https://www.twitlonger.com/show/n_1srimvg
En un principio no iba a pronunciarme sobre este tema. Tenía pensado
quedarme callado y seguir viviendo mi vida. Mucha gente cercana a mí
también me ha recomendado permanecer en silencio y esperar a que se
calme un poco la marea. Otros me han aconsejado dar una respuesta
oficial, contratando a un asesor de comunicación y enviársela a los
medios. Pero viendo al punto al que ha llegado todo esto, he decidido
escribir y publicar esto por mi cuenta. Al final, de lo que se está
hablando es de mi vida, así que prefiero abordarlo yo mismo. Me hubiera
encantado hacer un vídeo pero ahora mismo me es imposible ya que no
tengo a mi disposición ni mi ordenador de trabajo ni la cámara. Además
he sentido la necesidad de escribir una respuesta basada en la reflexión
y la calma, y hablándolo con mi gente más cercana.
Lo único que os pido es que leáis este escrito hasta el final, y que no
os quedéis en la mera superficie leyendo solo esos titulares llamativos
que sacarán los medios de comunicación a posteriori.
Hace unos días anuncié a mi público la decisión de mudarme a Andorra.
Normalmente no suelo comentar muchas cosas de mi vida personal; mi
trabajo ya es una ventana parcialmente abierta a mi vida, y por ello
intento preservar mi privacidad y ser dueño de mi intimidad, pero ese
día me sentía contento e ilusionado, y cuando llevaba ya nueve horas de
directo me dije: “Ahora es el momento de contarlo”.
En resumen, dije lo siguiente: “Muchos ya sabéis a donde voy. Casi todos
mis amigos viven allí en la actualidad y en Madrid hay pocas cosas ya
que me retengan”. Eso sí; si fuera solo por ganar más dinero, me hubiera
mudado ahí hace muchos años”. Es cierto que en Madrid nunca me he
sentido cómodo del todo. Os lo he contado varias veces: soy una persona
que apenas sale de casa y que vive con las persianas bajadas todo el
día, por miedo a que alguien me reconozca. Y no digo esto para intentar
dar pena ni nada por el estilo, me he acostumbrado a vivir feliz en el
aislamiento de mi habitación. Pero ya van cinco mudanzas en lo que llevo
siendo “youtuber” y nunca puedo descansar tranquilo pensando que hay
alguien ahí fuera esperándome u observándome. Hay cosas tan simples como
bajar a comprar el pan o salir a dar un mero paseo que, lo creáis o no,
me cuesta hacer si no es con la ayuda de alguien cercano a mi.
Como bien sabréis, las palabras “Andorra” y “Rubius” han sido trending
topic durante varios días. Durante más de una semana, las opiniones
sobre mi decisión de mudarme a otro país han llovido sin descanso.
Primero empezó con mi público. A mis espectadores les ilusionó que me
fuera a mudar, y una gran parte de estos apoyó mi decisión. Pasadas unas
horas, un periódico online lanzó una noticia con el titular “Rubius se
muda a Andorra para pagar menos impuestos”. Esa primera exclusiva en un
medio online fue el pistoletazo de salida para el bombardeo de
artículos, reportajes y columnas que aparecieron (y siguen apareciendo):
“Rubius anuncia que se va a Andorra: Me hubiera ido hace muchos años”,
“Como evitar evasiones como las de Rubius”, “El escándalo del Rubius” y
muchas otras que habréis visto.
¿El denominador común de estas? Sacar de contexto lo que dije, buscar el
click fácil y desde luego, la falta de contraste y de fuentes veraces.
A partir de aquí, el asunto comenzó a escalar y se desencadenó toda esta
tormenta de insultos, infamias e incitación al odio sobre mi persona.
Hasta el punto de colgarme etiquetas políticas, discutir acerca de si
soy o no patriota, políticos usándome para su agenda, otros vinculándome
con ideologías extremas. Personas sacando clips míos de hace años
completamente fuera de contexto. Gente y medios sacando conclusiones
acerca de cuánto dinero gano al año (extrayendo sus datos de una página
web llamada Socialblade, la cual la mayoría sabe que no es una fuente de
datos fiable y que por norma general hace cálculos de lo que gana un
canal estadounidense “limpio” y apto para todos los anunciantes, pero
ese es otro tema a parte).
Lo que estoy viendo estos días en los medios de comunicación
convencionales y en las redes sociales solo demuestra lo podrido que
está el clima de debate en España. En las RRSS cualquier persona opina
sin tapujos en función de un simple titular de 128 caracteres, o
basándose en el primer resultado que han obtenido en su búsqueda de
Google sin una pizca de pensamiento crítico, profundización o contraste.
