39 fallecidos, que se sepa..
está claro: la culpa es del maquinista (como ocurrió en el accidente de Galicia), o del malo de Franco-pantano (que era muy malo), o de la máquina del "fan-go", o del clima cambiático, o de la peligrosa "hultra-kilo-mega-turbo-giga-tera-hextra-extrem@-hultra-deretxcha"....
y de regalo:
Antes de que lo borren. Que nunca puedan decir que no conocían el estado de las vías ferroviarias y las averías constantes. pic.twitter.com/9Lm76jSUzt
— Arturo Villa (@ArturoVilla_) January 18, 2026
y de regalo (en dron no, que cuesta menos.. en helicóptero.. claro.. no es magia: son tus impuestos.. los mismos que perseguían a caminantes solitarios por el monte en plena "pandemya"):
Imágenes aéreas de la Guardia Civil del accidente de Adamuz. La colisión del Alvia con el coche de cola del Iryo que invadió su vía de forma previa desplazó varias decenas de metros al primero. pic.twitter.com/r5xDArprum
— Mateo Balín (@mateobalin) January 19, 2026
🔴 La Guardia Civil se desplaza a la zona del accidente en Adamuz y envía las primeras imágenes: pic.twitter.com/aYKpL6Z5pP
— Vito Quiles (@vitoquiles) January 19, 2026
y de regalo (y el que quiera entender, que entienda):
y de regalo:
y de regalo:
#EXCLUSIVA | Un comunicado de los maquinistas en agosto alertó a Adif de los “baches” y “garrotes” de la línea de Adamuz pero Transportes lo ignoró.
— Vito Quiles (@vitoquiles) January 19, 2026
Los trabajadores hablaban de “degradación profunda y acelerada del material” y pedían actuar de inmediato.
Es una negligencia… pic.twitter.com/cHklxiNIFY
y de regalo (del país que compraba trenes que no pasaban por los túneles):
Descarrilamiento esta mañana en Chamartín. No ha salido en ninguna televisión, no quieren que salgan fotos.
— Alfredo Perdiguero M. 🇪🇸 (@PerdigueroASP) June 12, 2025
Ha sido un problema del accionamiento de la aguja. Pues ya se sabe. pic.twitter.com/z9kCV9f3N2
para situarnos: el accidente de un tren es tercermundista (se sabe perfectamente a qué hora y por dónde pasa el tren, viaja en una vía por la que no circulan más vehículos, tiene establecida la velocidad para cada tramo, y las paradas, y pasan miles de revisiones "prebentibas"); pero además que el otro tren no haya parado automáticamente (como debería haber hecho.. para eso está la tecnología.. ASFA y ERTMS.. en el accidente de Angrois se culpó al maquinista.. y aquí volverán a hacer lo mismo) demuestra el nivel que tienen en el narco-estado "feminista"..
aceptando que pasaron apenas unos 20 segundos entre ambos accidentes, tiempo insuficiente para frenar completamente, lo que está claro es que si el choque se hubiera producido a menor velocidad, las consecuencias habrían sido, también, menores.. la energía cinética es proporcional al cuadrado de la velocidad..
y de regalo (si no es de ppcc o de ir-, se le parece mucho):
España mató al tren en 1986. Felipe González firmó el decreto. Lo llamó modernización. Los tecnócratas dijeron déficit. Fue una mentira simple. Primero dejaron que las vías se pudrieran. Luego dijeron que estaban podridas. Es un truco viejo. Funciona siempre.
Francia y Alemania miraban desde arriba. Querían un mercado, no un rival. España aceptó el trato. Los españolitos con sus barrigas llenas no tenían tiempo ni ganas de pensar en lo que estaba pasando El país de la desindustrialización y la reconversión dejó de producir para empezar a consumir. Desde entonces solo producimos putas y camaremos. Cambiamos fábricas por berlinas alemanas financiadas y con la entrada en B y trenes franceses o alemanes, pagados a plazos que no acaban nunca. Era fácil: firmar un papel, cerrar una línea, abrir una carretera, inaugurar un polígono fantasma. Que ya si eso algún día nacerán las empresas de la más absoluta nada. Cada decisión parecía pequeña. Juntas eran una condena.
Luego llegó el dinero de Europa. No fueron migas. Fueron ríos. Dinero suficiente para rehacer la red entera, para coser el país con cercanías, regionales, nocturnos y sobre todo mercancías. Se eligió otra cosa. Pero aquí lo viejo no sirve. Mejor tirarlo y hacerlo nuevo, porque los sobres engordan como lo hacen los presupuestos, los sobrecostes, los beneficios en las cuentas suizas de quienes firman las cuentas opacas con pulserita de España en la muñeca y sobre todo las mordidas de los mamporreros de la infecta y parasitaria mafia política. No arreglar el tren, sino construir otro. Hombre blanco fumar pipa de la paz y bienvenida la OTAN. Uno nuevo. Limpio. Rápido. Caro. Insostenible.
