Guerra en Madrid
viernes, 15 de febrero de 2013
José Banús, espía de Franco durante la Guerra Civil española
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| Franco homenajea a José Banús en 1973 en El Pardo |
Ni siquiera sus familiares más cercanos supieron que ocurrió con José
Banús durante la Guerra Civil española. En los últimos setenta años, la
vida durante la contienda del ‘constructor del Régimen’ ha sido un
auténtico misterio. Hoy descubrimos el papel que desempeñó durante la
guerra el constructor de Puerto Banús y de los barrios madrileños de la
Concepción y del Pilar. Este es el origen de la proximidad que mantuvo
Banús con Franco en la posguerra.
Empresario de éxito, constructor de lugares emblemáticos, promotor
turísticoy un personaje destacado en la sociedad española del siglo XX.
José Banús ha pasado a la historia por levantar los barrios madrileños
de la Concepción y del Pilar, o su famoso Puerto Banús en la Costa del
Sol. Muchas de sus obras fueron realizadas durante el Régimen y apoyadas
por el propio Franco, con el que tenía hilo directo. Un hilo cuya
madeja se remonta a tiempos de la Guerra Civil española, una unión de la
que evitó dejar constancia a pesar del importante papel que jugó como
espía de los nacionales.
Los inicios de la guerra
El capitán de los juegos de la pandilla, el líder del grupo de amigos,
así era José Banús de niño. Un chaval con una infancia corta, que dejó
de estudiar a los catorce años para ayudar a su padre en un negocio de
construcción en la localidad tarragonesa de La Masó, donde nació. Cuando
cumplió la mayoría de edad se trasladó con su familia a Madrid, donde
trabajó para la compañía de ferrocarriles M.Z.A., una de las empresas
más potentes de la época,encargada de la explotación de las líneas de
ferrocarril de Madrid, Zaragoza y Alicante. En los convulsos años
previos a la sublevación militar, su vida transcurrió a caballo entre
Zamora, Alicante y Madrid, donde ejerció como contratista de obras,
trabajo que le enseñó su padre, que siempre fue su ejemplo a seguir. De
hecho, en el verano del 36, tanto el padre como el hijo estaban
construyendo varias carreteras de acceso a la capital desde el norte de
España.
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| Tras la contienda fue un gran empresario |
La guerra le sorprendió en Madrid, en su casa de la calle Santa Teresa,
cerca de Génova, zona en la que más adelante establecería unos contactos
asombrosos con el espionaje franquista. En agosto del 36 fue detenido
en plena calle por no llevar documentación, pero los milicianos le
dejaron en paz, y vivió sin más complicaciones hasta que su quinta fue
movilizada en otoño. Su primer y único destino durante el conflicto fue
el Hospital Militar número 24, en el que se trataba a heridos de
unidades anarquistas en los frentes de Somosierra y Talavera. El
hospital estaba situado en un lujoso edificio requisado por la CNT en la
calle Monte Esquinza de la capital. Para evitar ser enviado al frente
de batalla, Banús se hizo pasar por enfermero y masajista. Al igual que
numerosos derechistas, decidió afiliarse a la Confederación Nacional de
Trabajadores. Disponer de un aval como el que le proporcionaba la CNT
le daba cierta tranquilidad, teniendo en cuenta los desmanes y ‘paseos’
que se estaban produciendo en Madrid durante los primeros meses de
contienda.
En
poco tiempo, José consiguió ganarse la confianza de los dos máximos
responsables de su hospital, el doctor González Díaz y el camarero
anarquista Antonio Iglesias. Nunca había manifestado sus inquietudes
políticas, y libre de toda sospecha, empezó a contactar con José Luis
Pove y Enrique Díaz, dos viejos amigos falangistas que estaban
intentando organizarse desde la clandestinidad para conspirar contra la
República. Sus dos amigos solían visitarle disfrazados de milicianos, un
atuendo que poco tenía que ver con sus ideales: preparaban un grupo
clandestino para controlar los servicios básicos de Madrid cuando los
nacionalistas entraran en la capital. En unos meses, sin embargo, sus
objetivos cambiaron por completo.
