la burocracia es un fin en sí mismo: da trabajo a los inútiles (gente que por
justicia social debería estar viviendo en una caja de cartón) y imposibilita la industria y el comercio, culpabilizando a los malvados ciudadanos que no tienen tragaderas para lamer el culo del castuzo de turno y que quieren tener una vida a base de enterrarlos en
papeleo y sangrándolos con mordidas..
disfruten lo votado..
Así funcionan las burocracias estatales | Juan Ramón Rallo
En el caso de la suspensión de mi colaboración semanal con TVE hay que
saber diferenciar la anécdota de la categoría. Lo anecdótico, lo
irrelevante, lo intrascendente es que una colaboración que pretendía ser
semanal se haya cancelado: los colaboradores, en todas partes, van y
vienen, comienzan y terminan, alcanzan notoriedad y la pierden. Nunca me
creí acreedor de un derecho a participar en la cadena estatal y, por
tanto, la suspensión de esa participación tiene, en sí misma, la
importancia que merece: prácticamente ninguna.
Más relevante es no perder de vista la categoría, el verdadero fondo de
esta cuestión: que las burocracias estatales —esas mismas que dicen
constituirse desinteresadamente en nombre del interés general: “la
televisión de todos”— son explotadas en privativo beneficio de aquellas
oligarquías que consiguen controlarlas. Todos deberíamos ser conscientes
de que cada vez que pagamos impuestos, cada vez que nos castigan con el
21% de IVA o cada vez que nos retienen la correspondiente mordida del
IRPF, no lo hacemos por nuestro propio bienestar, ni siquiera por el
bienestar de aquellos sectores de la sociedad más desfavorecidos que
desde luego merecen algún tipo de ayuda; no: lo hacemos esencialmente
para alimentar a las burocracias estatales que han logrado
patrimonializar los Presupuestos Generales del Estado.
Ésa, la auténtica casta gobernante que todavía nadie se ha atrevido a
denunciar y a proponer desmontar en España, constituye el verdadero
destino último de nuestros pluridiezmos. Toda la propagandística
narrativa construida alrededor del Estado para hacernos creer que ese
mismo Estado responde a colectivos, solidarios e incuestionables
intereses generales es sólo una cortina de humo para hacernos olvidar
que el emperador está desnudo, es decir, que la redistribución estatal
de la renta es, en última instancia, una redistribución desde grupos
desorganizados (contribuyentes) a grupos organizados (lobbies).
Y justamente por eso las ideas liberales resultan amenazantespara todos
aquellos que han erigido su modus viviendi en torno a la extracción de
rentas del contribuyente (ya sean los sindicatos o los políticos
gobernantes). Justamente por eso, un liberal —y sólo un liberal— no
puede tener cabida en un organismo estatal: la casta interna que
controla ese organismo estatal no puede tolerar que se cuestione su
misma existencia por cuanto no puede arriesgarse a perder sus
privilegios. La persistencia del organismo público, pues, ha de ser
aceptada como incuestionable dogma de fe entre los ciudadanos y, por
tanto, las opiniones que socaven tal dogma de fe simplemente son
inadmisibles y merecen ser vetadas.
De ahí que lo grave del asunto no sea, en absoluto, que yo haya dejado
de colaborar en TVE. Lo grave ya venía siendo que las opiniones
liberales no tuvieran cabida alguna en TVE y lo grave ha sido que,
cuando por algún error de coordinación interna un liberal consiguió
meter la cabeza en el ente estatal, las élites extractivas internas han
tardado menos de una semana en cortársela. Ese es el muy privado
servicio público que, tanto en TVE como en tantísimas otras burocracias
estatales, se está haciendo con el dinero que periódicamente nos
arrebatan por la fuerza. Y esa es la lección que deberíamos aprender de
este asunto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario