"Las elecciones generales llegarán en un buen momento económico y el PP
movilizará a su electorado sólo con enseñarle una foto de Pablo Iglesias".. pues sí: alrededor de un 25% (oficial) de paro, más de 6 millones de desempleados, miles de empresas que han cerrado.. y ninguna esperanza de "recuperación" en el horizonte.. no hay duda que es "un buen momento ecoómico" (sic)..
disfruten lo votado..
Podemos no es un problema, Ganemos sí: las dos cosas a las que debe temer el PP
Hace dos años que hablé por primera vez con Rafa Rubio, profesor de la
Universidad Complutense de Madrid y director del grupo de investigación
sobre nuevas tecnologías y democracia. Sonia Gumpert acababa de ganar
sorprendentemente las elecciones al Colegio de Abogados de Madrid, y
Rubio la había asesorado en la campaña. Cualquiera que estuviera
interesado en la comunicación política debería haber reparado en
aquellas elecciones, y más aún si se estaba interesado en el cambio
social. Gumpert era una outsider: no figuraba entre los favoritos, no
estaba apoyada por grupos de poder profesionales y tampoco tenía de su
parte la estructura del Colegio. Ganó a pesar de las zancadillas, y lo
hizo apoyándose en el descontento de los letrados respecto de sus
condiciones de vida y en la participación activa de distintas
asociaciones y de muchos activistas que pusieron en marcha una llamativa
grassroot campaign.
Fue un proceso revelador porque señaló que algo estaba cambiando en la
forma de participar en la política, aunque se tratase de unas simples
elecciones profesionales, y que algo estaba agitándose en la sociedad,
si un colectivo tan habitualmente conservador como el jurídico apostaba
por una cara nueva que iba contra las estructuras. Lo más llamativo fue
que Gumpert recogió votos sin explicitar una posición ideológica,
bastándole con hacer visible algo sencillo, como era el cansancio de los
colegiados respecto de unos dirigentes en los que ya no creía o a los
que percibía como pendientes sólo de sus intereses.
Las constantes populistas
Alguien hubiera debido reparar en aquello, pero casi nadie lo hizo.
Rubio sí, y no sólo porque fuese parte de aquello, sino porque reconoció
rápidamente algunos puntos de conexión con el contexto en el que se
activó el movimiento italiano 5 Estrellas, que conocía bien y del que
tenía claro que podía replicarse en España.
Guanyem es una OPA a los partidos en su conjunto y en particular a los
de izquierdaDesde luego, Podemos no es lo mismo que la formación
liderada por Beppe Grillo, pero sí comparte algunos puntos de apoyo: el
desencanto, la desconfianza en la clase política, el hartazgo ante la
corrupción, el cansancio de unos ciudadanos que sienten que no pintan
nada. Las diferencias se dan en un mayor posicionamiento ideológico
hacia la izquierda del partido liderado por Pablo Iglesias, en la forma
de organización y en que los italianos tienen su gran fuerza en el
ámbito local.
O eso era hasta ahora. La reconversión ocasional de la marca Podemos en
Ganemos, el paso que dará la formación de Iglesias en las elecciones
municipales sí apunta hacia una dinámica mucho más a lo Cinque Stelle.
Como me cuenta Rubio, Grillo se afianzó localmente gracias a una
política de alianzas con asociaciones y organizaciones con las que
compartía objetivos y que ofrecieron a los ciudadanos espacios de
participación real. El movimiento no concurrió a las elecciones con un
programa predeterminado, sino que se juntó con colectivos que ya estaban
realizando un trabajo concreto en ese nivel político. Eso es lo que
pretende Podemos, “haciendo confluir bajo una misma marca a movimientos
sociales, mareas ciudadanas y partidos a la izquierda del PSOE” al hilo
de la iniciativa Guanyem, surgida en Barcelona y liderada por Ada Colau.
Cómo quitar gente a los partidos
Para el asesor de comunicación Antoni Gutiérrez-Rubí “la experiencia de
Guanyem es una alternativa nueva con un nuevo ADN. Ha irrumpido como
empoderamiento de la sociedad civil, y reúne a gente que no ha estado en
otros partidos”. Según Rubí, Podemos se parece más a un partido
político, mientras que Guanyem es otra cosa, “una OPA a los partidos en
su conjunto y en particular a los de izquierda, ya que les quita gente
por abajo para obligarles a un convergencia en la que el liderazgo lo
tendrá la sociedad civil”. La idea de Iglesias no es competir con esa
clase de iniciativas, sino convertirse en su fuerza instigadora,
poniendo su marca a disposición de estas “candidaturas municipalistas
ciudadanas”.
Las elecciones generales llegarán en un buen momento económico y el PP
movilizará a su electorado sólo con enseñarle una foto de Pablo Iglesias
El movimiento es interesante desde un doble punto de vista. El interés
último de Podemos no está en el poder local sino en el gobierno
nacional, y las alianzas puntuales con colectivos existentes les
permitirán presentarse en muchos más lugares de aquellos a los que
habrían podido concurrir por sí mismos. Más que sentarse en el mayor
número posible de alcaldías, Podemos quiere seguir creciendo en votos,
reforzando la sensación de que puede convertirse en opción real de
gobierno. El objetivo que persiguen es La Moncloa más que las
concejalías, y esta fórmula, por inconcreta y peligrosa que sea, puede
ser muy útil para hacer que las expectativas sigan aumentando.
Las sombras del ERE aparecen en el PP
El PP está justo en el lado contrario. Confía, porque así se lo vienen
diciendo, que estamos en fase de creación de empleo, y que cuanto más
tiempo pase mejor será para sus intereses electorales, porque la
economía estará recuperándose y los hogares tendrán más miembros
empleados. En teoría, las elecciones generales llegarán en un buen
momento, y más aún cuando los populares podrán movilizar al electorado
que se ha quedado en casa sólo con colocarle enfrente una foto de Pablo
Iglesias, su contrincante real en las elecciones: “Podemos o nosotros”
es un mensaje que hoy todavía puede funcionar.
El temor se alía con el pragmatismo y tratan de cambiar la ley para que gobierne el alcalde más votado
Pero toda esa confianza en el éxito de las elecciones generales
desaparece en las locales, donde el miedo se ha apoderado del PP, cual
empresa que ve cómo las sombras del ERE se hacen cada vez más presentes.
Hasta hace unos meses, con el PSOE extraordinariamente debilitado, los
populares no tenían duda de que iban a renovar gran parte de los cargos
municipales y autonómicos sujetos a elección. Pero ha aparecido Podemos,
y todo aquel suelo estable se ha movido, ya que han surgido nuevas
variables que convierten el tablero en mucho menos legible. En este
escenario, el temor ha terminado aliándose con el pragmatismo, ya que
muchos cargos empiezan a pensar que lo mismo se quedan sin empleo, por
lo que tratan de buscar soluciones que les hagan sentirse tan seguros
como antes. Las medidas para la regeneración de la democracia que han
propuesto, que básicamente consisten en que gobierne el alcalde más
votado, deben encuadrarse en este contexto.
Las dos cosas que el PP debe temer
Hay, sin embargo, dos cosas a las que el PP sí debe temer. Ganemos es
una iniciativa peculiar que puede resultar provechosa para la formación
de Iglesias. Si la nueva marca sigue la lógica de Grillo y se alía con
personas y fuerzas socialmente representativas, no sólo tendrá
candidaturas interesantes, sino que contará con líderes municipales que
harán mucho más fácil obtener buenos resultados y más difíciles los
acuerdos de otras formaciones con el PP. Ganemos, si conserva la
heterogeneidad, permitirá consensos mucho más amplios de los que
autorizan las posiciones puramente ideológicas, lo cual sí puede hacer
daño a los populares.
La segunda cosa que debe temer el PP es a sí mismo. Una reacción
excesiva, tratando de cambiar las leyes para adecuarlas a su interés,
como es la iniciativa de Cospedal, puede hacer que la gente se vuelva en
su contra mucho más fácilmente de lo que piensan. Iglesias lo sabe, y
así lo aseguraba ayer en su rueda de masas: “Cuantos más trucos y
trampas hagan para intentar evitar que los ciudadanos recuperemos las
instituciones, más evidente resultará que hay que echarles…”. Actitudes
de esta clase echarían más leña al fuego de una ciudadanía descontenta
con los políticos. Si se activa del todo el malestar de los votantes,
descubrirán que es posible prescindir de los políticos tradicionales, y
entonces no habrá vuelta atrás, según Iglesias. El PP debería ser
consciente de que los excesos tienen un precio.
El PSOE no asusta
Lo que no parece que cause mucho miedo a los populares es el PSOE, un
probable aliado mucho más que un contrincante en los tiempos próximos.
Hay nuevos tiempos en política, nuevas formas, nuevos líderes, muchas
más ganas de participar y menos de seguir los caminos pautados de la
vieja política. En ese contexto, hay quien sabe moverse y quien parece
perdido y lo que ha dicho hasta ahora Pedro Sánchez, que es lo mismo que
decía Rubalcaba (reformas, modernizar España, paridad, aborto, laicismo
y eutanasia) no genera muchos entusiasmos. En esta pelea discursiva
entre PP y Podemos, quienes parecen estar llevándose los golpes son los
socialistas.
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