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| Imagen actual del antiguo hospital de la CNT donde trabajó | | |
El espionaje del ‘grupo Banús’
Aprovechando su posición en el Hospital de la CNT, José Banús y sus
contactos más próximos empezaron a elaborar una de las redes
quintacolumnistas más eficaces de la Guerra Civil. Su talento y su
capacidad de liderazgo convirtieron a Banús en todo un líder, y desde
febrero de 1937 su red de colaboradores se extendía por más de una
docena de hospitales militares de Madrid, unidades militares en los
frentes de Usera y la Casa de Campo e incluso altos cargos de
Telefónica. Entre sus colaboradores más cercanos destacaban dos: José
Luis Moreno Ciges, un joven peluquero natural de Jaén, y Manuel Carpio,
un teniente-enfermero que se encontraba destinado en un Hospital de la
carretera de Chamartín.
En la primavera de 1937, la organización bautizada como ‘grupo Banús’,
pasó de perseguir el control de Madrid en el tramo final de la guerra a
convertirse en una importante red de espionaje. Sus contactos le
llevaron hasta el corazón de la ‘Posición Jaca’, el bunker subterráneo
en el que se estableció el Cuartel General del Ejército del Centro.
Todavía hoy sigue siendo un misterio la forma en la que José consiguió
captar a uno de los conductores de esta posición dominada por el alto
mando militar republicano. Durante varios meses, la organización de
Banús funcionaba como una máquina perfectamente engrasada: los
componentes trabajaban mediante enlaces, en los hospitales se daban
bajas de inutilidad a personas derechistas perseguidas y las
informaciones que llegaban desde las unidades militares eran cada vez
más exhaustivas. El único problema que tenían era establecer contacto
con la España de Franco.
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| Banús en los toros / Albero y Segovia |
Apoyo a otro grupo clandestino
Cierta tarde de abril de 1937, José recibió una extraña visita en el
Hospital de Monte Esquinza. Un hombre pequeño, apocado y con unas
enormes gafas había preguntado por él a una de las enfermeras. Ese
hombre se hacía llamar Paco Llanas, aunque su verdadera identidad era
Francisco Grañén, uno de los responsables de la Falange de Guadalajara
que había huido a Madrid tras fracasar el levantamiento en la localidad
alcarreña. Grañén se presentó como miembro de la Falange Clandestina y
le ofreció colaborar con la organización ‘Rodríguez Aguado’, uno de los
grupos de la Quinta Columna que mantenía contactos con los servicios
secretos de Franco a través del Tajo. Este grupo se dedicaba a evacuar
de la retaguardia madrileña a militares simpatizantes de los alzados que
se encontraban perseguidos por la seguridad republicana. Aprovechando
estas evacuaciones, los jefes de esta organización enviaban todo tipo
informes y planos al SIPM (Servicio de Información y Policía Militar),
dirigido por el Comandante de Caballería BonelHuici en el Frente de
Madrid y uno de los verdaderos impulsores del movimiento
quintacolumnista en Madrid.
Grañén y
Banús celebraron más de una reunión clandestina, también en la casa del
constructor, donde surgieron diferencias entre los dos grupos sobre cuál
de las organizaciones debía llevar la dirección. Por orden de los
mandos franquistas, el ‘grupo Banús’ quedó subordinado a la organización
‘Rodríguez Aguado’, por poseer enlace directo con Franco, algo a lo que
no tenía acceso el otro grupo.
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| Dominical de La Razón donde publiqué la historia | |
Desde ese instante, la organización Banús empezó a colaborar codo con
codo con el grupo Rodríguez Aguado, facilitándole informes de sus
agentes en el Cuartel General del Ejército de Centro y del sector de la
Casa de Campo, donde luchaban algunos miembros del Batallón Local del
Cuerpo de Tren que también formaban parte del grupo del constructor
catalán.