El AVE.
Madrid–Sevilla fue el prólogo. No era una línea, era un espejo. El españolito medio, con alma de pastor pobre y sueños de señorito, se miró ahí y se vio europeo. No quería un tren que le llevara al pueblo de al lado, no claro. Duelo a garrotazos, el tractor más grande de la comarca y el vecino que se hunda en la miseria, como el del señor Cayo. Solo faltaría que nos llegaran más forasteros. El habitante medio de la España vaciada (de inteligencia y capacidad crítica) quería un símbolo que subiera el precio de su piso. El tren dejó de ser transporte para ser aval bancario. Hipoteca sobre raíles para disminuidos mentales aparentemente funcionales con derecho a voto.
Después vino el resto. Cada gobierno añadió su tramo. Cientos de kilómetros aquí. Cientos allá. Miles de millones enterrados en viaductos, túneles, estaciones vacías. Total, entre polígonos, vacíos, autopistas de pago vacías, aeropuertos vacíos, puertos vacíos y millones de cerebros vacíos, apenas se notaba la diferencia. Ninguna cuenta cuadraba, pero a nadie le importaba mientras el hormigón siguiera corriendo y el mercado inmobiliario subiera. El coste no se veía. Estaba repartido en décadas de deuda y presupuestos futuros. Una losa silenciosa. ¡Vivan las caenas que la fiesta la paga Europa!
Mientras tanto, el ferrocarril real se vaciaba como un cuerpo sin sangre. Se cerraron miles de kilómetros de líneas que unían comarcas enteras. Estaciones que habían visto generaciones se convirtieron en ruinas en menos de una década. Donde antes pasaban varios trenes al día, quedó un autobús pobre, o nada. El mapa del país se encogió sin que saliera en el telediario. Y luego lo llamaron España vaciada. No pudo haberse visto de venir semejante problema, por supuesto.
No solo se mataron vías. Se mató la posibilidad de volver a usarlas. El material rodante se vendió al peso. Lo que en otros países se guarda como reserva, aquí se destruyó para cuadrar las cuentas de cuatro amiguetes que recibieron volquetes de dinero a cambio de 4 duros por desmantelar material rodante que hoy costaría millones. Se tiraron décadas de inversión como si fueran chatarra sobrante. Hoy no hay trenes porque ayer se los comió el soplete.
El AVE crecía hacia todas partes como una planta enferma. De ciudad grande en ciudad grande, saltando por encima de la España vacía que solo veía pasar los destellos blancos a lo lejos. Cada nuevo tramo venía con la misma promesa: desarrollo, empleo, futuro. ¡Bienvenido Mr Marshall pero con la pauperización galopante, 20 años de salarios bloqueados, una inflación digna de la república de Weimar y el advenimiento de una masa inmigrante con una mano detrás y otra delante! Ya lo dice el viejo dicho: primero como una tragedia (Felipe González y sus sicarios desmantelando una infraestructura vital como el ferrocarril convencional) y luego como una farsa (jubilados en 2006 comprando pisos en Valladolid a precio de San Sebastián para revendérselos a los madrileños como Cristobal Colón cambiaba cuentas de colores por adornos de plata...¡El cuento de la lechera pardiez!). Lo que traía el AVE, en realidad, era drenaje. Más fácil irse a Madrid que quedarse en una capital de provincia donde no hay más trabajo que el enchufe en alguna administración o repartir hamburguesas en patinete. Por supuesto. Más cómodo vivir en Málaga que sostener un pueblo de interior donde sobran esclavos para trabajar en un campo reconvertido en plataforma estéril y especulativa de placas solares. Era evidente. El tren rápido acortó distancias para unos pocos y alargó el abandono para el resto.
Por debajo de toda esa retórica había una aritmética cruel. Mantener la red AVE costaba cada año lo que antes bastaba para mantener y mejorar miles de kilómetros de convencional. Cada kilómetro de alta velocidad exigía un cuidado quirúrgico mientras cientos de kilómetros de vía vieja se oxidaban sin presupuesto. El país se ató a una infraestructura que no podía dejar de pagar, como una hipoteca sobre una casa en la que casi nadie vive porque se te cae encima y aún así, tienes que mantenerla a pesar de estar vacía y generar únicamene masivas pérdidas.
El resultado es sencillo de entender aunque nadie quiera pronunciarlo. El tren que podría salvar al país (el de siempre, el "lento", el frecuente, el económico, el eficiente, el de masas, el que para en muchos sitios, el que te lleva al trabajo desde un municipio con casas asequibles, el que lleva mercancías y con sus ingresos financia las líneas de pasajeros más necesarias, las que fijan población, las que evitan la muerte del 90% del territorio) está condenado. No hay dinero, dicen, mientras dilapidan millones en una nueva estación de AVE ecoresiliente con perspectiva de género. No hay demanda, dicen, cuando el trabajador medio no puede permitirse un coche. Pero hubo dinero para miles de kilómetros de alta velocidad vacía y de alta capacidad deficitaria. Y hubo demanda suficiente como para llenar, cada día, carreteras saturadas de camiones y coches hacia ciudades donde sí hay tren y trabajo y pagar el alquiler de una habitación compartida en un zulo infecto te lleva la mitad del salario.
