12 años de cárcel por 186 kilos de droga.. si al que roba un jamón el en Carrefour ya le cae una condena de 7 años, a lo mejor la condena no es tan elevada.. y puede que lo indulten, por ser "empresario del año"..
disfruten lo votado..
Jose Mestre 12 años por 186 k de cocaina
La Audiencia Nacional ha condenado al ex director de Terminal Catalunya
(Tercat) José Mestre a 12 años y un mes de prisión por su "papel
relevante" en la introducción en el Puerto de Barcelona de 186 kilos de
cocaína junto a una organización internacional de narcotraficantes.
Don José, perdone que le moleste. Pero necesitamos que venga a la nave
donde estamos abriendo el contenedor sospechoso. Tenemos un problema con
un empleado de su empresa.
-Sí. ¡Faltaría más! Ahora voy. Estoy en mi despacho, pero tardo unos minutos.
El que atendía tan solícito a la llamada era José Mestre Fernández, de
53 años, director de la terminal de carga de Barcelona y dueño o socio
de un conglomerado de 64 empresas. Y quien estaba al otro lado del
teléfono era uno de los inspectores de la Brigada Central de
Estupefacientes. Poco antes, los policías habían requerido la ayuda de
Mestre para que les facilitara un local en el que abrir un contenedor de
chatarra llegado de Panamá en la madrugada del pasado 22 de junio. Los
agentes tenían la firme sospecha de que el contenedor llevaba algo más
que hierros viejos: un cargamento de cocaína.
Cuando se descubrió la relación de Mestre con unos narcos, "saltaron todas las alarmas", dice un mando policial
El acaudalado empresario se reunió tres veces en un hotel con un mexicano, supuesto proveedor de la droga
Un mala fortuna
-Inspector, ¿qué sucede? ¿Con cuál de mis empleados tienen un problema?
-El problema es usted. Tenemos que detenerle. Mire lo que hay dentro de
ese contenedor. Es cocaína. Y poseemos indicios para creer que usted
tiene relación con una organización de traficantes.
-Voy a llamar a...
El policía no dejó terminar la frase a Mestre. Acto seguido le rogó que
pusiera sus manos a la espalda para esposarle. Al sentir el frío metal
en sus muñecas, el rico y poderoso empresario hizo un mohín de disgusto,
pero se dejó llevar mansamente hasta el coche patrulla. Él, que tenía
como amigos a personas del más alto nivel, se veía en esta situación por
culpa de las 10 bolsas de deporte cargadas con 202 kilos de cocaína
ocultas entre la chatarra. Él, que el pasado 25 de mayo había recibido
de manos del presidente de la Generalitat, José Montilla, el premio que
le acredita como "mejor empresario nacional del año" en el sector de
logística.
El arresto de Mestre y 14 personas más era el punto final de la
Operación Guadaña, una compleja investigación iniciada en agosto de 2009
por el Grupo 42º de la Brigada de Estupefacientes y el Grupo de
Respuesta Especial al Crimen Organizado de Galicia (GRECO). Desde
entonces, el caso estuvo bajo la supervisión del juez Fernando Andreu,
de la Audiencia Nacional.
El hilo inicial de las pesquisas fue Higinio Alonso Agudo, de 72 años,
dueño de un entramado empresarial del que forma parte Chatarras Cano,
una firma dedicada a la comercialización de metales y chatarrería. Sin
embargo, los policías sospechaban que esa empresa era una tapadera de
otro tipo de actividades delictivas, contando para ello con un almacén
alquilado en Campo Real, a 20 kilómetros de Madrid.
Siguiendo el rastro de Alonso, que tiempo atrás había sido detenido en
Holanda por narcotráfico, los investigadores detectaron al colombiano
Olmer Valencia Tabares, de 52 años. Este ex torero, residente en Madrid,
supuestamente servía de enlace con un grupo de suministradores de droga
presuntamente liderados por Héctor Murillo Rivera, un mexicano de 42
años.
El pasado enero, Valencia viajó a Panamá y se reunió con Murillo para
perfilar la puesta en marcha de un negocio conjunto, según la policía.
