si sólo fuera el "capitalismo", pero es que el problema es mucho más extenso y más profundo.. no future.. disfruten lo votado..
Juan Laborda - España, capitalismo de amiguetes
España,
además de un brutal endeudamiento privado y público, que no se va a
poder pagar, presenta otros graves problemas. Uno de ellos ha salido a
la luz recientemente gracias al Banco Central Europeo. Al analizar la
situación de los países que han necesitado ayudas de la Unión Europea,
el regulador concluye que algunos sectores de la economía española no
están abiertos a la competencia, de manera que el ajuste lo están
pagando tanto sus empleados, con salarios menores, como sus clientes,
con precios mayores.
Se trata de una característica intrínseca a la economía española. Si
analizamos la composición del Ibex 35, la situación es para echarse a
llorar. Predominan antiguos monopolios naturales, básicamente empresas
eléctricas, petroleras, y del sector de telecomunicaciones. Junto a
ellos, el sector de la construcción, ligado al BOE, y el bancario,
insolvente. De empresas tecnológicas e industriales abiertas al mundo
global, sectores que realmente exporten aportando e incrementando
nuestro valor añadido, nada de nada.
Pensemos, por ejemplo, en nuestro principal sector exportador, el
automovilístico. El valor añadido que genera es muy pequeño, porque
importan casi todos los componentes necesarios para la fabricación del
coche, de manera que nuestras fábricas se dedican meramente a ensamblar.
La razón es muy sencilla, la mano de obra es cualificada y muy barata,
pero nada más.
Vinculaciones poder empresarial y político
Esta situación se agrava durante una crisis económica sistémica como la
actual. Las élites gerenciales de estos oligopolios están íntimamente
relacionadas con la clase política gobernante, la vinculada a los dos
grandes partidos políticos, estableciéndose relaciones y vinculaciones
de poder bochornosas.
El último escándalo es el intento del actual ejecutivo de unificar en
uno todos los organismos reguladores, después de que una de las
susodichas empresas, del sector de telecomunicaciones, correspondiente a
un antiguo monopolio natural, “ofreciera” al gobierno la propuesta de
unificación, siguiendo un “powerpoint” realizado por una de esas
consultoras que saben de todo pero que no tienen ni idea de nada.
Para que nos hagamos una idea de hasta donde hemos llegado, la
vicepresidenta de la Comisión, Neelie Kroes, envió una carta el pasado
febrero exigiendo cambios a la propuesta legislativa de unificación de
los reguladores. Textualmente Kroes afirmaba “La propuesta legislativa
infringe la letra y el espíritu del derecho europeo en materia de
telecomunicaciones. La Comisión no tendrá más opción que abrir un
procedimiento de infracción si la legislación se adopta sin cambios
sustanciales relativos a la independencia y las funciones del
regulador”.
Otro ejemplo de actuación de las élites fue la colocación de preferentes
por parte de diversas entidades financieras ya nacionalizadas. Las
acciones preferentes se ofrecieron a inversores profesionales que en su
mayoría se negaron a comprar. El gobierno y las élites financieras
decidieron que si el mercado profesional no las compraba, no quedaba más
remedio que venderlas a los ahorradores patrios a través de los bancos
locales, ofreciéndose bajo el calificativo de productos de bajo riesgo.
Mercados oligopolistas y los objetivos de las empresas
De todos modos de qué se sorprende el Banco Central Europeo. Pero, ¿es
que no saben cuáles son las características básicas del actual
capitalismo de amiguetes que rige en la mayoría de economías
capitalistas, y muy especialmente la nuestra?
Adam Smith, padre del liberalismo, afirmaba que el egoísmo llevaría a la
economía al equilibrio y al progreso, pero añadía dos condiciones que
casi siempre tienden a olvidarse. Por un lado, la necesidad de un
mercado libre donde las élites no tuvieran poder, y, donde se evitaran
las situaciones de oligopolio. Por otro lado, como señalaba el propio
Adam Smith, en el corto plazo el egoísmo genera una destrucción que
afecta a la vida de las personas.
Sin embargo, estos conceptos han sido distorsionados, no por accidente,
sino intencionadamente, por parte de las élites gerenciales dominantes,
para acomodar posiciones de conveniencia para determinados grupos. Hoy
en día el neoliberalismo se asocia con la idea opuesta a lo que Adam
Smith defendía. Así surge el intervencionismo del mercado en nombre del
no intervencionismo. En la práctica, el libre mercado, tal como lo
entienden estos grupos de poder, no es otra cosa que intervenir el
mercado por medio de lobbies, comprando voluntades políticas, para que
subsidien a determinados grupos con dinero estatal -véanse, por ejemplo,
los rescates bancarios-. Entonces, puestos a exigir, piden que el
gobierno no interfiera para proteger al ciudadano en situaciones límites
como la actual. Corrompen el gobierno y luego piden un gobierno
pequeño.
La crisis actual, no es más que el producto de un capitalismo
desenfrenado y sin control, donde el concepto de egoísmo de Adam Smith
se ha convertido en una avaricia sin límites que ha impulsado la
aparición de tremendas burbujas económicas, cuyo estallido estamos
sufriendo en nuestras carnes.
En realidad las empresas operan en mercados de competencia imperfecta,
sobre todo en mercados oligopolistas. Para sobrevivir la empresa debe
ser capaz de dominar su entorno, ejerciendo un control sobre la entrada
de empresas rivales, sobre sus proveedores, sobre sus fuentes de
crédito, sobre el futuro de la industria, y sobre la legislación del
gobierno. Para ello hay que disponer de poder, que sólo se consigue con
un gran volumen de negocios y una gran cuota de mercado. Para aumentar
su tamaño y su parte de mercado debe crecer.
Bajo este análisis, los precios no son fijados por el mercado, y son las
empresas quienes fijan los precios, de manera que éstos no vacían en
general los mercados, y no tienen como objetivo igualar oferta y
demanda. En aquellos países, como el nuestro, donde los monopolios
naturales campan a sus anchas, y el poder negociador de los empresarios
en relación a los trabajadores es excesivo, los precios suben y los
salarios bajan, así de sencillo.
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