y el punto más importante: una casta más crecida, porque se han visto impunes..
disfruten lo votado..
Diez secuelas permanentes que nos dejará la crisis
La crisis pasará, porque los ciclos económicos son como dientes de
sierra, pero permanecerán sus secuelas. Nada será como antes: parte de
las ruinas que nos deja la demolición de estos años no son restaurables.
El paisaje económico que nos espera al final del túnel guardará escaso
parecido con el disfrutado hasta el año 2007. Muchos derechos y
conquistas sociales han quedado sepultados y no son recuperables. El
siguiente decálogo pretende describir, sintéticamente, el panorama que
nos espera el día después. No resulta, en ningún caso, alentador. Pero
digamos también -por aquello de colocar una nota de optimismos- que,
pese a los negros augurios dibujados por la razón, la voluntad de un
país puede evitar que se cumplan en todos sus extremos.
1. La crisis redujo el crecimiento potencial de España
Se entiende por crecimiento potencial, condicionado por el factor
demográfico, la productividad laboral y la inversión productiva, la tasa
máxima a la que puede crecer una economía si utiliza todos sus
recursos. Para decirlo en metáfora, el límite de velocidad que podemos
alcanzar. La crisis lo redujo drásticamente. Ya en marzo del 2010, antes
de que la tormenta arreciase, un informe de la OCDE estimaba que España
perdería un 10,6 % de su potencial de crecimiento. Calculaba la
organización que, en promedio para sus desarrollados países miembros, la
pérdida sería del 3,1 %. Entre los miembros del club, únicamente las
previsiones para Irlanda pintaban peor que para España. No conocemos
estimaciones más recientes para el caso español, pero cabe presumir que
el pronóstico ha empeorado. Hace solo unos días, el FMI redujo, por
primera vez en su historia, el potencial de crecimiento de Estados
Unidos a largo plazo: del 3 % al 2 %: eso significa una rebaja del 33 %.
2. La tasa de paro estructural creció 4 puntos
España, al menos desde los ya lejanos tiempos de la Transición, siempre
soportó un elevado volumen de paro estructural. Ni siquiera en los
mejores momentos, cuando las calderas de la actividad económica
funcionaban a toda presión, el nivel de desempleo cayó por debajo del 8 %
de la población activa. El récord corresponde a la antesala de la
crisis, el segundo trimestre del 2007, con una tasa de paro del 7,95 %.
Desde entonces, el Banco de España estima que el «componente estructural
del desempleo» ha crecido cuatro puntos. Esto significa que, aun con la
economía plenamente restablecida, nuestra tasa de paro se moverá en el
entorno del 12 %, varios puntos por encima de la que soportaron nuestros
socios europeos en el peor momento de la crisis. La permanencia de
millones de trabajadores en el paro durante un período prolongado tiene
efectos permanentes. Será la huella más dramática de los destrozos
causados en el mercado laboral por la Gran Recesión.
3. El fin del trabajo permanente
La crisis y los remedios aplicados para combatirla, especialmente la
reforma laboral, han escrito el epitafio del trabajo permanente, y
durante toda la vida, en una misma empresa. Movilidad, precariedad e
inseguridad en el empleo serán los tres rasgos distintivos del mercado
laboral de la poscrisis. El trabajador cambiará de empresa y de
residencia varias veces durante su vida laboral. Los contratos
temporales y a tiempo parcial, incluso por horas, se impondrán a los
contratos indefinidos. Las indemnizaciones por despido, cada vez más
reducidas, facilitarán los ajustes de plantilla y contribuirán a
impulsar la movilidad y la precariedad. La eufemísticamente llamada
flexibilidad se impondrá a la rigidez, por decirlo con los eufemismos en
uso.
4. Salarios más bajos
Las retribuciones que nos esperan a la salida del túnel serán mucho más
bajas que los percibidos en la época dorada. Ya lo son actualmente.
Entre los años 2009 y 2013, los costes laborales de las empresas, de los
que forman parte fundamental los salarios, descendieron un 7 %. La
reducción sabe a poco a la troika. En agosto del año pasado, el FMI
proponía rebajar los sueldos un 10 % más y el Bundesbank alemán,el
pasado febrero, consideraba insuficiente la devaluación salarial en
España. Cabría pensar, no obstante, que una vez reanudado el crecimiento
volverían a recuperarse los niveles de antaño. Pero esa hipótesis debe
descartarse por tres motivos: la persistencia de un ejército de parados
dispuestos a trabajar por sueldos de mera subsistencia, la liquidación
de la negociación colectiva y la vinculación de las subidas salariales a
la productividad, y no al alza de los precios, lo que se traduce en
disminución de los salarios reales.