Dos meses después sería Murillo quien se desplazara a España para
comprobar la infraestructura logística, de transporte, almacenaje y
distribución de la mercancía. Y fue entonces, a mediados de marzo,
cuando saltó la sorpresa: los agentes antidroga vieron cómo el tal
Murillo se reunía en la terraza de un hotel de Barcelona con un hombre
trajeado, que resultó ser José Mestre. Nada más y nada menos.
Parecía increíble que alguien de su estatus tuviera amistades tan
peligrosas. Pero el encuentro entre Murillo y Mestre había sido vigilado
y fotografiado por los agentes. Y estos no tenían la menor duda de que
aquel hombre era quien era: el dueño de un imperio empresarial y de una
espléndida mansión en el barrio de Pedralbes, amante de las obras de
arte -seis cuadros de Miró, cuatro de Picasso, un Nonell y un Tàpies
colgaban en las paredes junto a fotos con el Rey- y coleccionista de
Rolls Royce, Porsche Cayenne, Mercedes SLR McLaren y otros coches de
lujo. "Nos saltaron todas las alarmas", dice el inspector que lleva el
caso.
En fechas sucesivas, Murillo y Mestre fueron observados en dos ocasiones
más conversando en la terraza del hotel, tras lo cual ambos se
intercambiaron varios correos electrónicos misteriosos y aparentemente
incomprensibles. Cuando las indagaciones estaban en su punto álgido, los
policías se quedaron pasmados al saber que Mestre iba a ser galardonado
como "mejor empresario nacional" por su labor al frente de Tercat,
debido a que esta empresa "se ha posicionado como una de las compañías
impulsoras de la competitividad y optimización de sistemas portuarios en
el Mediterráneo y a nivel mundial", según una nota de prensa.
Los pinchazos sobre los teléfonos de los sospechosos convencieron a los
policías de que los narcos estaban al rojo vivo. Y, pese a que hablaban
en clave, más de una vez se referían a alguien al que apodaban El Don,
el apelativo que suelen usar los mafiosos para referirse al jefe de una
familia.
El grupo criminal hizo llegar a Barcelona dos contenedores de chatarra
para probar si el engranaje funcionaba correctamente. Y funcionó: la
ruta era la adecuada, y las empresas importadora y exportadora estaban
aparentemente fuera de toda sospecha. O, al menos, así lo creían los
narcos a la vista de que la mercancía salió del puerto sin el menor
contratiempo.
A la vista del éxito, los traficantes enviaron desde Panamá otros dos
contenedores de chatarra, pero uno de ellos con 202 kilos de cocaína en
sus tripas. A las pocas horas de que el cargamento llegase a Barcelona,
la policía desbarató todo el entramado con un golpe de guadaña. Punto
final a la Operación Guadaña.
Fuentes policiales señalan que en los recintos aduaneros se revisa la
documentación de cada uno de los contenedores que llega al puerto, pero
admiten que es imposible inspeccionar uno a uno. De ahí la extrema
dificultad de impedir la entrada de droga por este conducto. En esta
ocasión, los responsables de la investigación destacan que no solo han
interceptado un importante alijo de cocaína que al por menor habría
logrado un valor de 12 millones de euros, sino que han conseguido "el
desmantelamiento de una compleja organización que operaba entre España y
América".
Entre los 15 detenidos en la redada está Daniel Martín Cabrera, de 38
años, una especie de secretario o recadero privado de Mestre, que
llevaba encima cinco teléfonos móviles. Uno de ellos, con una pegatina
con la inscripción El Don y que únicamente usaba para comunicarse con su
jefe.
Al registrar la casa del acaudalado empresario, dotada de cámaras y
equipos de seguridad, los agentes no hallaron nada sospechoso, aunque
comprobaron que guardaba 60.000 euros en billetes de 500 y de 100 . "Es
para los gastos corrientes", explicó. Y fue lo único que dijo porque se
negó a declarar ante la policía en presencia de su abogado, José María
Cánovas Delgado. Después, el juez le envió a la cárcel. Por ahora, ha
cambiado su lujosa residencia por una diminuta celda de la Modelo de
Barcelona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario