El ataque frontal del Estado central español al Estado del Bienestar en España
Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 7 de octubre de 2014.
Este artículo señala que las políticas de reducción del déficit,
impuestas por el Estado central a todos los otros niveles del Estado,
están desmantelando el Estado del Bienestar en España.
Hoy
estamos viendo el desmantelamiento del Estado del Bienestar en España a
base de recortes del gasto público social, que son de los más marcados
en la Unión Europea de los Quince, el grupo de países de la Unión Europea (UE) más semejante a España en cuanto a nivel de desarrollo económico.
Tales recortes incluyen el gasto en sanidad, en educación (desde
escuelas de infancia a centros universitarios), en servicios sociales,
en servicios domiciliarios, en vivienda social, en prevención de la
exclusión social, en ayudas a las familias y en programas de integración
de los inmigrantes, entre otros. Estos recortes empobrecen
todavía más estos servicios públicos del Estado del Bienestar español,
uno de los más subfinanciados de la UE-15. El gasto público social
español por habitante ha sido y continúa siendo de los más bajos de la
UE-15. Algo parecido ocurre con las transferencias públicas del Estado
del Bienestar, como pensiones y ayudas a las familias y a las personas pobres y más vulnerables de la sociedad,
en el preciso momento en el que las necesidades de estos grupos son
mayores como consecuencia de las crisis económica y financiera, denominadas en la literatura económica como la Gran Recesión, que para millones de españoles es, en realidad, la Gran Depresión.
Este
empobrecimiento del sector público explica su creciente privatización,
con el consiguiente aumento del gasto privado en pensiones y en los
servicios citados anteriormente, entre los cuales, los servicios sanitarios están entre los más afectados.
España es hoy uno de los países de la UE-15 que tiene uno de los gastos
públicos sanitarios más bajos y uno de los gastos privados sanitarios
más altos. Una consecuencia de ello es que España tiene una
sanidad muy polarizada por clase social: el 30% de renta superior del
país (burguesía, pequeña burguesía y clases medias profesionales de
renta superior) utiliza la sanidad privada, y el 70% restante (clase
trabajadora y clases medias de renta media y baja) utiliza la sanidad
pública. Esta polarización social es profundamente ineficaz y sumamente
preocupante, pues, aun cuando la sanidad privada es mejor que la
pública en componentes básicos de gran importancia como la comodidad,
las listas de espera y el trato personal (una cama por habitación), la
pública es mucho mejor en la calidad profesional e infraestructura
técnica y científica, como lo atestiguan muchos estudios realizados en
el país.
En realidad, la sanidad privada transfiere los pacientes graves a la pública, parasitándola constantemente. Debería ser obvio que lo que España
necesita es un sistema público multiclasista y universal que tenga las
comodidades (“patient friendliness”) que tiene la privada, con la
calidad que tiene la pública. Pero ello requiere un gasto público mucho
mayor, que es precisamente lo contrario de lo que está ocurriendo.
Los recortes están acentuando más y más la polarización por clase social de la sanidad en España.
Esta
polarización se da en todos los servicios públicos del Estado del
Bienestar y es consecuencia del enorme dominio que las fuerzas
conservadoras y liberales (en realidad neoliberales), representando al
30% de renta superior del país, han tenido y continúan teniendo
sobre el Estado español, tal como demostré en mi libro El subdesarrollo
social de España. Causas y consecuencias (2006). Ni que decir tiene que
la socialdemocracia (el PSOE) intentó corregir el enorme déficit social.
Pero la subfinanciación heredada de la dictadura era tan marcada que
España continuó a la cola de la Europa social al final de su mandato.
Más tarde, en sus últimos dos años, que fueron los dos primeros años
de la crisis, el gobierno del PSOE contribuyó al empobrecimiento del
Estado del Bienestar español cuando su sensibilidad socialdemócrata fue
sustituida por la sensibilidad socioliberal, iniciándose las políticas
de recortes y austeridad, que han sido continuadas con creces y con
mayor intensidad durante el gobierno del Partido Popular. Hoy, el dominio de tales fuerzas en las instituciones políticas y mediáticas del establishment español es casi absoluto.
El número de partidos pertenecientes a las familias cristianodemócratas
conservadoras (PP, Unió Democrática de Catalunya) y liberales (CDC,
UPyD, Ciutadans) en España es considerable, y con sus homólogos europeos
han estado defendiendo políticas neoliberales a nivel de Europa, de España y de las CCAA donde gobiernan.
Tales partidos, que se pelean entre sí sobre el tema nacional
(consecuencia de que el Estado español surgido de la Transición de 1978
nunca haya aceptado su plurinacionalidad), coinciden en las políticas
económicas y sociales responsables del enorme deterioro social de España
y que afectan sobre todo a la calidad de vida y bienestar de las clases
populares, la gran mayoría de la población española.
¿Cómo el Estado central está desmantelando el Estado del Bienestar? ¿Cómo y dónde se hacen los recortes?