A
finales de verano de 1937, la Brigada Especial de Investigación del
comisario socialista Fernando Valentí puso en marcha una operación a
gran escala para detener a todos los componentes de la organización
Rodríguez Aguado. Varios miembros, entre ellos Paco Llanas, fueron
arrestados acusados de Espionaje y Alta Traición. Tan solo quedaban en
la calle los dos máximos responsables del grupo,Antonio Rodríguez Aguado
y Joaquín Jiménez de Anta, dos militares de intendencia a los que la
policía republicana había puesto precio por su captura.Ante el peligro
inminente de ser detenidos por la inteligencia enemiga, Banús recurrió a
sus contactos para convencer a un diplomático de la embajada francesa
para que trasladara a los dos militares a un lugar seguro. En diciembre
de 1937, consiguieron establecerse en la embajada de Turquía en calidad
de asilados. Durante al menos dos ocasiones, José se reunión con
Rodríguez Aguado en el interior de la legación, situada en un magnífico
palacete propiedad de la Condesa de Arcentales. El militar pretendía que
Banús reorganizara a los elementos del grupo que no habían sido
detenidos por la policía. No tuvo tiempo; el 28 de enero de 1938 el SIM
republicano (Servicio de Información Militar) asaltó la embajada de
Turquía para detener a los dos espías franquistas.
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| Antigua embajada de Turquía en 1936 |
El cebo
Tras
quedar descabezada la organización Rodríguez Aguado y con sus dos
responsables entre rejas, Banús fue investigado por la policía. La
Brigada Especial utilizó a una infiltrada, Matilde Ruiz Salces, para
sacarle información al empresario tarraconense por su vinculación con
Francisco Grañén. En una ocasión, Matilde visitó a José en el hospital
de Monte Esquinza, entregándole en un quirófano una supuesta carta del
falangista en la que le advertía del peligro que podía correr tras las
detenciones que estaba efectuando la policía. Fue una trampa tendida por
el comisario Fernando Valentí, para que Banús les llevara al resto de
miembros de la organización que todavía estaban en libertad. Con su
inteligencia habitual, él supo detectar la jugada, por lo que durante
una temporada hizo una vida normal alejándose completamente del
quintacolumnismo.
Pasado un tiempo, a José le llegó la información de que la Falange
Clandestina en Madrid estaba reconstruyendo las organizaciones
derechistas clandestinas desarticuladas por la seguridad republicana.
Así surgió la organización de los ‘195’, un grupo quintacolumnista
formado por casi 200 personas en el que Banús jugó un papel muy
importante. El contratista estableció en el hospital su base de
operaciones, recibiendo visitas a diario para pasarle informaciones que
tenía que hacer llegar a Burgos o a Salamanca. En esta época, José llegó
a manejar informes calificados de alto secreto que le llegaban desde el
mismísimo frente de la Casa de Campo por medio de un teniente coronel
de una unidad anarquista.
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| Horacio Echevarrieta /Arch Salamanca |
Además de recibir las visitas en Monte Esquinza, Banús también solía
reunirse con otros agentes de la Quinta Columna madrileña en dos cafés
muy famosos de la capital: el de la Granja del Henar, junto a la Gran
Vía, y el de Europa, situado en plena glorieta de Bilbao. En este
segundo café le presentaron a una de las agentes del Servicio de
Información con mejores contactos de Madrid, Carmen de Blas. Esposa de
un oficial del cuerpo de inválidos, y muy bien relacionada con altos
directivos de Telefónica, ésta le puso en contacto con el
multimillonario Horacio Echevarrieta, uno de los empresarios más
influyentes durante el reinado de Alfonso XIII, que construyó en sus
astilleros el Buque Escuela Juan Sebastián Elcano y el potente submarino
alemán E-1. El empresario vasco, que también fue responsable de
negociar con Abd el-Krim la liberación de los prisioneros españoles tras
el desastre de Annual, era un republicano convencido y había mantenido
muy buena relación con el socialista, Indalecio Prieto, en esa época
ministro de la guerra.
Con la presencia de
Carmen de Blas, Banús y Echevarrieta mantuvieron al menos dos reuniones
en el palacete del millonario, situado entre las calles madrileñas de
Diego de León y Claudio Coello. José se presentó ante Echevarrieta como
agente secreto nacionalista y llegó a pedirle que colaborara con su
organización de la Quinta Columna.
Asaltar Madrid
Meses después de mantener aquellas conversaciones con el
multimillonario vasco, Banús reconocería que Echevarrieta “se había
puesto incondicionalmente a disposición de la organización ofreciéndose a
colaborar a título particular y también a través de mi fortuna”. El
constructor también afirmaría que le dijo: “No soy faccioso pero tampoco
estoy conforme con el régimen actual”. En aquella reunión, siempre
según la versión de Banús, Echevarrieta le llegó a sugerir que pusiera a
su disposición unos tres mil hombres armados con los que estaría
dispuesto a tomar Madrid en menos de 24 horas. El primer punto que
estaría dispuesto a asaltar sería Unión Radio, ofreciéndose a dar un
discurso a toda la población de la capital con la intención de
tranquilizar los ánimos.