5. Pensiones decrecientes
La reforma del sistema de pensiones dibuja tres escenarios de futuro: el
de los pensionistas actuales, el de los trabajadores que se acercan a
la edad del retiro y el de los jóvenes y no tan jóvenes que andan en
busca de su primer empleo. Los pensionistas actuales perderán poder
adquisitivo: el Pacto de Toledo les garantizaba incrementos acordes con
la evolución de los precios; la última reforma les garantiza un 0,25 %
de subida anual, es decir, cada vez menos consumo. Los pensionistas del
próximo futuro tendrán ya de inicio pensiones más bajas que sus
predecesores, por haber nacido años más tarde, y después ya se encargará
el IPC de seguir achicándolas. Las pensiones del tercer grupo
simplemente están en el alero: ¿cómo puede cotizar los años requeridos
una persona de 30 años que todavía no ha conseguido un hueco en el
mercado laboral?
6. Jubilación más tardía
Antes de la reforma, la edad de jubilación estaba fijada oficialmente en
65 años y los trabajadores, en la práctica, se retiraban generalmente
varios años antes. Ahora se amplía, escalonadamente, la edad de retiro.
Se acorta el tiempo de disfrute de los veteranos, una vez rematada su
vida laboral, y se retrasa la sustitución por sus hijos. El mundo
empresarial, en principio, cambiará de fisonomía.
7. El ocaso de la sanidad universal y gratuita
Diversas medidas aprobadas durante estos años de crisis esbozan el ocaso
de un modelo de salud que constituía, en palabras de la OMS, la mayor
expresión de justicia social. La generalización del copago farmacéutico,
la reducción de prestaciones y el desmantelamiento y privatización de
determinados servicios constituyen síntomas alarmantes de la
descomposición del sistema. Pero el tumor más grave, porque liquida el
principio de la universalidad plasmado en la Ley General de Sanidad de
1986, se plasma en el decreto ley 16/2012 que suprime el modelo
sanitario de cobertura universal. A partir de esa norma, solo los
trabajadores que coticen y sus beneficiarios tendrán derecho a la
asistencia sanitaria pública y gratuita. Vincular el derecho a la
cotización, y no a la residencia en el país, supone una enorme brecha en
una de las mayores conquistas de la democracia española.
8. La educación privada, en alza
Lo dice un informe de la OCDE: España es, después de Bélgica, el país
europeo con más alumnos en aulas concertadas -colegios privados
subvencionados- o completamente privadas. El caso de la enseñanza
primaria resulta significativo: 32 de cada cien niños españoles estudian
en la escuela pública y en el conjunto de Europa solo 10 de cada cien.
Los conciertos nacieron en los años ochenta del siglo pasado como medida
excepcional y transitoria, porque no existía oferta pública suficiente,
pero se fueron consolidando en décadas sucesivas. El brutal recorte que
se ha aplicado al presupuesto de la educación pública en España en los
últimos años, con el objetivo de reducir el déficit público, hizo el
resto. Como consecuencia, a la salida de la crisis tendremos un sistema
educativo menos público y más claramente privado.
9. Retroceso en la igualdad de oportunidades
En la España que viene será más difícil que los hijos de familia humilde
lleguen a la universidad. El camino hacia la igualdad de oportunidades
se ha interrumpido abruptamente. Las familias adineradas disponen de las
mismas facilidades que antes: el Estado subvenciona, aproximadamente,
un 80 % de cada plaza universitaria. Las menesterosas lo tienen más
difícil: el fuerte incremento de las tasas académicas y la racanería de
las becas levantan nuevos obstáculos en su afán de superación.
10. El país europeo con mayores diferencias
Los españoles nos encontraremos finalmente, el día después del enorme
batacazo sufrido, con el país más desigual de cuantos integran la OCDE.
La crisis ha abierto una sima entre quienes todos lo tienen y los que
casi nada poseen. En ningún otro país de la Unión Europea han crecido
tanto las desigualdades de renta. Cientos de miles de familias, agotadas
las prestaciones y subsdidios por desempleo, sobreviven sin ingresos. Y
la tasa de pobreza infantil es la más alta entre los países europeos.
¿Será también esta una secuela permanente e incurable de la crisis?
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