20141021

Misterios del rock: ¿Ordenó la CIA el asesinato de Lennon? | Rolling Stone España

Misterios del rock: ¿Ordenó la CIA el asesinato de Lennon? | Rolling Stone España


“¿Sabes lo que acabas de hacer?”, le preguntó el portero del edificio Dakota a Mark David Chapman, que respondió tranquilamente: “He matado a John Lennon”. Tan tranquilo como si lo que estuviera reconociendo fuera haber tirado el envoltorio de un chicle al suelo. O más tranquilo aún. Y Chapman se puso a leer El guardián entre el centeno, también como si la situación en la que estaba envuelto no tuviera más envergadura que la que puede tener, pongamos, esperar al metro en el andén. Años después, en una entrevista exclusiva para la BBC, Chapman recordaba: “Pasó a mi lado y entonces escuché en mi cabeza: ‘Hazlo, hazlo, hazlo’; una y otra vez”. Chapman, con una serenidad robótica, confesaba a la BBC: “No recuerdo tener intención de hacerlo. Debí de haberlo hecho, pero no recuerdo siquiera haber apuntado, o como quieran llamarlo. Simplemente apreté el gatillo cinco veces”.

Al ver esta entrevista, el periodista Fenton Bresler pensó, inmediatamente, en El mensajero del miedo (1962), esa película en la que un hombre inducido por hipnosis a obrar a voluntad de otros está a punto de convertirse en presidente de EE UU. El hecho de que Chapman actuara como un robot, que escuchara voces, que sus actos parecieran no ser consecuencia de su voluntad sino predeterminados, que se declarara culpable y no hubiera ni juicio, que se dictaminara que Chapman no sufría trastorno alguno, ni permanente ni transitorio, a pesar de su conducta, y la extrañeza de que, en EE UU, los asesinatos relevantes (Lincoln, John Kennedy, Robert Kennedy, Martin Luther King…) siempre fueran cosa de locos solitarios, llevaron a Bresler a perseguir la idea de que Chapman estaba “programado” para matar a Lennon, que el asesino simplemente “se activó” y disparó, como también habría sucedido con Sirhan Sirhan, raro asesino de Robert Kennedy en 1968.

El periodista –que escribió el libro Who killed John Lennon? tras años de investigaciones– habló con el teniente O’Connor de la policía de Nueva York, que acudió al lugar de los hechos la noche del 8 de diciembre de 1980; le confirmó su extrañeza ante la actitud de Chapman, “que podría haber escapado muy fácilmente sólo con haberlo querido. Tenía el metro al lado y no había nadie cerca que pudiera haberlo parado”. En cambio, Chapman se sentó, sacó el libro y se puso a esperar, como si hubiera cumplido una tarea.

John Lennon fue un problema para la CIA y el gobierno norteamericano desde que, a mediados de los 60, dijo que los Beatles eran más populares que Jesucristo. Se le malinterpretó, pero el caso es que se organizaron quemas masivas de álbumes de los de Liverpool y hasta el Ku Klux Klan experimentó un momentáneo auge de popularidad como sistema de defensa de valores de toda la vida de dios. Cuando, en 1971, el ya ex beatle se mudó a Nueva York, todas las alarmas se dispararon. Lennon no sólo era un músico; era el más importante de todos, y tenía un gusto demasiado elevado por hacerse amigos revolucionarios –Jerry Rubin y Abbie Hoffman, por ejemplo– y apadrinar manifestaciones un tanto incorrectas.

La administración Nixon le espió con tanto descaro que el propio Lennon ironizaba con la cantidad de veces que aparecían “los técnicos del teléfono” por su casa. La CIA consideraba peligroso su poder de convocatoria, y este temor se tradujo en constantes actos de seguimiento, escuchas, amenazas veladas – como la de denegarle el permiso de residencia– y un generoso archivo de informes negativos, tanto del servicio secreto como del FBI, en los que se tachaba a Lennon de personaje nocivo para el bienestar de EE UU. Estas actuaciones cesaron bajo los mandatos presidenciales de Gerald Ford –republicano cansado de los tejemanejes de su antecesor Nixon– y Jimmy Carter –demócrata al que Lennon había apoyado–.

Aunque Carter todavía era presidente el 8 de diciembre de 1980, las elecciones celebradas el 4 de noviembre pasado habían dado ganador a Ronald Reagan, que, siempre según la teoría de Bresler, estaría ya operando en la sombra en asuntos de seguridad nacional como el de Lennon (que para algunos lo era). El nebuloso Mark David Chapman había pasado muchos años involucrado como voluntario en supuestos caladeros de la CIA camuflados de organismos humanitarios gubernamentales en Líbano o Hawaii, pero no hay archivos de sus tareas. No hay rastro. Era un hombre sin pasado, según Bresler, un candidato perfecto al que hipnotizar y utilizar como arma. Están las voces, está su extraña incredulidad ante sus actos, está su apatía posterior… ¿Por qué no?

Este reportaje, Los misterios del rock, fue publicado en el número 116 de ROLLING STONE.

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