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| Café Granja del Henar, lugar de reunión |
Estas reuniones entre el falso enfermero y el famoso empresario dieron
para mucho. En ellas acordaron hacer todas gestiones posibles para que
la Cruz Roja intentara canjear a Valdés Larrañaga, jefe de la Falange en
Madrid, preso en un hospital penitenciario y a Fernández Golfín, otro
miembro de la Quinta Columna que había sido arrestado en 1937. Pese a
las gestiones, los canjes no se pudieron efectuar: el primero
permanecería preso hasta casi terminada la guerra y el segundo moriría
fusilado en Barcelona.
Después de esa
primera toma de contacto, José y Horacio tomaron la decisión de no
volver a verse en persona. La prioridad de ambos era garantizar sus
medidas de seguridad y para conseguirlo pusieron en marcha un lenguaje
convenido que solo ellos dos sabían. Carmen de Blas sería el correo de
ambos, es decir, la encargada de entregar esos mensajes cifrados a los
dos. Ahora, más de setenta años después, hemos podido descifrar parte de
esos mensajes que se intercambiaron Banús y Echevarrieta durante
algunos meses: “Dos kilos de cebolla” significaba que habían captado a
dos coroneles republicanospara la organización. Referirse a “tres
cabezas de ajo” quería decir que los militares captados tenían el rango
de comandantes.
Si José Banús
reconoció abiertamente que había mantenido contactos con Horacio
Echevarrieta, el multimillonario se limitó a ponerlo en duda ante las
autoridades republicanas. El empresario no desmintió la reunión con
nuestro protagonista, aunque se limitó a decir que “por su casa pasaban
cientos de personas” y que “no siempre” se acordaba de los nombres y
conversaciones que allí se mantenían. Pese a las sospechas que tuvo el
Servicio de Espionaje Republicano de Horacio, sus importantes contactos
en el Gobierno del Frente Popular evitaron seguramente su posterior
detención.
Aumento de las filas quintacolumnistas
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| La Unidad del SIM que detuvo a José Banús / AHN |
Mientras tanto, la organización de los ‘195’ en la que estaba englobada
el grupo de Banús fue captando cada vez más adeptos. En marzo de 1938
muchos madrileños ya empezaban a dar por hecho que la guerra se
inclinaría del lado de los franquistas, por lo que se introducían en la
Quinta Columna con más valentía que en otra época. El aumento de
efectivos a estos grupos clandestinos también generaba ciertos riesgos.
Sabedor de esto, Banús era muy cuidadoso con todos sus movimientos, y
recibía órdenes directas del Servicio de Información Nacionalista a
través de Radio Salamanca, mediante mensajes cifrados. Frases
aparentemente sin sentido, como “El Zamorano llegó bien” o “Artagna vas
bien” escondían el mensaje real: que la expedición de evacuados había
llegado bien a la otra España o que aprobaban los informes que su
organización había remitido a los nacionales. Banús, por medio de otro
quintacolumnista que era ingeniero, había conseguido poner en marcha un
transmisor construido con una combinación de heliógrafo con radio y
rayos X con el que trasmitían a la otra zona.
Infiltrados, escuchas y detenciones
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| Ministerio de la Marina, en 1938 sede del SIM republicano |
Aunque la Brigada Especial ya le seguía la pista a Banús tras la
desarticulación de la organización Rodríguez Aguado, la seguridad
republicana no le detuvo hasta abril de 1938. El SIM introdujo al
infiltrado Pablo Moreno Argüelles dentro de la organización de los
‘195’, aprovechando que antes de la guerra había sido jefe de la Falange
en el distrito del Congreso. Los Servicios Secretos de la República le
ordenaron que se hiciera pasar por quintacolumnista para descubrir las
organizaciones clandestinas que operaban en la capital. Los hombres de
Ángel Pedrero, el jefe del SIM en Madrid, introdujeron a Moreno
Argüelles en un despacho de la Glorieta de San Bernardo, donde se hizo
pasar por abogado. Durante varios meses, el infiltrado recibió a
infinidad de quintacolumnistas en ese despacho, incluido Banús.