He visto mucho rencor acumulado en contra de estas nuevas profesiones
nacidas de internet. He visto a mucha gente deseando tener la
oportunidad de declararme el Enemigo Público Número 1 de este país y de
poder asociar, a toda costa, mi imagen a la de un criminal cualquiera.
Porque, en el fondo, a la mayoría de medios de comunicación
tradicionales, lo que les carcome es que un tío desde su habitación
tenga mas repercusión que cualquiera de sus emisiones para las que
necesitan tener a 30-40 personas trabajando y utilizar unos sets de
rodaje en los que han invertido cientos de miles de euros. Les carcome
que año tras año, poquito a poquito, la inversión publicitaria se vaya
desplazando de las televisiones convencionales hacia internet. Y llevan
así años, muchos sabréis que no es la primera vez que hablo de este
tema. Pero ya empieza a oler.
Y ahora hablemos de los impuestos. Muchas personas hablan como si yo no
hubiera pagado impuestos en mi vida, como si no hubiera hecho nada por
mi país (mejor dicho, por uno de mis dos países), como si fuera un
criminal. Llevo estos 10 años de Youtuber pagando casi la mitad de lo
que he ganado en impuestos. 10 años. Y estoy muy contento de haberlos
pagado. Lo que me molesta es que, aunque lleve desde el día uno haciendo
las cosas bien y de manera legal, como, sin duda, deben de hacerse,
Hacienda me haya tratado como si fuera un “delincuente”. Desde ese
primer día, he estado sometido a inspecciones fiscales, se han emitido
notificaciones al resto de Haciendas europeas y de EE.UU para ver si
tenía “cuentas corrientes ocultas”, me han puesto sanciones por no
atender a requerimientos que nunca llegaron, y un largo etcétera.
Y por si lo anterior fuera poco, un destacado técnico de Hacienda,
perfecto conocedor de todo este actuar por parte de Hacienda, servidor
público del que cabe esperar el máximo respeto hacia los ciudadanos de
este país, se ha pronunciado estos días en los medios de comunicación
manifestando, entre otras cosas, que “El Rubius ha mostrado sin tapujos
ni complejos una tremenda insolidaridad”.
Yo soy un afortunado pues estas prácticas son consustanciales a la forma
en que Hacienda trata a miles y miles de autónomos, miles y miles de
veces más pequeños, y por tanto más indefensos, que yo. ¿Por qué no se
habla de esto en los medios de comunicación?
Estos días me he hartado de leer declaraciones por parte de altos
funcionarios del Estado (que han aprovechado esta polémica para hacer
“pedagogía fiscal” en los medios) en las que insinúan que es probable
que haga chanchullos en un futuro al mudarme a Andorra como parece ser
que hicieron otras personas en el pasado; afirman que es más que posible
que simule que vivo en Andorra mientras en realidad vivo en España
disfrutando del sol y de los servicios públicos, afirman incluso que “me
van a estar esperando dentro de 5 años”. Cito de nuevo al destacado
técnico de Hacienda: (…) “lo que ha anunciado El Rubius sea legal
dependerá de los días que resida verdaderamente en Andorra (donde el
youtuber tendría que vivir más de medio año). Algo que la AEAT vigila e
inspecciona, puesto que quienes fingen un traslado de domicilio para
pagar menos impuestos podrían incurrir en un delito fiscal”. Lo de
siempre, lo mismo que desde el día uno, me consideran culpable mientras
no consiga demostrar lo contrario.
Otros, y gracias a la ceremonia de la confusión que se ha montado a mi
costa, piensan que lo que estoy haciendo es ilegal y que estoy haciendo
fraude fiscal. ¿Desde cuando mudarse a otro país es ilegal? Si me
hubiera ido a vivir a Alemania, Noruega o Japón, nadie hubiera dicho
absolutamente nada. Algunos consideran “egoísta” o “poco ética” mi
decisión de mudarme a Andorra. Pero no es menos cierto que allí se
encuentran la mayoría de mis amigos y compañeros de profesión y que
allí, por lo que me cuentan, puedo salir a la calle tranquilo, hay
seguridad y puedo estar en un entorno cultural tranquilo y seguro, que
al fin y al cabo es lo que estoy buscando.
