resumen: el Gobierno no tiene dinero, así que para mantener las apariencias se destinará el dinero a cosas más vistosas..
disfruten lo votado..
Hacienda echa el freno al AVE y pone bajo la lupa las emisiones de bonos de Adif
Las nuevas líneas de Alta Velocidad que el Gobierno quiere poner en
marcha antes de las próximas elecciones tendrán que ir con el freno de
mano echado porque el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, no está
dispuesto a conceder ni una sola alegría inversora a los responsables de
Adif. La reciente emisión de bonos lanzada por el gestor de la red
ferroviaria ha resultado todo un éxito en los mercados de capitales,
pero los guardianes de las cuentas públicas han apagado rápidamente la
euforia recordando que los 1.000 millones obtenidos deben destinarse,
antes que nada, a reducir la multimillonaria deuda que contabiliza la
empresa dependiente del Ministerio de Fomento.
Ana Pastor, como titular del principal departamento inversor del Estado,
ha vuelto a toparse con su némesis particular, dentro de un toma y daca
que empieza a ser habitual en las relaciones entre Hacienda y Fomento.
La ministra se las prometía muy felices con la renovada capacidad
financiera de Adif, que ya prepara una segunda emisión de bonos por
importe equivalente para finales de año. El problema es que el
administrador de la infraestructura tiene su balance hipotecado con una
carga de más de 13.000 millones de euros, de los que 1.400 vencen a lo
largo de 2014.
Adif necesita poner en marcha todavía nuevas inversiones por valor de
2.600 millones con el fin de completar el stock de 14.000 millones que
han sido acumulados a lo largo de los últimos tiempos en obras del AVE
sin finalizar. No conviene olvidar que durante la era de la abundancia,
en el cuatrienio que va desde 2008 a 2011, la empresa tiró materialmente
la casa por la ventana con una fiebre inversora del orden de 5.000
millones cada año. Las cañas se tornaron lanzas con la crisis y Hacienda
ha decidido ahora intensificar los controles no vaya a ser que la nueva
etapa de recuperación sirva de argumento para volver a las andadas.
Por fortuna para Adif, su presidente, Gonzalo Ferre, procede del cuerpo
de interventores del Estado y entiende perfectamente cómo se las gastan
los compañeros del fisco. De ahí que la compañía integrada en el grupo
ministerial de Fomento se haya convertido en una especia de búnker ante
las presiones recurrentes de las grandes constructoras que tratan de
aprovechar la Alta Velocidad para acelerar sus deteriorados niveles de
facturación en España. Las inversiones de Adif representan el último
clavo ardiendo para los antiguos reyes del ladrillo hispánico y la
irrupción de Montoro con su afilada tijera ha supuesto un jarro de agua
fría para los beneficiarios habituales de la contrata pública.
Los escándalos suscitados por los multimillonarios sobrecostes de las
antiguas obras del AVE a Barcelona han acentuado el celo de Hacienda a
la hora de vigilar con lupa las futuras inversiones. El Tribunal de
Cuentas acaba de responder favorablemente al desafío del Parlamento y
está decidido a investigar el historial de gasto de Adif con el fin de
encontrar pruebas que evidencian el sospechoso despilfarro generado en
la red ferroviaria española. El cerco se ha estrechado de manera
alarmante para los actuales responsables de la compañía estatal que
están obligados a equilibrar sus programas de expansión sin poner en
riesgo el más esmerado saneamiento del balance.
Nuevos tramos regionales de AVE
Adif ha recortado significativamente los compromisos de nuevas
inversiones que había heredado de la anterior legislatura y que
alcanzaban un importe descomunal de 29.000 millones de euros. Dicha
cifra se ha rebajado a un mínimo de 5.000 millones dada la nueva
prioridad de reducción de deuda. La consecuencia no puede ser otra que
la limitación operativa de los nuevos AVE que Ana Pastor quiere
inaugurar de aquí a finales de 2015. Las líneas de Madrid a León,
Zamora, Murcia y Granada estarán listas en la fecha prevista pero los
trenes circularán a una velocidad estimada de 200 kilómetros por hora
frente a los 350 que habían sido inicialmente programados.
En materia de Alta Velocidad, lo mejor se ha demostrado enemigo de lo
bueno. Todo ello sin entrar a valorar la rentabilidad efectiva de estos
nuevos tramos regionales, que satisfacen el instinto electoral de los
políticos, pero que no siempre garantizan un margen razonable de negocio
para el operador. De ahí las sombras de duda que han empezado a planear
sobre la liberalización del transporte ferroviario de viajeros
decretada por el Gobierno y que los observadores más suspicaces
consideran como ‘un brindis al sol’ dado el escaso atractivo del
proyecto.
El único y limitado título habilitante del corredor de Levante no parece
‘zanahoria’ suficiente para justificar el ‘palo’ que los eventuales
licenciatarios deberán afrontar si quieren superar la competencia de
Renfe, además de sufragar el obligado y oneroso canon de Adif. El pliego
de condiciones del preceptivo concurso está siendo elaborado estos días
en la Secretaría General de Transportes, que dirige Carmen Librero. Los
detalles técnicos no se conocerán hasta después del verano y entonces
se verá quiénes son los valientes que se atreven verdaderamente a
subirse al AVE.
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