Mientras, en la habitación contigua, varios agentes republicanos
escuchaban las conversaciones y tomaban nota de todos los detalles.
El
5 abril de este año, el SIM puso en marcha una enorme redada en Madrid
en la que detuvieron a casi 200 personas, entre ellas José Banús y sus
colaboradores más cercanos, que fueron acusados de espionaje y alta
traición. Todos los detenidos fueron trasladados al Ministerio de la
Marina, sede del Servicio Secreto, donde les interrogaron durante largas
jornadas siendo sometidos a malos tratos. El constructor terminó
reconociendo que había espiado a la República y no le quedó más remedio
que dar algunos nombres de compañeros que todavía quedaban en libertad.
Entre esas personas estaba Carmen de Blas, su enlace con Horacio
Echevarrieta, que fue detenida cinco días más tarde. Su hija, con la que
ha contactado La Razón, asegura que terminada la guerra su madre
guardaba un recelo especial hacia Banús por “haberla delatado”.
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| Periódico de 1938. El fiscal pide pena de muerte a Banus |
Condenado a muerte
Después
de varios días en el SIM y tras ser sometidos a numerosos careos entre
miembros de su organización, los espías franquistas fueron trasladados a
diferentes prisiones de Madrid a la espera de juicio. Banús y algunos
de sus compañeros fueron trasladados a la cárcel Porlier, y en julio de
ese año fue puesto a disposición judicial. El 1 de agosto de 1938 y a
petición del Fiscal, el presidente del Tribunal Especial de Guardia
número 1 de Madrid le condenó a muerte, una noticia que apareció
publicada en casi todos los periódicos de la época. Tras conocerse la
sentencia, los colaboradores que aún estaban en libertad empezaron a
diseñar un plan para rescatar a su ex jefe. Una vallisoletana de 24
años, Esperanza Ortega y dos militares refugiados en la embajada de
Paraguay trazaron un plan para intentar el rescate de Banús durante le
trasladaban al tribunal para ir a declarar. Otra vez el SIM, por medio
otro infiltrado, consiguió acabar con el plan y detener a varios
quintacolumnistas más que quedaban en libertad.
Mientras
esperaba su con condena, a Banús le llevarona la Casa de Trabajo de
Alcalá de Henares, algo parecido a un batallón disciplinario donde
trabajó en la realización de campos de aviación y carreteras. Su
sentencia a muerte no se llegó a producir. Conscientes de que la guerra
estaba perdida, los tribunales republicanos no se atrevieron a fusilar a
José Banús y a su grupo. Sí que lo mantuvieron preso en Alcalá hasta el
17 de marzo de 1939, fecha en la que fue trasladado a la prisión de
Duque de Sexto. Trece días más tarde, los suyos entraban en Madrid y
José Banús quedo en libertad.
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| Doble página de mi artículo de La Razón sobre José Banus |
Después de la guerra
Terminada
la guerra intentó llevar una vida normal. Durante años siguió
trabajando como contratista de obras y estableció su oficina en la calle
Monte Esquinza número seis, exactamente el mismo lugar en el que había
ejercido como falso enfermero durante la contienda española. Allí ideó
sus proyectos más ambiciosos como constructor y promotor turístico hasta
llegar a convertirse en uno de los hombres fuertes del Régimen.
Banús
y Franco compartieron varias de las construcciones más importantes de
la época, entre ellas la carretera de acceso al Valle de Los Caídos. Uno
de los colaboradores más estrechos de Banús tras la guerra, que
prefiere mantener el anonimato, asegura que fue precisamente en el Valle
de los Caídos, durante una comida al aire libre, cuando el constructor
sugirió a Franco la posibilidad de construir dos barrios para la clase
media de Madrid. Así fue cómo el constructor acabó levantando el Barrio
del Pilar y el barrio de la Concepción. Durante sus últimos años, el
constructor vivió entre Madrid y Marbella. En esta última ciudad levantó
una de sus grandes obras: el Puerto Banús. Murió en 1984 a los 78 años y
con él se marchó su secreto.
Este artículo de cuatro páginas fue publicado en La Razón el pasado domingo 10 de febrero. Aqu´adjunto la URL del artículo:
http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/1020764/la-razon-del-domingo/el-espia-de-franco
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