el autor tiene docenas de relatos cortos parecidos más dignos que muchas películas..
pues eso:
Ayer conocí a una Enmurada y me confeso algo que me explotó la mente
Coincidí con Verónica en la cafetería de un club de pádel elitista de la
zona norte. Yo iba a acompañar a un cliente, pero ella estaba allí
plantada en régimen de caza activa, buscando algún empresario o
profesional independiente con el que ejecutar un salto de liana de
última hora antes de que fuera tarde. Tenía 35 años y, a pesar del
maquillaje de marca y el conjunto deportivo de estreno, se le notaba una
derroición amenazante que ni el sol de la terraza podía camuflar.
En cuanto nos quedamos solos en una mesa apartada, se pidió un
descafeinado con hielo, tiró el móvil sobre el mantel con desprecio
absoluto y se puso a rajar del ecosistema digital con una amargura
implacable:
—Marty, te lo juro, la situación derroyente que hay ahí fuera es de
proporciones bíblicas. Mi Tinder se ha convertido en un auténtico
cementerio nuclear. Cuando tenía 25 me llovían Chads, pero ya no pesco
ni un solo match con alfas de verdad; solo me dan likes remeros calvos
con la línea del pelo en retirada, hipotecados, tapones y divorciados
mil o dosmileuristas que buscan desesperadamente una cuidadora de
reemplazo a tiempo completo. Yo a veces les muestro cierto interés por
estar aburrida pero luego les dejo en leido. El mercado de la carne está
en quiebra total y a mí la derroición me está alcanzando con rapidez.
No me hace caso nadie que tenga un patrimonio libre de cargas, ni
alguien que sea de mas de 1'80. Me arrepiento de no asentarme con un
verdadero alfa cuando pude, yo con un betazo premium no me conformo.
Pero tengo un plan.
Al ver mi cara de indiferencia analítica, Verónica se inclinó sobre la
mesa, bajó la voz y me desveló la estrategia de psicología evolucionista
que utilizaba para sobrevivir en el mercado de citas y arrebatarle los
mejores partidos a las chicas más jóvenes del club.
Se colocó las gafas de sol, miró de reojo hacia la pista central y continuó detallando su plan de batalla con total naturalidad:
"Me acerco con cualquier excusa sofisticada, me meto en la conversación y empiezo a minar la percepción del hombre de forma sutil. Dejo caer comentarios sobre la alarmante falta de madurez de la juventud actual, su adicción patológica a la validación digital en redes sociales y el enorme riesgo financiero que supone para un varón con estatus emparejarse con alguien de la generación Z. Despierto de manera inconsciente su miedo evolutivo a un divorcio destructivo y a la pérdida de recursos. Además suelto que las de treintaytantos tenemos aún buena fertilidad onque podemos congelar óvulos. Justo en ese momento de duda, me expongo yo como un activo refugio de bajo riesgo, ofreciendo una simulación extrema de estabilidad, sofisticación y gestión eficiente del hogar. Le vendo la moto de que una veinteañera solo dilapidará su dinero en postureo, mientras que una mujer madura consolidará su posición social y le puede dar hijos. Y a las chortinas en los foros estoy constantemente lavando el cerebro: les digo que los hombres son malos, todos iguales, que sean independientes, que el pelo corto les queda bien y que la obesidad es sexy. Tengo que conseguir a mi alfa como sea, cueste lo que cueste".
Yo la escuchaba fascinado por el nivel de maquiavelismo antropológico que se gastaba, pero sobre todo por la desesperación que ocultaba todo ese despliegue técnico. Al final, por mucha psicología evolutiva que aplicase en las distancias corta, el mercado de futuros de la carne ya había dictado sentencia y los hombres de alto valor preferían asumir el riesgo de la volatilidad joven antes que comprar un activo maduro en fase de liquidación.
Me despedí con una excusa corporativa sobre una entrega de archivos y la dejé allí, repasando las terrazas del club con la mirada fija de un francotirador que se ha quedado sin munición, asumiendo que el guano relacional ya era una realidad inevitable en su rellano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario