenciados, por aquellos centros. Pero
ahora ya puede hablarse de ello. Sin embargo, los temas centrales,
causantes de este crecimiento de desigualdades, no se están tocando. En la discusión que aparece en tales forums políticos y mediáticos de cómo reducirlo, se puede ver fácilmente que se están proponiendo aquellas medidas que son precisamente las menos amenazantes a aquellos establishments (las estructuras de poder dominantes) que son, en realidad, los responsables de este crecimiento.
La propuesta de igualar las oportunidades
Las
políticas públicas más frecuentemente mencionadas en los mayores fórums
políticos y mediáticos son aquellas que, en lugar de bajar el nivel de
la riqueza y de las rentas de los que están arriba, quieren limitarse a
subirlas a los que están muy abajo, los pobres, es decir, mejorar el
nivel de vida de la población en situación de pobreza, ofreciéndoles lo
que llaman igualdad de oportunidades para poder escalar en la escala
social. Son las mismas políticas públicas que utilizaron aquellos
(desde la democracia cristiana hasta los partidos liberales, incluyendo
los socioliberales que han dominado la socialdemocracia europea durante
estos últimos años) que, abandonando el concepto y estrategia de la
redistribución, se concentraron en las medidas de mejora de
oportunidades para los pobres. El remedio era y es ofrecer educación y
más educación a los hijos de la clase trabajadora en pobreza o en
riesgo de pobreza, para que asciendan en la escala social.
Una
nueva versión de esta estrategia es aquella que enfatiza la necesidad
de adecuar la formación y educación de los trabajadores a las
necesidades del sistema productivo. Las limitaciones de
la estrategia de ofrecer igualdad de oportunidades –que son necesarias
pero dramáticamente insuficientes- aparecen claramente cuando se analiza
lo que ha ocurrido en estos últimos treinta años.
El
nivel educativo de las poblaciones ha crecido notablemente en todos los
países de la Unión Europea de los Quince (UE-15), y las desigualdades,
sin embargo, no han descendido. Todo lo contrario, han ido aumentando, lo cual era de esperar, pues la estrategia de la igualdad de oportunidades no toca las raíces del crecimiento de las desigualdades.
¿La globalización y la revolución tecnológica como causa del aumento de las desigualdades?
En otros casos, las desigualdades se han atribuido al
empobrecimiento de la mayoría de la población, consecuencia de la
introducción de nuevas tecnologías que sustituyen al trabajador, creando gran desempleo. Esta explicación, sin embargo, ignora
que de la misma manera que se destruye empleo, también puede producirse
empleo. Si se destruye empleo en algunos sectores económicos, se puede
producir en otros.
Si, por ejemplo, tuviéramos el
mismo porcentaje de población adulta que trabaja en los servicios
públicos del Estado del Bienestar (como sanidad, educación, escuelas de
infancia, servicios domiciliarios, entre otros) que tiene Suecia, en
España tendríamos seis millones de nuevos puestos de trabajo, eliminando
el desempleo. El que no se creen es porque no hay voluntad política
para hacerlo. Solo con un tercio de los 44.000 millones de euros del
fraude fiscal llevado a cabo en España por la banca, las grandes
fortunas y las grandes empresas que facturan más de 150 millones de
euros al año (0,12% de todas las empresas), se podrían financiar esos
puestos de trabajo.
Otro argumento para explicar el
crecimiento de las desigualdades es el de la globalización y la
exportación de puestos de trabajo, destruyéndose empleo y creándose
pobreza en el país exportador de puestos de trabajo. Pero este argumento ignora, de nuevo, que las normas que rigen dicha globalización son escritas por aquellos que se benefician de ella.
No es la globalización en sí, sino la manera como se hace (de nuevo,
una decisión política), lo que lleva a esta situación. Los Tratados del
mal llamado “Libre Comercio” (Tratado de Libre Comercio de América del
Norte “TLCAN”, Organización Mundial del Comercio “OMC” y otros) son
escritos por los portavoces del mundo empresarial, no del mundo del
trabajo. No es inevitable que la globalización lleve a
las desigualdades. Los países escandinavos son países pequeños cuyas
economías están entre las más globalizadas del mundo. Y, en cambio, sus
salarios son de los más elevados de la UE-15, y sus Estados del
Bienestar están entre los más desarrollados.
El necesario pero también insuficiente incremento de las rentas del trabajo
Una
medida eficaz para reducir las desigualdades es incrementar el nivel de
vida de las clases trabajadoras mediante el aumento de los salarios y
la expansión del Estado del Bienestar, medidas conducentes a aumentar
las rentas del trabajo.
Estas
medidas fueron las tradicionalmente identificadas con la
socialdemocracia, abandonadas por la Tercera Vía, que eliminó políticas
públicas redistributivas de sus programas electorales, adoptando las
propuestas de la igualdad de oportunidades. Estas medidas de
aumentar las rentas del trabajo de la mayoría de la población son muy
necesarias y pueden reducir las desigualdades. Pero su
capacidad de reducir las desigualdades se verá condicionada por las
intervenciones, no solo sobre el mundo salarial, sino también sobre las
rentas del capital, el punto clave y menos discutido en las estrategias sobre cómo reducir las desigualdades.
De ahí que el libro reciente de Thomas Piketty fuera de gran interés,
pues muestra el incremento del capital como la primera causa del
crecimiento de las desigualdades (ver la crítica de este libro en Vicenç Navarro,
“El porqué de las desigualdades: una crítica del libro de Thomas
Piketty Capital in the Twenty-First Century”, Público, 15.05.14).
No pueden reducirse las desigualdades sin redistribuir recursos del 10%
(y muy en especial del 1%) más rico de la población al 90% restante. Debido al enorme poder de este 10%, esta redistribución no está ocurriendo.
En realidad, la redistribución que ha ocurrido en los últimos treinta
años ha sido del 90% al 10%, redistribución que ha alcanzado una
situación sin precedentes. En España, las rentas del capital son mayores
que las rentas del trabajo. Es lo que se llamaba “lucha de clases”, que
la minoría gana diariamente contra la mayoría. En este sentido,
lo que vemos es que el empobrecimiento relativo de las clases populares
(clases trabajadoras y clases medias de rentas medias y bajas) se basa
en el enriquecimiento del 1% y de sus aliados del 9% (ver mi artículo “La explotación social como principal causa del crecimiento de las desigualdades”, Público, 01.05.14). Hoy
existen las bases para establecer una amplia alianza de sectores
sociales en defensa de sus intereses frente a una minoría enormemente
poderosa, política y mediáticamente, que está corrompiendo los sistemas
democráticos hoy existentes. El enorme descrédito y deslegitimación de
las instituciones políticas y mediáticas se debe precisamente a este
maridaje del capital con tales instituciones. Así de claro.
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