Pero una cosa es la crítica racional y otra el tratarme como a un
criminal y decir todas las barbaridades que he tenido que escuchar por
parte de muchísimos periodistas (de los que cabe esperar una mínima
profesionalidad y rigor) que van a televisión a decir que yo “le robo”
al pueblo español. Ese escritor que habla sobre “el retroceso de España”
y luego me suelta un muy civilizado “puto niñato” o ese famoso ex
jugador de baloncesto que suelta a gritos insultos como “cabrón” y “a
cagar” respondiendo al entrevistador que a su vez afirma (otra
difamación más) que yo he dicho que “España me roba”. Por no mencionar
al Vicepresidente del Gobierno que me señala públicamente con el dedo
retuiteando los insultos del mencionado ex deportista) y otro largo
etcétera.
En una televisión financiada públicamente hemos oído que “a todos los
youtubers evasores de impuestos deberían decapitarles en la plaza
pública”. Por lo visto, se considera normal y aceptable soltar semejante
barbaridad en una televisión pública. En un programa de actualidad del
mismo medio pusieron imágenes mías alternándolas con las de una persona
que ha sido condenada a prisión por varios delitos. En serio, ¿es este
el nivel de un debate público digno de un país civilizado? ¿Así es cómo
vamos a combatir los discursos del odio? ¿Acaso ponerme a mí de cabeza
de turco y verter todo ese odio sobre mi persona va a contribuir a que
mejoren los problemas de fondo que hay en España?
Las leyes de Hacienda no estaban preparadas para esta nueva ola de
creadores online. Y siguen sin estarlo. Llevan desde 1990 sin actualizar
su catálogo de “profesiones”. Oigo decir, “que cierren las conexiones
de internet entre España y Andorra” o cosas como “con nuestros ingresos
debería tributar aquí”. Os recuerdo que la mayoría de mis ingresos de
YouTube vienen de fuera de España, más de tres cuartas partes de países
como México, Argentina, Colombia y Estados Unidos.
No quiero dar mal ejemplo a los más jóvenes que me siguen, haciéndoles
pensar que no hay que pagar impuestos como también se ha dicho. Todo lo
contrario, pagar impuestos es contribuir con tu aportación al progreso y
la prosperidad del país donde resides. Pero esto ha de ser una relación
equilibrada entre el Estado y el ciudadano. Y si esa premisa no se
cumple, es completamente legítimo que el ciudadano, en el pleno uso de
su libertad como ser humano tome las decisiones que considere apropiadas
si están dentro de la legalidad y no reciba el trato que he recibido
durante los últimos días.
En definitiva, y con esto ya me voy a despedir y no volver a hablar de
este asunto, el ser un país desarrollado y civilizado no se trata
únicamente de ser más o menos rico y esto lo aprendí gracias a los años
de infancia y adolescencia que viví en mi otro país, Noruega. De esta
cultura también he mamado uno de los valores más importantes para mí: la
honestidad y la transparencia. Por eso no puedo más que sentir rabia e
impotencia cuando leo esta otra entrevista:
[Hay una cosa que sorprende especialmente al inspector de la Agencia
Tributaria con el que hemos hablado: "Estos 'youtubers' ni siquiera
disimulan, cuentan que se van a Andorra y reconocen directamente que lo
hacen porque quieren pagar menos impuestos", nos cuenta otro inspector
de la Agencia Tributaria en activo. "Otras personas famosas que han sido
pilladas solían argumentar que se iban a Andorra porque tienen negocios
a nivel internacional o porque necesitan entrenar en altura, en el caso
de los deportistas. Pero estos chicos dicen claramente que en España
viven perfectamente y que si se van a Andorra es para pagar menos
impuestos. Eso es pedir a voces que te investiguen".]
Los altos funcionarios del Estado muestran públicamente su sorpresa por
la transparencia y la falta de picaresca. Comportarse de manera honesta y
transparente es “pedir a voces que te investiguen” (¿más aún que llevo
desde el día uno siendo investigado?). A los altos funcionarios del
Estado les “asombra” que un ciudadano no “disimule” y que no continúe
con el legado de una de esas más rancias tradiciones de la cultura
española, “tú haz lo que quieras pero que no se note y que nadie se
entere”.
Mi decisión de mudarme, como todo en la vida, tiene multitud de matices y
contrastes, no es una decisión plana, sino fruto de una larga reflexión
y de algo irrenunciable, mi propia libertad si la ejerzo cumpliendo la
legalidad vigente.
Y eso es todo, muy pronto nos vemos online.
PD: Gracias a todos los medios y personas, que aunque minoritarios
también los ha habido, que se han informado sobre este tema y lo han
debatido de manera respetuosa y racional.
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