Aumenta con la crisis el número de contenedores piratas de recogida de ropa usada
Cada español tira al año entre siete y ocho kilos de ropa usada a la
basura, según datos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) y
empresas del sector. Según esas mismas fuentes, cada tonelada se compra
a 350 euros. Todo ello, unido a la crisis, ha convertido este producto
en un dulce para muchos, que ven en su recogida una buena forma de salir
adelante.
Por eso, cada año aumentan en las grandes ciudades el número de
contenedores ilegales de recogida de ropa. Mediante estos grandes cubos,
los llamados “piratas de la ropa” se hacen pasar por organizaciones
benéficas que utilizan las prendas para ayudar a los más necesitados. En
Madrid, el Ayuntamiento retiró 997 contenedores sin licencia en 2011,
una cifra que aumentó hasta los 1.313 el año pasado. La OCU llevó a cabo
en febrero un estudio en el que demostró que 14 de los 16 contenedores
de ropa analizados en la capital eran piratas. Es decir, casi todos.
La forma de actuar de algunos de estos “piratas” es sumamente
organizada. Por ejemplo, en abril la Policía detuvo en Madrid a dos
hombres disfrazados de operarios municipales que colocaban de forma
ilegal contenedores de recogida de ropa y calzado. Además, utilizaban
para desplazarse una furgoneta tuneada con los colores y logotipos
municipales que hasta incluía el anagrama de Medio Ambiente.
Los contenedores que suelen colocar también dan ‘el pego’ en muchas
ocasiones: incluyen el nombre de alguna organización benéfica
inexistente y hasta números de móviles. Sin embargo, cuando se llama a
estos teléfonos es un contestador quien responde o, directamente, se
informa de que el número no existe. Otras veces, el dueño del teléfono
dice no saber nada del ‘negocio’: “Acabo de comprar la tarjeta de este
móvil hace un mes y medio y no sé nada de ropa. Ya me ha llamado mucha
gente por eso, también la Policía”. Estos recogedores de ropa
fraudulentos se exponen a multas de entre 751 y 1.500 euros.
“VIVO DE ESTO. ¿POR QUÉ NEGARLO?”
Javier –nombre ficticio- es uno de esos “piratas de la ropa” que tiene
“varios” contenedores sin licencia instalados en Madrid. “Sí, vivo de
esto. ¿Por qué lo voy a negar?”, explica a El Huffington Post. Javier
suele vender en mercadillos “de Vallecas, de Murcia y de otros muchos
sitios” la ropa que consigue mediante sus cubos. Asegura que, cuando
dispone de mucha cantidad, prefiere venderla al por mayor en “una nave
situada en La Moraleja”, en Madrid. “Pueden decir lo que quieran, pero
la verdad es esta: a mí por un kilo de ropa me pagan 60 céntimos”,
asegura con normalidad.
Javier resalta que los mayores problemas con sus contenedores no los ha
tenido con el Ayuntamiento. “El Ayuntamiento te quita algún contenedor
de vez en cuando, pero son peores los ladrones, que te quitan la ropa
del cubo y lo destrozan todo”, explica, a la vez que quita importancia
al “poco” dinero que gana. “Las que sacan billetes de verdad son las
empresas grandes, que ¿quién sabe lo que hacen con ello?”, subraya.
ONGS Y DUDAS
La pregunta que se hace Javier no es baladí. De hecho, las dudas
sobrevuelan la actividad de algunas empresas y ONG que sí tienen las
licencias municipales de recogida de ropa y que son las perjudicadas por
la actividad de los “piratas”. Humana es una organización benéfica que
es adjudicataria en ciudades como Madrid, Sevilla, Gijón o Vigo. En
total, y según sus cifras, recoge cerca de 18.100 toneladas de ropa
usada al año en sus más de 5.000 contenedores. Aunque muchos pueden
pensar que estas organizaciones donan la ropa usada a los más
necesitados, lo cierto es que en su gran mayoría no es así.
Humana, por ejemplo, vende el 12% de la ropa que recoge en sus tiendas
de segunda mano en España, el 47% se las vende a pequeños comerciantes
de África “a precios bajos”, el 31% se vende a plantas de reciclaje
textil y el 8% restante lo elimina. La ONG destaca que con los fondos
que obtiene financia sus programas de cooperación al desarrollo en
África, Sudamérica y Asia.
A la luz de los datos, la pregunta parece obvia: ¿por qué no se dona
directamente la ropa en lugar de venderla? “También tenemos un programa
de ayuda social que se basa en bonos de ayuda, tarjetas de 30 euros que
los Ayuntamientos y otras entidades colaboradoras entregan a personas en
riesgo de exclusión y que les permite comprar gratis ropa en nuestras
tiendas”, explica Rubén González, portavoz de Humana.
"NO ES PROPOCIONAL"
Esta ONG, sin embargo, recibe también críticas por vender ropa a
pequeños comerciantes en África porque, de esta manera, “se desequilibra
el comercio autóctono y se rompen los mercados de algunos países, sobre
todo si tienen textil”. González argumenta que si donaran directamente
la ropa contribuirían a la formación de mafias y no generarían riqueza.
Otras dudas que genera Humana es que no pertenece a la coordinadora de
ONG para el desarrollo ni a la Asociación Española de Recuperadores de
Economía Social y Solidaria (Aeress). “El problema no está en que se
venda la ropa [casi todas las organizaciones benéficas lo hacen], sino
en qué se hace con el dinero que se obtiene. No es lo mismo que se
destine todo a acción social, parcialmente o nada. Las cifras que da
Humana no cuadran porque su acción social no es proporcional a lo que
manejan”, señala Laura Rubio, presidenta de Aeress.
De acuerdo a las cifras públicas de Humana, en 2011 tuvo unos ingresos
de casi 15 millones y medio de euros. De ellos, tres millones fueron a
parar a “proyectos de cooperación al desarrollo” y 60.970 euros a
“Proyectos de Educación para el Desarrollo en España”. Casi 11 millones
de euros se fueron en “gastos derivados de acciones encaminadas a la
recogida y clasificación de la ropa” y “gastos derivados de acciones
encaminadas a la venta de la ropa”. La ONG argumenta que estas
actividades son “imprescindibles para generar recursos para la
consecución” de su misión.
EL PERJUICIO DE LOS PIRATAS
Al margen de las dudas, las organizaciones benéficas destacan el
perjuicio que les está haciendo la proliferación de los piratas.
“Generan confusión y dudas en la gente. El ciudadano no tiene por qué
distinguir entre unos y otros y acaba por no saber quién lo hace bien y
quien mal”, lamenta Rubio.
En la misma línea apunta González, de Humana: “Los piratas provocan
dudas en el ciudadano porque desconoce la finalidad de la ropa”. La OCU
reconoce que es muy difícil distinguir los contenedores con licencia de
los piratas. Por eso, ha elaborado una lista con los organismos con
licencia en cada ciudad.
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