La España vaciada no es un accidente. Es el balance final de una ecuación escrita en ministerios y despachos de partido al servicio del gran Cártel de la Mafia de las Contratas y su sacrosanto líder don Florentino el Intocable. Se arrancó el tejido fino de cercanías, regionales, nocturnos y mercancías y se sustituyó por un hilo único, tenso, carísimo, entre megacapitales: Madrid, Barcelona, Málaga. Un país de pocos nodos brillantes que ocultan miseria y pauperización y un desierto alrededor de la nada más absoluta, donde la única diferencia es que la miseria se contempla a simple vista.
Ahora el combustible se encarece, el coche se vuelve un lujo con utilitarios con motor de vespino a precio de deportivo, restricciones absurdas, el eléctrico es una broma inasumible para un pais donde el salario más frecuente es el ¡salario mínmo! y donde la mayor parte de la población que necesita coche vive en un piso sin garaje. El transporte por carretera sube el precio de todo a pesar del gasto en subvencionar combustible, autovías gratuitas pagadas con dinero que no es de nadie y los miles de muertos provocados por el tránsito brutal de camiones en vías saturadas. La cesta de la compra duele y el único viaje que puede permitirse el españolito medio es el que hace al supermercado a echar lo mismo de siempre, 20€, en un carrito de la compra donde solo abulta el aire. Y el ferrocarril que podría aliviar esa presión (coste de mercancías, burbuja inmobiliaria) no existe. Lo mataron hace años, tramo a tramo, decreto a decreto, pelotazo a pelotazo.
Y en mitad de todo, el AVE sigue ahí. Circula medio vacío algunos días, rebosante en puentes y vacaciones de funcionarios, estudiantes con posibilidades y jubilados de oro que encima viajan bonificados como si no fuera bastante con el IMSERSO, como una autopista de primera para una minoría selecta. Cada viaje lleva detrás una factura que pagará todo el país durante generaciones. No solo en dinero, también en lo que ya no se puede hacer: reabrir líneas, desplegar servicios, fijar población en la España interior.
El accidente de Córdoba no cae del cielo ni es culpa de la coyuntura presente. Es un síntoma. Cuando se fuerza una red frágil, diseñada para lucir en la foto como reclamo para los carteles de las nuevas promociones y no para resistir, cuando se estira el mantenimiento mientras se engordan los contratos, cuando se juega con márgenes mínimos para sostener un juguete carísimo, las matemáticas se cobran su parte. Una noche la cuenta sale en rojo y lo que falta no son euros: son vidas. Aquí tenemos el verdadero "beneficio social" del AVE que justifica este completo y absoluto despropósito adquiriendo tintes dantescos más cercanos al del cáncer metastásico para un pais moribundo y desahuciado que al de un medio de transporte.
El verdadero terror no está solo en los muertos de un día. Está en los vivos de cada día que ya no pueden irse ni quedarse con dignidad. Gente atrapada en pueblos sin tren, en ciudades donde solo hay salida en coche, en barrios donde el AVE pasa por encima sin dejarles nada, salvo el eco distante de un tren que no es para ellos a pesar de haber aplaudido su llegada hasta desangrarse las manos dando vítores al cacique de turno responsable de vender el acontecimiento.
España hipotecó su futuro ferroviario por una foto de modernidad y progreso que solo tiene parangón en el Monorail de Sprinfield. Puso su firma en una deuda que no terminará nunca y entregó, a cambio, la posibilidad de que la mayoría siguiera viviendo fuera de tres o cuatro ciudades monstruosas en un territorio vertebrado y bien comunicado. Ahora el tren pasa rápido sobre ese vacío como si no permitiría que sus viajeros contemplaran el desolador paisaje. Es veloz. Es brillante. Y vuela sobre un cementerio: de vías, de pueblos, de posibilidades. De los 40 cadáveres en Córdoba. Y cada vez que pasa, recuerda a todos los que se quedaron sin sitio en ese futuro. Y un día, simplemente, dejará de pasar. Entonces el silencio será completo y este cadáver de pais será pasto de los carroñeros sin más.
pues eso (llevan décadas dedicando docenas de miles de millones, todos los años, al "jenaro".. luego vienen los lamentos):
El tren de LD AV Iryo 6189 Málaga - Pta de Atocha ha descarrilado en los desvíos de entrada de vía 1 de Adamuz, invadiendo la vía contigua. Por vía contigua circulaba tren de LD AV 2384 Pta. de Atocha - Huelva , que también ha descarrilado.
— INFOAdif (@InfoAdif) January 18, 2026

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