El BEC acumula en solo nueve años unas pérdidas de 304 millones, costeados con dinero público
Una inversión pública que ha costado cerca de 625 millones (cinco veces
más que el Museo Guggenheim de Bilbao) y que, a fecha de 2012,
contabiliza ya 304 millones de euros de pérdidas contables se puede
catalogar como un negocio ruinoso. Esta es la radiografía simple del
Bilbao Exhibition Center (BEC), la Feria de Muestras más importante de
Euskadi que se encuentra en una situación práctica de quiebra.
La irrupción de internet ha herido de muerte a las Ferias de Muestras al
cambiar drásticamente el modelo de relación entre proveedores y
clientes, que en muchos sectores industriales tenían en las ferias el
escaparate para conocer los últimos avances y cerrar pedidos.
El caso del BEC, ubicado en Barakaldo, es otro ejemplo de dispendio
público en época de bonanza. La excusa fue que la Bienal de la
Máquina-Herramienta, que cada dos años se celebraba en las anteriores
instalaciones de la Feria en Bilbao, ya no cabía en esa recinto y
existía el riesgo de su traslado a otro lugar de España. Las autoridades
vascas (fundamentalmente por el empuje de la Diputación de Bizkaia) se
afanaron en construir rápidamente la nueva instalación en Barakaldo, en
el área metropolitana de Bilbao, y las obras se ejecutaron en apenas
tres años, entre 2001 y 2004.
El proyecto ya nació con vicios. El plan financiero (que recaía en las
espaldas de la administración vasca, a partes iguales entre el Gobierno
Vasco y la Diputación vizcaína) de una obra que entonces se presupuestó
en 390 millones de euros no se presentó hasta diez meses después del
inicio de los trabajos. Algo inaudito para cualquier proyecto y más para
uno de esta envergadura. E incluso, para defender el proyecto, los
gestores aseguraban que tendría un uso más allá del ferial y podría
utilizarse para actividades lúdicas de todo tipo. Tuvieron que esperar a
poner en marcha la Feria para darse cuenta de que solo el coste de
mantenimiento por abrir sus 15 hectáreas de superficie era incompatible
con el uso por la ciudadanía. “Cuesta mucho abrir esta casa, por la
seguridad”, afirmó en febrero de 2007 el hasta hace poco máximo
responsable del BEC, José Miguel Corres.
“Es un superpetrolero que acaba de arrancar y no ha cogido la velocidad
de crucero”, dijo en diciembre de 2006 el diputado general de Bizkaia,
José Luis Bilbao, aun confiado en que las cosas cambiarían. Pero pocos
meses después, en 2007, solo tres años después de su apertura, se
planteó abiertamente la posibilidad de privatizar su gestión con el
encargo de un estudio que daba varias alternativas. Las cuentas no
engañaban. Aquellos cálculos de pingües beneficios, especialmente cada
dos años con la celebración de la Bienal de la Máquina-Herramienta, eran
papel mojado. El primer año completo de funcionamiento, en 2005, el
déficit únicamente de explotación fue de 6,8 millones y en los
siguientes ejercicios, salvo en 2008 con 817.000 euros de beneficios,
los números rojos han sido constantes cada año. Así las pérdidas de
explotación hasta la fecha alcanzan los 31,7 millones de euros, una
cifra que se eleva hasta los 304 millones si se incluye la amortización
de la elevada inversión. O sea que hay 304 millones de pérdidas
contables.
Sin cambio de modelo
¿Y tras constatar en los primeros años que el negocio no era viable ni
para cuadrar las cuentas del día a día, que hicieron los gestores? No ha
habido ningún cambio de modelo ni estrategia de coste, salvo el estudio
de 2007 sobre la privatización que quedó en un cajón. Con la llegada
del PSE al Gobierno Vasco y su entrada en el consejo de Administración
de la Feria de Muestras, se plantearon cambios. El entonces consejero de
Industria Bernabé Unda pidió formalmente en diciembre de 2010 un plan
de reajuste de costes y un nuevo modelo de gestión. Incluso el consejo
puso, tras plantearse varias veces estas peticiones, como fecha límite
de la elaboración de ambos planes para enero de 2012. “Hay que fijar una
fecha de presentación del modelo de negocio que no debe ir más allá de
tres meses”, aseguró en el consejo de administración del BEC del 19 de
diciembre de 2011 el diputado vizcaíno de Promoción Económica, Imanol
Pradales. A día de hoy siguen sin concretarse. La última promesa, en
abril, de la consejera de Desarrollo Económico y Competitividad del
Gobierno Vasco, Arantza Tapia, es elaborar sin fecha concreta un nuevo
modelo de negocio y un plan de choque para recortar en 1,3 millones los
gastos operativos.
El último informe del Tribunal Vasco de Cuentas ha sido demoledor: el
BEC está en situación de asfixia, con graves problemas de tesorería y
con el añadido de que a partir de 2014 tiene que empezar a pagar un
segundo crédito de 150 millones de euros. La única solución, dice el
Tribunal, es que la aportación pública aumente, algo complicado con la
recesión actual y menos defendible con los recortes anunciados. La
actividad de negocio va cayendo en picado y la ocupación actual de la
Feria es solo del 25% anual, incluyendo los días de desmontaje, lo que
supone una caída del 87% en su actividad respecto a 2008. Solo en
intereses, se deben pagar 90,6 millones de euros hasta 2027.
Un callejón con una complicada salida que angustia a los trabajadores.
Cuatro fueron despedidos la pasada semana y, según el comité de empresa,
la dirección amenaza con "una bajada de salarios de entre el 10 y el
15%, un ERE de suspensión y posibles nuevos despidos. "La única solución
para reflotar el BEC", dice el comité, "pasa porque los políticos
asuman su responsabilidad y apliquen una buena gestión". Pues
precisamente eso es lo que no ha ocurrido.
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