Estas políticas de recortes aparecen no solo en los presupuestos del Estado central
(tal como aparece en los últimos presupuestos presentados por el
Ministro de Hacienda Cristóbal Montoro, en los cuales el gasto publico
sanitario desciende, a la vez que el militar asciende nada menos que un
58%), sino, y principalmente, en las políticas fiscales que imponen
distintos grados de reducción del déficit público según el nivel de
gobierno (central, autonómico o local). Hoy existe una gran
descentralización del gasto público social (excepto las pensiones),
siendo las Comunidades Autónomas (CCAA) las responsables de gestionar el
gasto público social (es decir la sanidad, la educación y otros
servicios públicos).
Dicha descentralización del gasto
no quiere decir, sin embargo, como constantemente se asume, que el
Estado esté muy descentralizado. En realidad, el Estado central
continúa siendo la principal fuente de recepción de ingresos,
controlándolos de una manera muy centralizada, con un criterio muy
arbitrario y opaco en su distribución (determinado en gran medida por la
intensidad de las presiones políticas y clientelares), el cual
aparece claramente en su decisión sobre cómo distribuir la reducción del
déficit público del Estado según el nivel de gobierno del Estado. Así,
durante el periodo 2010-2013, fueron las CCAA (encargadas de gestionar
la mayoría del gasto público social) las que hicieron el 56% de toda la
reducción del déficit público de todo el Estado. Los ayuntamientos
(también encargados de gestionar componentes del Estado del Bienestar,
como los servicios sociales) contribuyeron a la reducción en un 31,6%,
mientras que el Estado central solo asumió el 12,4%. En otras palabras,
las CCAA y los ayuntamientos realizaron el 87% de todos los recortes de
gasto público, y puesto que la mayoría de su gasto es gasto público
social, resulta que los servicios del Estado del Bienestar fueron de los
que sufrieron más estos recortes de gasto público, y todo
ello para satisfacer el mandato que impuso el Estado central para
alcanzar el límite de déficit fiscal deseado y aprobado por él mismo.
La España social es, pues, la que está pagando la reducción del déficit
público, haciéndolo en unas proporciones totalmente desmesuradas.
¡Estamos, pues, viendo cómo un gobierno central, de
un partido (el PP) que representa un porcentaje muy menor de todo el
electorado, controla y domina todo el Estado (no solo la rama ejecutiva,
sino también la legislativa y el aparato judicial del Estado),
imponiendo unas políticas públicas que se están cargando el Estado del
Bienestar.
El oculto poder de clase en España
El lector se preguntará: ¿por qué ello ocurre así? La respuesta es sumamente fácil de ver, aun cuando el
lector no la verá o leerá en los medios de mayor difusión del país,
controlados por el 30% de renta superior del país (el sector de la
población que utiliza los servicios sanitarios privados y envía a sus
hijos a las escuelas privadas que reciben un generoso subsidio del
Estado llamado concierto). Este sector (el 30%) es el que domina la vida
política y mediática del país.
Los
recortes del Estado del Bienestar no les afectan, pues este es
utilizado sobre todo por las clases populares, cuyo peso en la vida
política y mediática del país es muy reducido.
La
clase trabajadora y las clases medias de renta media y baja constituyen
el 70% restante de la población, hecho deliberadamente ocultado cuando
se divide a los españoles en ricos, clases medias y pobres.
Poniendo
a la mayoría de la población en la categoría de “clase media” se asume y
presenta (de una manera manipulada) que las clases medias, que tienen
una gran visibilidad en los medios (y que tienen un nivel de renta
superior a las clases populares), son la mayoría de la población. Esta fabricación ideológica queda grabada en piedra cuando incluso algunos
dirigentes presentan al partido socialdemócrata, el PSOE, como el
partido de las clases medias, definición que se está convirtiendo en una
realidad que lo distancia, sin embargo, de la mayoría de las clases
populares.
La gran mayoría de la clase dirigente
de este partido son personas universitarias de clase media de renta
alta, que asumen que la mayoría de la población pertenece a su clase.
Sería impensable que hoy el PSOE estuviera dirigido, por ejemplo, por
un sindicalista, como ocurre en el partido socialdemócrata sueco. De una manera muy creciente las clases populares se están distanciando de este partido.
No
es de extrañar, por lo tanto, que el enfado de las clases populares
hacia estos recortes de su Estado del Bienestar se canalice hacia los
dos partidos mayoritarios que han configurado todas las ramas del Estado,
un enfado que se traduce en un rechazo al Estado central (la gran
mayoría de la población española, según la mayoría de las encuestas,
considera que tal Estado no los representa, porcentajes que son incluso
mayores en Catalunya, pues el Estado responsable de los recortes es el
mismo Estado que niega su propia plurinacionalidad). Parece obvio que el
establishment español todavía no ha entendido qué pasa en España. Ahora
bien, las movilizaciones a los dos lados del Ebro la están cambiando.
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