
Lo primero que esconde es a sí mismo. El escribiente se reviste de una coraza protectora, de un escudo que impide la penetración en su verdadera forma de ser y actuar. Oculta su realidad. No muestra más que una máscara de sí mismo, una pose artificial de cara a la galería.
La ausencia de velocidad y de ligaduras en la grafía mayúscula pone freno a la agilidad mental, a la espontaneidad, al fluir natural del grafismo. Frena la emotividad, la sencillez y la llaneza propias del ser humano. La mayúscula deja muestra de un ser básicamente frío, desnaturalizado e impersonal, que trata de esconder a su Yo menor, con el que no se siente identificado o al que simplemente pretende ocultar, por el motivo que sea.
En estos casos, es habitual que la firma que acompaña a un texto enteramente en mayúsculas, tenga signos de autoestima mal compensada, inseguridad, actitudes a la defensiva, o de la existencia de miedos o complejos.
También puede esconder a un carácter autoritario, orgulloso, narcisista, que pretende imponerse a los demás y destacar a toda costa. La mayúscula en estos casos suele tener formas incisivas, afiladas, con angulosidades muy marcadas y con especial recreo en una presión fuerte, que deja surco sobre el papel.
La intención inconsciente de la mayúscula, en este caso, es la de pisar a un prójimo al que considera inferior. La mayúscula se regodea con su altura superior, su corpulenta estructura y su base firme sobre la pequeña minúscula. Quien escribe en mayúscula se manifiesta así como una especie de dios, de héroe, como ente superior que es sobre una masa común y corriente que escribe habitualmente en minúscula.
escribe como un niño de 6 años.. hispanistán se ha librado de un gran "hestadista"..
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