¿Fannie Mae a la británica? El peligroso plan de Osborne para resucitar el mercado hipotecario
George Osborne, el ministro de Economía británico o Mr Austerity, como
le ha bautizado la prensa británica, tiene un plan para sacar de su
letargo al mercado hipotecario e inmobiliario del Reino Unido. Junto a
las polémicas medidas de austeridad y recortes sociales, entre los
presupuestos generales elaborados por el chancellor se ha colado la
fórmula con la que pretende que la banca vuelva a abrir el grifo del
crédito para la compra de vivienda.
El plan se basa, a
grandes rasgos, en conseguir que haya barra libre para los ciudadanos
que quieran comprar una vivienda y no dispongan de ahorros para una
entrada, con la garantía de que el Estado, en caso de impago, asumirá la
mayor parte de las pérdidas. En otras palabras, la banca presta pero el
erario público asume todo el riesgo de la operación. Una potencial
bomba de relojería que no ha tardado en despertar recelos y numerosas
críticas.
Por partes. ¿Por qué quiere el Gobierno británico impulsar su mercado
inmobiliario? Las última previsiones económicas apuntan hacia un
estancamiento de la economía británica. Tres años consecutivos de
recesión o al borde de la recesión y unas elecciones a la vuelta de la
esquina han llevado al ministro a hacer algo, “lo que sea”, comentan
varios medios británicos, para intentar impulsar el gasto y la inversión
y, de paso, recuperar la confianza de los votantes.
“El Gobierno británico sabe que es necesario que la economía reciba una
importante inyección de actividad, y para ello, la reactivación del
mercado inmobiliario, hoy totalmente paralizado, es esencial”, explica a
El Confidencial Angel Mas, presidente de la división de Seguro de
Crédito Hipotecario Europeo de Genworth Financial. “El Gobierno ha
llegado a la conclusión de que hay que aplicar una inyección de
adrenalina al sistema. Hay que poner en marcha toda la maquinaria y para
ello ha creado una auténtica bomba nuclear", añade.
Miedo a un monstruo hipotecario
El plan tiene nombre y apellido: Help to Buy –ayuda a la compra- y es la
tercera intentona tras los frustrados y mal diseñados, según los
expertos, First Buy y New Buy. Con un presupuesto de 15.500 millones de
libras, son muchas las voces que alertan de los efectos perniciosos que
puede tener sobre la economía británica en general y sobre los precios
de la vivienda en particular.
"Lo que muchos expertos tememos es que se esté gestando un monstruo
hipotecario similar a las norteamericanas Freddie Mac y Fannie Mae. Un
ente participado de manera permanente por el Estado, donde no se dé
entrada a la participación privada, con el riesgo soberano que eso
supone", apunta Angel Mas.
Al más puro estilo norteamericano, el Gobierno británico quiere entrar
de lleno en el mercado hipotecario, prestando a los ciudadanos hasta una
quinta parte del coste una vivienda nueva –de hasta 600.000 libras- y
garantizando las hipotecas de todos aquellos que necesitan financiar la
mayor parte de la compra. Hasta ahora, el sistema hipotecario del Reino
Unido, a diferencia de Estados Unidos, ha sido un negocio exclusivo del
sector privado.
Fannie Mae nació en la década de los 30 del siglo pasado. Fue Franklin D
Roosevelt quien creó este gigante hipotecario para intentar revivir el
mercado inmobiliario de Estados Unidos. Cuarenta años más tarde, y
siguiendo la misma filosofía, Richard Nixon creaba Freddie Mac. El
rescate de ambas ha costado a los estadounidenses 190.000 millones de
dólares. Una cifra que empequeñece los 45.000 millones de libras
inyectadas al británico Royal Bank of Scotland (RBS), el mayor rescate
bancario de la historia. La puesta en marcha de un modelo similar al
ideado en Estados Unidos despierta muchos temores e incógnitas.
"¿Quién va a proteger al Estado de las pérdidas?", se pregunta Angel
Mas. "Si el Estado asume todos los riesgos, el incentivo de los bancos
para ser prudentes a la hora de conceder hipotecas comienza a
desaparecer. Existe el temor a que pueda repetirse otra subprime si es
el Estado el que garantiza entre el 80% y el 95% del capital de esas
hipotecas. ¿Quién nos protege de los bancos?". En su opinión, es
necesario que exista tensión en el mercado. "Alguien debe asegurar que
los bancos no asuman riesgos innecesarios", añade Angel Mas.
Miedo a una burbuja inmobiliaria
Ésta es la medida estrella, la garantía hipotecaria. Pero el plan de
Osborne se apoya en una segunda pata: que el banco financie hasta el 75%
de la compraventa. El Gobierno aportará un 20% y el particular, apenas
un 5%.
Las dos medidas persiguen el mismo objetivo, que el crédito destinado
hacia el sector inmobiliario vuelva a fluir, ya que en Reino Unido -como
en España aunque por motivos muy diferentes-, los bancos han cerrado a
cal y canto la financiación para la compra de vivienda. La banca
británica todavía está sufriendo la resaca de la última fiesta
crediticia y se muestra muy reacia a prestar tanto a primeros
compradores de vivienda como a aquellos que apenas cuentan con ahorros
para afrontar la operación. Las exigencias de capital, en una vuelta al
pasado, se sitúan en torno al 20% del importe total de la operación. Un
incómodo obstáculo para el 11 de Downing Street.
El miedo a una burbuja inmobiliaria y a una fuerte subida de precios es
palpable. "Está en el aire, pero hay que tener en cuenta que la dinámica
de los precios es muy diferente en cada país. En Reino Unido, por
ejemplo, lo que más influye en ellos es la falta de oferta. Apenas se
construye, lo que, unido a la falta de crédito, podría conseguir a corto
plazo una estabilización o incluso una bajada de precios", explica
Angel Mas.
Sin embargo, el Office for Budget Responsibility, un organismo
independiente encargado de realizar las previsiones de la economía
británica, alerta de la posibilidad de una futura burbuja. No es el
único que lo piensa.
“El mercado inmobiliario británico –lejos todavía de colapsar en medio
de la crisis financiera- es todavía una burbuja que puede estallar en
cualquier momento”, recogía hace unas semanas el Financial Times.
“Mientras que en Estados Unidos los precios han caído un 35% desde los
máximos de 2007, la caída equivalente en Reino Unido se sitúa en la
mitad. De hecho, en algunas zonas, los precios han continuado subiendo”.
La suerte está echada.
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